Aprende cómo poner límites y dejar de hacer siempre lo que tu pareja quiere

Especialistas aconsejan tomar las riendas, animarse a negociar y, sobre todo, empoderarse.

Por Francisca Vargas V.
Sa. 23 de febrero de 2013, 07:00
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Ella viste jeans, chaqueta de cuero y tiene el pelo largo. Él va de negro y conduce su moto a alta velocidad. En el peaje ella intenta arreglar su cabello, pero no tiene tiempo, así que vuelve a aferrarse a él. Se ve incómoda e insegura, pero entregada a su travesía aún cuando tiene frío y no le gustan las motos.

La escena de carretera es sólo un ejemplo de historias de mujeres enamoradas que sin mucho cuestionamiento, se acomodan a los gustos de su pareja. Es un caso particular, pero se puede extrapolar a miles de situaciones que incomodan y, sin embargo, se aceptan en pro de compartir y estar bien con la pareja.

Pero, ¿qué sucede con una persona que por amor cede sin negociar ni poner límites? "En general lo hacen aquellas mujeres con graves problemas de autoestima e inseguridad, que han tenido episodios de violencia intrafamiliar, abandono y traumas infantiles", explica la terapeuta sexual María Inés Zavala (mizavalal@gmail.com).

Incluso -agrega- se ha estudiado que esa actitud tiene una directa relación con las propias vivencias de apego desde la etapa del embarazo hasta los 5 años, que serán dañinas si ha faltado el amor y la protección materna y/o paterna.

De esta manera, al haber vivido etapas de inseguridad en su vida, las mujeres que no ponen límites son personas a las que les cuesta opinar, y consideran que es mejor o más seguro para ellas seguir con las ideas de la pareja sin cuestionar.

En la misma línea están las mujeres que tienen una marcada diferencia de edad con sus parejas. "Si él es una persona  mayor, ella admirará y confiará plenamente en él, aceptando sin cuestionamiento sus ideas", añade Zavala.

Por su parte, la psicóloga Mónica Covarrubias (centromenteysalud@gmail.com) agrega que otra causa para no poner límites está en el deseo oculto de ser como él y pertenecer a su mundo, familia y amigos.

"Muchas veces seguimos a nuestras parejas en todas sus ideas, porque deseamos hacer propias características de él. Por ejemplo, podemos admirar su sentido del humor, extroversión, valentía, decisión, inteligencia y, de alguna forma, al estar con él nos sentimos con esas características y plenas", explica.

La especialista añade que esa "admiración" podría llevar a validar cualquier decisión que él tome y ellas tienden a mimetizarse con su forma de ser, lo que resulta preocupante.

El no poner límites también se puede deber a haber tenido relaciones traumáticas anteriores, donde la mujer ha sido descalificada, volviéndose insegura al enfrentar una nueva relación.

"Si mi ex-pareja me dijo que soy poco atractiva, aburrida, floja, sexualmente insatisfactoria, me puede llevar a que en una nueva relación acepte lo que él me diga, con tal de no ser descalificada nuevamente", ejemplifica Covarrubias.

¿Quiénes son ellas?

Las mujeres que no ponen o les cuesta poner límites a sus parejas son aquellas que cultivan "amores ciegos", que transgreden valores y principios, y que se aceptan sin ver la realidad de su dinámica de relación.

"Anulan su propia personalidad y ése es un tipo de relación que puede transformarse en una bola de nieve, ya que automáticamente puedes entrar en dinámicas de dominio y sumisión con consecuencias insospechadas", alerta María Inés Zavala.

Algo así como geishas sometidas a samuráis, según la especialista. Entonces, como se anulan les cuesta tomar decisiones o simplemente no las toman; tienen baja autoestima, problemas relacionales en los trabajos, dificultades para mantener amistades. Asimismo, no tienen opinión propia, viven vidas ajenas, son sumisas y no se conocen.

"Son mujeres que no se han informado ni actualizado respecto al rol de la mujer en pareja en la actualidad. Hay un no darse cuenta de que se es un ser único e irrepetible, con un papel que jugar dentro de la sociedad y en la relación", específica Zavala.

En tanto, para Mónica Covarrubias son personas que aprendieron que el amor es ilimitado. "Creen que tienen que soportarlo todo y vivir la relación con autosacrificio, resignación y abnegación, algo así que para amar es necesario dejar de ser uno mismo", sostiene.

La psicóloga plantea que pueden distinguirse tres tipos de mujeres que dan paso a estas relaciones asimétricas:

1.- Las que adoptan el rol de amantes-amadas, queridas y deseadas, que se dedican a complacer a su pareja.

2.- Las mujeres-madres, que tienden a relacionarse con hombres débiles, fracasados, que necesitan ayuda para surgir y eso las hacen sentir necesarias, dependientes, pero donde ellas soterradamente llevan el control.

3.- Las mujeres-empleadas, que establecen una relación basada en las cuentas y el aseo, tratan de hacer su mejor esfuerzo en los quehaceres del hogar y administran los recursos económicos en forma eficiente. Su estrategia es la complacencia.

¿Cómo cambiar y liberarse?

"El límite lo define tu dignidad, integridad y felicidad", sostiene Mónica Covarrubias.

Por eso, no se trata de ser tolerante ni ponerle límites a la pareja, sino que -como propone María Inés Zavala- ser condescendiente, lo que implica llevar a cabo un acto de negociación, que es la típica situación de perder-ganar con un propósito superior. Pero sobre todo -advierte- una mujer debe empoderarse.

"Tomar uno las riendas y atreverte a decidir aún cuando te equivoques, asumes las consecuencias y la vida te irá enseñando a superar las dificultades. Siempre hay que recordar que los problemas y las enfermedades son instancias de crecimiento", anima.

En este sentido, la psicóloga aconseja trabajar el miedo a no ser amadas y salirse de los estados de resignación, masoquismo y de la comodidad, que se reducen a las frases del estilo "si mi pareja no me quiere nadie lo hará" o "esta es la vida que me tocó".

Asimismo, recomienda tener un espacio para el conocimiento personal, que  permita tener conciencia de sus virtudes, defectos, ideales, intereses y objetivos en la vida; participar en una vida familiar y de amigos en forma activa; aprender de la experiencia y sanar los traumas, y si es necesario, asistir a una psicoterapia individual y de pareja, cuando ya se es consciente que la relación es disfuncional y no se sabe cómo repararla.

Esto, porque el amor de pareja -sintetiza Covarrubias- se basa en la solidaridad, ayudar en momentos difíciles, compartir responsabilidades y reciprocidad, donde cada uno dispone de su espacio y de su tiempo, y donde se respeta la autonomía, libertad e independencia de ambos.