"Puede ser que haya sido el mejor torneo de mi vida técnicamente hablando", cuenta Cristóbal Henríquez.
El Gran Maestro chileno se lució hace unos días en Qatar. En el Mundial de Ajedrez Rápido terminó en el puesto 33 entre 247 jugadores y fue el mejor latinoamericano de la competición.
Además, en el torneo se midió con varios top 20 del mundo y consiguió hacer tablas con el actual campeón del mundo en ajedrez clásico, Gukesh Dommaraju.
Henríquez cuenta entre risas que en los tres días que duró el certamen bajó varios kilos de peso y que al terminar su participación le costó mucho dormir. "Mi cuerpo no sé si estuvo cerca de colapsar o qué", apunta.
-¿Qué sensación te dejó el Mundial de rápidas que recién pasó?
"Creo que la emoción principal es la alegría. Hace tiempo no disfrutaba tanto un campeonato. Es más, cuando uno viaja a un Mundial de rápidas, va generalmente sin expectativas. Estar ahí es genial. Pude jugar con el campeón del mundo, empatar con él. La gané al campeón de la Copa del Mundo, el uzbeko Javokhir Sindarov. Contra este chico uzbeko nunca había jugado en vivo. La partida me gustó mucho, hice algunas cosas muy bien técnicamente, en el momento preciso".
-¿Cómo viste el empate con Gukesh Dommaraju?
"Antiguamente, hubiese estado un poco enojado. El ajedrez es un arte o una ciencia, tiene mucho de matemático. Estaba atacando a su rey con muchas piezas, si encontraba esa secuencia de jugadas que olfateaba que había algo le podía ganar. Antiguamente ese 'pudo ser' nos dañaba mucho a los ajedrecistas, uno se quedaba con el 'pudo ser'. Hoy no. Quedé con buenas sensaciones. Trabajamos para llegar a una posición con ventaja. Hice bien las cosas y ya tener esa opción es un logro. Hay mucho por corregir, pero planteé bien la partida".
- No es la primera vez que te cruzas con una figura de ese calibre. En el pasado te has enfrentado a Magnus Carlsen, ¿qué te dejaron esos lances?
"El primero de mis enfrentamientos con Magnus fue en Qatar, en un Mundial de rápidas. Tuve la buena suerte que Magnus comenzó mal y yo iba mal, así que me tocó con él. Fue una experiencia hermosa. En ese entonces no entendí mucho de la partida. Él estaba en un nivel superlativo. Es como si me hubiese ganado 14-0, una cosa así. La otra oportunidad que tuve de jugar con él fue en Cancún el 2024. Ahí jugamos en la ronda cuatro y, a diferencia de la primera partida que tuve con él, sentí que le estaba ganando, que estaba con mucha ventaja y que mi chance de ganarle era demasiado alta. Así que terminé un poco enojado porque sentí que había desaprovechado la oportunidad. Después conversamos y me dijo que yo debí haber ganado. Analicé la partida, resulta que él había jugado como una máquina, él dice que se equivocó, pero sus movimientos fueron precisos a nivel de computadora".
-¿Cómo es Magnus Carlsen más allá del tablero?
"Los ajedrecistas a veces tenemos una personalidad en el campeonato y otra afuera. Magnus en las partidas se ve muy serio, pero fuera es súper relajado. En el torneo que jugamos en Cancún le pedí una foto y fue amable, se rió y conversamos un poco. El hecho que analice la partida con uno es súper positivo. Todas las veces que he jugado con él he tenido la posibilidad de conversar un poco después de la partida y él es muy respetuoso, muy humilde. Todos los ajedrecistas de élite tienen esa característica. No hay ninguno agrandado. Tampoco pueden. Si el mejor de la historia es cercano, qué le queda al resto de los mortales".
-En este último Mundial de rápidas Magnus Carlsen ganó, pero tuvo algunos arrebatos. Golpeó una cámara y tiró las piezas
"Lo que pasa es que en el torneo se viven demasiadas emociones. Llega un punto que es como el sonido de la lluvia, que empieza despacito y después ya es tormentoso. Me parece muy entendible lo que hace, aunque no lo comparto, pienso que desconcentrar a los rivales debiese ser penalizado. No solo a los rivales, si no que al entorno, porque todos se ven afectados, pero comprendo completamente su frustración. Las partidas que perdió Magnus fueron casi todas porque se resbaló una pieza, algo completamente ajeno al juego como tal. Si no se resbalaba la pieza, él empataba o ganaba. Le pasó dos o tres veces creo. Uno tiene pocos segundos para apretar el reloj, no alcanzó a colocar las piezas de nuevo, es casi perder por secretaría".
-¿Qué tipo de ajedrecista te consideras tú?
"Hace un par de años me definía como un jugador agresivo, siento que ahora primero necesito un poco de tranquilidad, organización, y después empezar a atacar al rey. Me gusta ir despacio y después crear un caos total en el tablero. Me defino como un jugador tranquilo y ya en el medio juego agresivo. Antes era un jugador agresivo totalmente".
-¿Hay alguna figura histórica del ajedrez que te haya marcado durante tu formación?
"Garry Kasparov. Cuando lo empecé a estudiar, yo me consideraba un jugador sólido. Mis aperturas eran sólidas, quería darle seguridad a mi rey. A medida que estudiaba a Kasparov, me daba cuenta el valor que le daba al ataque, al valor de sus piezas. Para mí esas partidas eran obras de artes, llegué al punto de llorar al analizarlas, porque me parecía algo muy hermoso. Siento que Magnus Carlsen es diferente, es armonía pura, mientras que Kasparov era agresividad total en el tablero".
-Faustino Oro, ajedrecista argentino, está rompiendo récords con 12 años y llama la atención del mundo. ¿Cómo lo ves?
"Es fascinante. Conversé mucho con él y su familia. Me impresiona su capacidad de entender el juego, lo ha interpretado a su manera, no ha caído en los preconceptos del ajedrez clásico, es algo que yo tardé en comprender. Tiene un amor impresionante por el ajedrez, disfruta mucho de sus partidas. Se nota que lo pasa bien, que se la goza, es muy trabajólico, profesional. Los errores que ha cometido jugando en internet los ha analizado, siempre está preguntándose qué está haciendo mal. Tiene un futuro súper prometedor. Si no es campeón del mundo, como mínimo va a estar en el top 5".
"Tenía casi tres páginas de anotaciones negativas
Henríquez es de La Florida, pero no vive en Chile. Desde hace unos años está instalado en Barcelona, España, ya que su pareja se fue a trabajar allá. Él está feliz. Le gusta la ciudad y le encanta viajar.
El ajedrez siempre lo acompaña, aunque aclara que no es su vida entera como sí lo fue durante mucho tiempo. Le da valor a otras cosas, como salir a pasear a su perro, que se llama "Gon" por el protagonista de la serie Cazador X.
Esa relación serena con el ajedrez no siempre fue así. Partió a los cuatro años al ver a su papá jugando con uno de sus hermanos y luego empezó a ir a una parroquia donde pasaba horas frente al tablero.
Rápidamente comenzó a destacar a nivel nacional. Siendo muy chico, perdió a su mamá por el cáncer, pero dice que su infancia fue feliz porque tenía el ajedrez. Uno de sus recuerdos preferidos es cuando viajaba a los campeonatos y almorzaba pollo en el auto familiar junto a su padre y a sus hermanos.
-¿Cómo eras de niño, Cristóbal?
"Era como el payaso de la clase, tenía casi tres páginas de anotaciones negativas en quinto básico. Me gustaba mucho el ajedrez. Era raro. Era muy inquieto en el colegio, pero en el ajedrez era súper tranquilo. Podía estar horas y horas sentado frente a un tablero y con pleno respeto a los demás. Ya en séptimo básico me tranquilicé y pasé a ser súper introvertido, en esa etapa me mantuve. No ha variado tanto mi personalidad hasta ahora. Me considero alguien tranquilo que le gusta estar en casa con su gente".
-¿Qué te hizo pasar de ser un payaso, como tú dices, a alguien introvertido?
"La disciplina escolar, totalmente. Desde que entré al Instituto Nacional cambiaron un poco las cosas".
-Dejaste el Instituto Nacional para dedicarte completamente al ajedrez. Una decisión fuerte.
"Fue una decisión correcta. Pude dedicarme al ajedrez de lleno. El mismo año que salí del instituto, obtuve el primer lugar en un panamericano Sub 18. Con eso me hice Maestro Internacional. Dos años después quedé en el puesto tres del Mundial Sub 18. Me habría gustado seguir aprendiendo de mis compañeros. El Instituto te da una perspectiva de la realidad muy diferente. Hay casos sociales extremos, hay mucho compañerismo, mucha bondad en los actos de mis compañeros. Eso me hubiese gustado disfrutarlo más. El Instituto me marcó mucho en aspectos morales y sociales".
-¿Qué sueños te quedan por cumplir en el ajedrez?
"Ninguno. Yo ahora quiero jugar y pasarlo bien. Tuve varios sueños a lo largo de mi carrera. El primero era ser Gran Maestro, desde los 10 años que lo imaginaba. Después de conseguir el título, veía muy lejano llegar a los 2600 de rating. Tardé como tres años en conseguirlo, me costó. En mi mente imaginé los 2600 como la última fase. Luego, quizá, podría replantearme ser top 100 del mundo, pero no vale la pena enfocar toda la energía en un logro en particular. Mi objetivo ahora es disfrutar y pasarlo bien".
-Hubo un tiempo en que pediste ayuda para financiar viajes, tu familia te tuvo que ayudar mucho. ¿Hoy puedes vivir del ajedrez?
"Sí, gracias a la empresa privada, a Fintual. Sin la empresa privada, podría vivir del ajedrez, pero me vería obligado a dar más clases. Yo soy ajedrecista profesional, pero al mismo tiempo doy clases para generar más ingresos".
-Siendo de Latinoamérica, ¿es más difícil insertarse en la élite mundial?
"Yo creo que sí. En Asia hay un apoyo descomunal. Invierten millones y millones de dólares. Las siguientes Olimpiadas van a ser en Uzbekistán, lo que requiere invertir un montón de dinero, sus jugadores tienen apoyo del Estado, ganan casas, ganan autos. En Latinoamérica el incentivo es el amor al arte y querer competir. Algo que podría ayudar es una beca mensual para que los jugadores que obtengan un título de Gran Maestro puedan estar tranquilos. Un chico prodigio turco sabe desde los 12 o 14 años que se va a dedicar al ajedrez sin ningún inconveniente porque va a recibir un patrocinio".