Qué fue del "Mocho" Gómez, el chileno de las "maldiciones"... Perdió dos finales de Libertadores y una de Copa América

El zaguero fue pilar de Cobreloa en los años ochenta. Era de movimientos elegantes, pero no dudaba a la hora de meter la pierna. Ivo Basay lo comparó con Elías Figueroa.

07 de Abril de 2020 | 19:00 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol

Jugando contra Colombia por Chile.

El Mercurio
Eduardo Gómez llegó y se fue del fútbol sin ruido mediático, pero pocas trayectorias pueden compararse con la suya. Fue multicampeón con el poderoso Cobreloa de los años ochenta y estuvo a punto de conquistar tanto la Libertadores como la Copa América.


Era un central elegante, que salía jugando en vez de reventarla y con muy buena lectura para anticipar. Esa fiereza que mostraba en los cruces contrasta con la afabilidad del día a día. A veces hasta cuesta pensar que a este hombre de talante tímido lo llegasen a comparar con Elías Figueroa.

Del barrio al estrellato


Gómez se curtió en la población Villalón de Ovalle. Vivía en una casa de dos pisos que se hacía chica para una familia numerosa. Tenían que dormir de a dos por cama y en el patio criaban gallinas y conejos para poder comer. Subsistir era una tarea dura.

"Mi papá era ferroviario, y no tenía tan mal sueldo, pero éramos once hermanos. La mamá costureaba también y había otra entrada. Cuando éramos chicos, fue difícil, pero teníamos unos papás que eran muy trabajadores, ellos querían que sus hijos lucharan, que perseveraran", le cuenta a Emol.

La rutina era la misma todas las tardes. Llegaba del colegio y se iba a levantar polvo en las lomas de la población corriendo tras una pelota de trapo. En esas aventuras infantiles se ganó el apodo que lo acompaña hasta hoy. Su hermana lo llevó a le que le cortaran el pelo y pidió que lo dejaran "Mocho mocho". Pero al peluquero se le pasó la mano y quedó casi pelado.

"Pecamos un poco de inocentes en la final con Peñarol

Eduardo Gómez

A medida que fue creciendo, se dio cuenta que el fútbol lo podía ayudar a salir de la pobreza. Pese a descender con Ovalle, Eduardo se destacó en Primera B y partió a Cobreloa, que -con el respaldo de Codelco- irrumpió como una potente ráfaga de viento en los '70s. Su hermano Rubén, que ya jugaba en Calama, lo recomendó.

Llegó más como un proyecto que como un futbolista de impacto inmediato. No gozó de muchos minutos mientras estuvo Andrés Prieto en el banco y con la llegada de Vicente Cantatore se fue a Arica. "Él me dijo que me iba a ir a préstamo y que el otro año volvía al plantel, porque no me conocía y me vio ese período antes de irme", comenta.

En la Puerta Norte de Chile Gómez se llenó de confianza y Cantatore le cumplió lo prometido, aunque lo hizo pasar del mediocampo a la zaga central. Un año le tomó ser titular. Tras la lesión de Eduardo Jiménez, formó una dupla de hierro con Mario Soto en 1982.

Esa temporada Cobreloa ganó la liga local y volvió a deslumbrar al continente. El 81’ había llegado a la final de la Libertadores, pero la magia de Zico le impidió coronarse. Un año después tenía otra oportunidad ante Peñarol. Tras el 0-0 en Montevideo, el Nacional era un hervidero que esperaba explotar de alegría y teñir de naranja la noche del 30 de noviembre. Sin embargo, nada de eso ocurriría. Apareció el goleador Fernando Morena a los 89’ para recordarle a Chile que la Libertadores seguía siendo esa Copa que se miraba y no se tocaba.

"Culminar todo lo grande y lo lindo que se hizo en esos años con la obtención de una Libertadores hubiese sido maravilloso. Era un partido para terminar en empate. Nosotros pecamos un poco de inocentes, era muy difícil entrarle a los uruguayos. Si bien no dejábamos de perseverar en ir a buscarlo, ellos ya tenían mucha confianza en su trabajo defensivo y tenían grandes jugadores arriba. Nos descuidamos y un contragolpe fue fatal", recuerda el "Mocho".

El ovallino mantuvo su gran nivel. En 1985 consiguió un nuevo título nacional y lo escogieron como el jugador del Campeonato. Dice que hubo una negociación con Estudiantes de La Plata y que un empresario argentino de apellido Ruborotta ofreció llevarlo a Europa. Sin embargo, Cobreloa no quiso largarlo.

Posando para la cámara en un partido de la Roja. (El Mercurio)

A esas alturas, Gómez se había ganado un lugar en la selección chilena. Fue de los pocos rescatables en la clasificatoria al Mundial de México y el 87’ alcanzó la final de la Copa América contra Uruguay. Una nueva oportunidad de consagrarse a nivel internacional, pero se fue expulsado a los quince minutos y los charrúas ganaron 1-0.

"Ese era un equipo de mucho fútbol, guapo también. Quizá nos excedimos en la final. Las ansias de querer lograr el título nos llevó a equivocarnos, por lo menos a mí me pasó eso. Yo quise agarrar a (Enzo) Francescoli con pelota y él le sacó mucho partido. Me excedí, no lo medí, no lo manejé bien en ese momento" expresa.

Las lesiones y el retiro


El "Mocho" sumó otro campeonato con Cobreloa en 1988, pero el físico le comenzó a pasar la cuenta. Le tuvieron que armar la rodilla de nuevo y luego sufrió la rotura del tendón de Aquiles. Para empeorar aún más la situación, los dirigentes del elenco minero le dijeron que no lo necesitaban más.

Disputando un balón aéreo contra Colo Colo (El Mercurio).

Mientras se recuperaba, Universidad de Chile le ofreció contrato en 1991. Iba todos los noches a un gimnasio para ponerse a punto, sin embargo, nada resultó como él esperaba y reconoce que hasta le daba vergüenza cobrar todos los meses.

"Hice la mejor pretemporada, porque venía la Copa América y quería pelear la posibilidad de estar ahí. Al final terminé retirándome ese año. Tratamos de ponernos a la altura, pero lamentablemente tuve otras lesiones", declara.

"Me sentí obligado por mí mismo a retirarme en la U"

"Mocho" Gómez

Partió de vuelta a su terruño. Allá tenía una parcela con su hermano Rubén y se "entretuvo" desinfectando uvas. Pensaba que el retiro sería definitivo, pero empezó a jugar con equipos de amigos. Otra vez se sintió fuerte y la pelota le seguía tirando. Un día, se enteró que lo querían en La Serena y no dudó. Estuvo tres campañas con los granates antes de volver a Ovalle. Dejó definitivamente la actividad en 2002, con más de 40 años y habiendo anotado goles en cuatro décadas distintas.

"Volví a jugar porque no me gustó como tuve que retirarme, me sentí obligado por mí mismo. Lo disfruté mucho. En Ovalle fue muy lindo jugar tanto tiempo y hacerlo contra jóvenes de 20 años sin desentonar, pese a que era complicado en lo económico. Había que luchar por conseguir los sueldos cada mes", relata el zaguero.

La comparación con Elías

"Fue el mejor jugador que dirigí", dijo Vicente Cantatore. "Era uno de los mejores defensas que vi en mi vida. Sabía todo lo que hay que saber", agregó su compañero Marcelo Trobianni. Ivo Basay fue más allá: "Elías Figueroa y el 'Mocho' Gómez fueron los dos mejores centrales que me tocó ver".

El ex Cobreloa se ríe al escuchar esto y agradece las loas, pero para él no hubo nadie como Figueroa.

"Él está por sobre todos los centrales de Chile. Fue uno de los mejores del mundo, sin duda. Después me gustó mucho Alberto Quintano y Gary Medel ha andado muy bien como líbero. Solvente, sólido, manejando la defensa con mucha tranquilidad. Toda la vida en Chile han salido grandes centrales: Mario Soto, René Valenzuela, el Flaco Garrido, Fernando Astengo", opina.

Gómez vive tranquilo en Ovalle. Sigue ligado al fútbol haciendo talleres para niños en riesgo social. En la ciudad todo el mundo lo saluda en el centro y hasta se propuso que el estadio llevase su nombre.

De vez en cuando, sin vanidad ni narcisismo, le gusta repasar imágenes del pasado y pensar en lo que fue.
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