Fabienne Nazarian: La mujer que corrió la Maratón del Desierto (250 k)

Francesa de nacimiento, avecindada en Chile desde hace 12 años, dueña de la tienda Olivades, obtuvo el 377 lugar en la maratón del Sultán, la prueba más extrema del mundo para los corredores. “Es una experiencia de vida”, asegura.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 30 de mayo de 2013, 08:17
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Es por lejos una mujer de armas tomar. De padre armenio y madre italiana, nunca ha tenido temor de adaptarse a nuevas culturas y enfrentar grandes desafíos.

Por eso, no es de extrañar que en abril pasado se sometiera a las difíciles condiciones del desierto del Sahara y corriera –en nombre de Chile- la Maratón del Sultán, una carrera de 250 kilómetros en 6 días.

Si bien es francesa, Fabienne Nazarian (40) fue la única mujer salida de nuestras tierras que cruzó cada ‘check point’ con la bandera chilena en sus manos y una tremenda mochila de 12 kilos en la que cargaba todo el alimento y agua necesarios para la travesía. De hecho, las reglas obligan a salir con 3 mil calorías mínimo por día, pero multiplicado por seis.

Nacida en la Provenza, partió adolescente a visitar a una tía en Singapur y logró quedarse algunos meses. Sus padres la conminaron a regresar, pero apenas tuvo la edad suficiente, tomó las maletas de nuevo y se dirigió a México, primero, Brasil y finalmente Chile, donde aterrizó hace 12 años.

Sin ningún plan concreto, logró que le dieran una plaza en la Viña Barón Philippe de Rothschild, donde se sumergió en el mundo del vino y conoció a su esposo, el enólogo Pascal Marty. Aunque dejó el rubro, se mantiene vinculado a él porque su marido ensambló un tinto con su nombre “Clos de Fa” que produce todos los años, entre regata y regata.

Fabienne, en cambio, entre maratón y maratón, atiende personalmente la tienda de decoración que creó hace 6 años, Olivades, un mundo de telas naturales donde el algodón, el lino y la seda se imponen entre diseños florales o pasteles.

-¿Qué te trajo a Chile?
“Llegué con un novio que por su trabajo tuvo esas destinaciones. En Chile nos separamos y decidí quedarme”.

-¿En un país al sur del mundo?
“No quise sumar a mi fracaso personal uno profesional. Siempre quise vivir fuera de Francia, porque he querido sentirme en minoría y aprender de las personas. Además de tener un trabajo en ese momento, quería descubrir este país”.

-Con los años y periplos, ¿qué te mantiene atada a tus raíces, que son bien variopintas?
“Francia es mi país, me encanta, pero me reconozco más de Armenia e Italia. Ambos son países que se parecen, tienen una cultura de familia, una comida vinculada al Mediterráneo.
“Voy a visitar a mi familia siempre; crecí en Marsella y por eso, todo lo que tengo en Olivades lo traigo del sur del Francia. Entre mis costumbres está cocinar, recibir a la gente, comer queso y tomar aperitivo. Mi abuela era chef y siciliana por lo que me encanta preparar platos –mis amigos dicen que lo hago bien- de todo tipo, incluso chilenos como el pastel de jaiba y de choclo”.

Fabienne asegura que su deseo de traer algo de sus raíces la impulsaron a abrir su tienda, además de tener las ganas de independizarse. “En vez de traer cosas de China, preferí algo más exclusivo. Me gusta lo provenzal, romántico, en tonos neutros y hoy, moderno”.

-Tu tienda tiene un sello, pero ¿puedes definir tu estilo?
“Me gustan los textiles naturales, y soy minimalista. No me gustan las casas muy recargadas, ir poniendo las cosas de a poco cuando significan algo. En lo provenzal puedes mezclar tonos neutros, con algo fuerte”.

-En medio de esto, tienes otra pasión. ¿Por qué decidiste comenzar a correr?
“Es que me gustan los desafíos. De joven trotaba un poco en la playa Marsella, pero con los años empecé a correr más y enfrentar más desafíos. Pasé de 10 k a 21 k y después la maratón y la carrera de montaña, hasta llegar al desierto”.

En su registro están las maratones (42 k) de Montreal, Santiago (varias veces), Du Medoc y estuvo inscrita en Nueva York, pero se lesionó días antes de partir. También ha hecho la carrera de 70 k en Licanray y la reciente “The Sultan Marathon des Sables” conocida como el Dakar de los corredores.

Fabienne fue una de los 1.200 competidores de esta maratón por el desierto, en donde sólo un 16% son mujeres y en la cual llegó en el lugar 377. Para eso, llegó a entrenar hasta 180 km en la semana (el promedio fueron 90 km).

-¿Qué te llevó a la maratón del desierto?
“Otro desafío. Es verdad que es una de las carreras más duras del mundo por las condiciones en que te encuentras; tienes temperaturas de 50 grados y debes llevar todo para tu supervivencia. Todos los días corres diferentes distancias –etapas de 30, 31 o 75 la más larga- y debes ir pasando los puestos.
“Más que una carrera es una experiencia de vida. No sé, a lo mejor los profesionales la ven como una carrera, porque tienen que ganar, pero para mí fue una experiencia de vida, pasa todo muy rápido, pero es maravilloso”.

-Llegar 377 no es un mal lugar.
“Nooo, para nada; estoy contenta y eso que me deshidraté, tuve que ser ingresada en una clínica de campaña e hice una etapa muy larga porque estaba muy cansada. De hecho, llegué a mi carpa a las 4 de la madrugada, después de correr 18 horas, cuando todos mis compañeros dormían y fue emocionante ver que se levantaron para abrazarme y felicitarme. Nunca pensé que iba a aguantar”.

-¿Estuviste en peligro?
“Nunca, sí me deshidraté y tuvieron que ponerme suero. Yo acepté apoyo médico que te resta puntos, te penalizan, por lo que el médico se dio cuenta que yo no iba a hacer ni una tontera y me dejó salir al día siguiente.
“No hay muertes porque la organización es exigente, pero sí abandonaron muchos por problemas al corazón o deshidratación. La líder de las mujeres era una francesa y la tuvieron que sacar en helicóptero. Puede llegar a ser muy peligroso si uno no se cuida, aunque hay 150 médicos, dos helicópteros.
“Yo fui a pasarlo bien, a disfrutarlo y a terminar la maratón. Nunca pensé en abandonar”.

-¿Repetirías la experiencia?
“En unos años más sí, ¿por qué no?”.

-¿Qué te impulsa a correr estas maratones?
“Tener la fuerza mental de superar lo imposible. Cuando uno está cansado y no puede más no son las piernas las que te llevan a la meta, es la cabeza. Para eso hay que tener cierta capacidad de concentración y la fuerza de la mente, porque es una prueba solitaria. Lo que busco en estas carreras es lograr una fuerza más allá de lo normal; no es lo físico”.

-¿Qué queda después de 250 k?
“Esa es la pregunta… no sé. (Se ríe) En septiembre voy a correr una de 100 k en las colinas de Francia, pero es en un día. Ese será otro desafío.
“También estoy pensando en el Atacama Crossing, pero creo que voy a ir a la de 250 k en Costa Rica”.

-¿Por qué corriste con la bandera chilena?
“Mis amigos son chilenos, la gente que me apoyó también, el que me entrenó. Vivo aquí hace 12 años, tengo mi casa acá y lo natural era representar el país que me adoptó. Mi marido no me pudo acompañar porque la maratón cayó justo en la vendimia, pero todos me siguieron por internet”.