Codazos, "vergüenza nacional" y tres jugadores a la cárcel: La trama del partido más violento de la historia y que arbitró un chileno

Estudiantes de La Plata y Milán se enfrentaron en La Bombonera.

02 de Agosto de 2020 | 17:00 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol
Archivo El Gráfico
Partidos violentos en la historia del fútbol ha habido muchos. Se habla del Chile-Italia del Mundial del '62, de un duelo de Libertadores que acabó con 17 detenidos o de la "Batalla de Belgrado" entre serbios y españoles. Sin embargo, ninguno generó tanta espanto como el duelo que disputaron el Milán y Estudiantes de La Plata para definir al campeón de la desaparecida Copa Intercontinental.

Ocurrió en 1969 en La Bombonera. El árbitro fue el chileno Domingo Massaro. Hubo codazos, escupitajos, patadas criminales y condenas de cárcel para tres de los involucrados.

Osvaldo Zubeldía dirigía al elenco argentino y Carlos Bilardo era el capitán. Estudiantes revolucionó Sudamérica con sus jugadas preparadas e hizo de la defensa un arte. Pero a sus indudables méritos futbolísticos hay que agregar un montón de tretas. Armaban lío en todas las canchas, provocaban, pinchaban a los rivales con clavos, robaban tiempo exageradamente. Europa conoció a la pandilla de Zubeldía cuando se enfrentó al Manchester United en la Intercontinental del año anterior. Quedó horrorizada.

Estudiantes llegó a Milán para disputar el duelo de ida y los recibieron lanzándoles todo tipo de objetos. A Ramón Aguirre Suárez le llegó una botella. El partido fue normal y lo ganó 3-0 el dueño de casa. Los rossoneros sabían que la revancha iba a ser dura, pero la imaginación se quedó corta.

El duelo se disputó en La Bombonera, donde el "Pincha" se había coronado ante el United. Al salir a la cancha, a los jugadores del Milán les arrojaron café hirviendo. Era el prolegómeno de una noche infernal.

"Vergüenza Nacional... Todo lo perdimos incluso el honor"

Diario Clarín

Los forasteros salieron con un cerrojo atrás y dos puntas contragolpear. El juez chileno dejó jugar demasiado. Pierino Pratti tuvo que salir en los brazos de sus compañeros tras una patada de Aguirre Suárez. Cuando estaba en el suelo, Alberto Poletti le pateó la cabeza. Años después, el arquero se defendió. Aclaró que había sido en la espalda.

Se siguió jugando y Gianni Rivera puso por delante a los milanistas en los 30'. Parecía que la historia estaba sentenciada, pero justo antes del descanso Estudiantes dio vuelta el marcador. Esos tantos de Marcos Conigliaro y Aguirre Suárez enardecieron el ambiente de cara a la segunda mitad.

Los trasandinos manejaban la pelota, pero no podían perforar la ordenada zaga italiana y les comenzó a bajar la desesperación. A Néstor Combin le reventaron el pómulo con un codazo. El uniforme blanco del Milán se tiñó de rojo con su sangre y el rostro se le deformó. Poco después, a Rivera casi le parten la pierna con una entrada criminal desde atrás. Poletti estaba fuera de sí. Repartía insultados, escupitajos y golpes a cualquiera que pasase cerca de él.

Recién a los 74' el nacional Massaro se animó a expulsar a Aguirre Suárez. El jugador se fue llorando y aclamado por la grada. Diez minutos después también le mostró la roja a Eduardo Manera por darle un puñetazo a Rivera.

Con el pitazo final, el Milán se juntó en la mitad de la cancha a celebrar. Habían sobrevivido o eso pensaban. Para Poletti la batalla no había terminado. Entró en escena con una patada voladora y tuvo intervenir la policía antes de que se armase una gresca monumental.

Las detenciones luego del encuentro, la reacción de Argentina y tres jugadores a la cárcel


En camarines al pobre Combin, que había recibido el codazo, le dieron una noticia. La policía se lo llevó detenido por no cumplir el servicio militar obligatorio. Había nacido en Argentina, pero a los 18 años se fue a Francia y se nacionalizó. El embajador galo tuvo que ir a sacarlo al día siguiente.


La prensa reaccionó con indignación. "No, Estudiantes... Esto no fue hombría, no fue temperamento, no fue garra... Esto fue la apología de la brutalidad y la locura", escribió la revista El Gráfico. "Vergüenza Nacional: Todo lo perdimos incluso el honor", añadió Clarín.

El presidente de Argentina por aquel entonces, Héctor Onganía, deploró los hechos y tomó una decisión drástica. Les aplicó un edicto a Aguirre Suárez, Poletti y Manera que los mandó 29 días a la cárcel. Carlos Bilardo iba a visitar todos los días a sus compañeros.

"El club también quería tomar medidas y nosotros no dudamos en responder que nos íbamos todos. Este fue el episodio más duro que me tocó vivir. Hasta fuimos a ver a un abogado para que nos aconsejara qué podíamos hacer para quedarnos presos todos. Mi abuela, que era italiana, no me habló por un mes", contó el que luego sería campeón del mundo como DT de Argentina.
A Aguirre Suárez lo suspendieron por un año y le apartaron de la selección trasandina. A Poletti en primera instancia lo sancionaron de por vida, pero el castigo quedó sin efecto cuando derrocaron a Onganía. Combin, el de la cara rota, contó que nunca hubo una disculpa. Esa noche, de acuerdo a su relato, los jugadores de Estudiantes tenían cara de locos.

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