El tenis adaptado vive uno de sus momentos más exigentes y competitivos a nivel internacional. Con cuadros reducidos, altísimo nivel físico y mental, y apenas un puñado de jugadores con acceso directo a los torneos más importantes, cada participación en un Grand Slam representa un logro en sí mismo. En ese escenario, Chile tendrá representación en el próximo Abierto de Australia con Alexander Cataldo.
El actual número 18 del ranking ITF y el mejor rankeado chileno en su categoría, conversó con Emol sobre su historia, su presente deportivo y los desafíos que asume rumbo a uno de los torneos más importantes del circuito mundial.
Cataldo aprendió muy temprano que competir era parte de su forma de estar en el mundo. Nació y se crió en Antofagasta. Antes de cumplir los tres años, un accidente vascular cambió su vida para siempre. Fue derivado a Teletón, un lugar que con el tiempo se transformó en algo más que un centro de rehabilitación, su segunda casa.
“Teletón te hace sentir parte de algo, como una familia”, recuerda hoy, a los 27 años, convertido en uno de los principales exponentes del tenis en silla de ruedas.
Fue precisamente en uno de los talleres deportivos de Teletón donde eligió el tenis casi por intuición. No porque fuera el deporte más popular, sino porque era individual. Competir, medirse, depender de sí mismo. Esa idea lo atrapó para siempre.
Durante años entrenó sin competir, principalmente por falta de recursos. El tenis en silla de ruedas exige viajes constantes, implementos caros y una estructura que en Chile cuesta sostener. Recién en 2013 jugó su primer torneo en Santiago y alcanzó semifinales. Un año después, dio el salto al plano internacional: disputó dos Mundiales Junior, en Holanda y Japón, terminando quinto y luego subcampeón del mundo. Ahí comenzó a entender que su obsesión podía transformarse en una carrera de alto rendimiento.
“Me obsesioné con mejorar, con ser el mejor, con ganar”, admite sin rodeos. Esa misma obsesión lo llevó a entrenar incluso cuando Teletón entraba en vacaciones, a decirle a su madre, con apenas 14 años, que quería ser tenista profesional, aunque eso significara sacrificar notas, comodidad y certezas.
El apoyo familiar nunca fue económico en abundancia, pero sí constante. “Nunca me cortaron las alas”, dice. Sus padres hicieron esfuerzos silenciosos para costear raquetas, viajes y tratamientos. El respaldo emocional, asegura, fue siempre lo más importante.
Nunca sentirse diferente
Cataldo habla de su discapacidad sin dramatismo. Su familia y su entorno hicieron que creciera sintiéndose uno más. En el colegio, sus compañeros lo acompañaban incluso a Teletón. “Nunca me sentí distinto ni alejado de la sociedad”, afirma.
El tenis, además, le dio herramientas para la vida diaria. Independencia, madurez y manejo de la frustración, algo que reconoce como uno de sus mayores desafíos. “Tenía un carácter complicado”, admite. El trabajo con psicólogos fue clave para encauzar esa energía competitiva y aprender a convivir con la presión.
Ese proceso de crecimiento personal coincidió con su llegada definitiva a Santiago en 2019 y con su paso por distintas academias como Alto Tenis y Stade Francais, hasta instalarse definitivamente en el Club Palestino a mediados de 2025, donde hoy entrena bajo la dirección de Ricardo Urzúa, coach de promesas del tenis nacional, como Camila Rodero (17) , Max Becerra (15), Jimar Gerald (23), entre otros.
Un potencial que aún no toca techo
Desde la mirada de su coach, Cataldo es un proyecto todavía en construcción. Urzúa reconoce que el camino no ha sido lineal, lesiones, problemas de calendario y situaciones personales han dificultado la continuidad. La más compleja hoy, un quiste en la muñeca, una zona compleja para los jugadores de silla de ruedas, que cargan gran parte del esfuerzo físico en las manos.
Aun así, el diagnóstico es optimista. Urzúa cree que Cataldo tiene condiciones físicas y mentales para competir de igual a igual con los mejores del mundo. Destaca su velocidad, intensidad y capacidad de acelerar el juego, cualidades que pueden llevarlo a pelear rondas finales en los torneos grandes.
“Todavía no vemos su mejor versión”, sostienen desde el equipo.
El desafío australiano
El próximo Abierto de Australia representa un nuevo examen. Cataldo deberá comenzar desde la qualy, una realidad habitual en el circuito de tenis en silla de ruedas, donde apenas 16 jugadores ingresan de forma directa al cuadro principal.
“Lo primero es pasar la clasificación”, explica el propio jugador. “Después, soñar con avanzar rondas”. No es una ilusión ingenua, ya ha disputado todos los Grand Slams, ha jugado cuartos de final en Australia y ha derrotado a jugadores top 4 del mundo.
Aun así, el sorteo siempre puede ser cruel. En un circuito reducido, no es extraño enfrentar al número uno del ranking en primera ronda. La exigencia es máxima desde el primer punto.
No será el único chileno en tierras australianas, Francisco Cayulef (número 7 ITF en modalidad quad) también estará presente.
Más allá de rankings y resultados, Cataldo tiene un mensaje claro. Quiere que el tenis en silla de ruedas sea visto simplemente como tenis. Sin etiquetas, sin condescendencia.
“Ojalá digan Alexander es tenista, no tenista en silla de ruedas”, afirma. Por eso entrena junto a jugadores convencionales, buscando contagiarse de la intensidad, la disciplina y el profesionalismo que exige este deporte.
Su mensaje final es simple y contundente, la lucha constante. Aguantar, insistir, volver a intentarlo cuando los resultados no llegan. Lo mismo que ha hecho desde niño, desde Antofagasta, hasta hoy en Melbourne nuevamente.
A corto plazo, su objetivo es claro, seguir entrando a los Grand Slams y consolidarse entre los mejores del mundo. A largo plazo, sueña con el top 10, con los Juegos Olímpicos y con colgarse el oro en los Panamericanos.
Por ahora, Alexander Cataldo se prepara para otro desafío grande. Viaja este jueves a un torneo que ya conoce, con su propia misión que aún tiene mucho por dar.