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Linares, el club más ganador de la historia del vóleibol chileno y donde empezaron a brillar los primos Grimalt

Hace poco ganaron su décimo título.

07 de Febrero de 2026 | 12:30 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol
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Son diez títulos en sus vitrinas. Nadie tiene más. Este año, Linares obtuvo su décima corona en la Liga Nacional de Vóleibol y confirmó su hegemonía en Chile. Detrás de esos campeonatos hay una explicación. Sentido de pertenencia, sacrificios y una ciudad empujando. Más allá de los podios, este club construyó una identidad. Esa identidad la encarna Rafael Grimalt. El armador es el capitán del equipo y ha estado en todos los campeonatos obtenidos.

"Rafa" no vive del vóleibol. Es kinesiólogo y trabaja en el Hospital Sotero del Río en Santiago haciendo turnos de 12 horas que va moviendo como si fueran piezas de un rompecabezas para hacerlos calzar con entrenamientos o con los partidos. Varias veces cansado, saliendo de noche, llama a su esposa para que lo vaya a buscar y hacer un viaje exprés a Linares para cumplir con el club.


"Nosotros decimos que no solamente representamos al club, sino que la ciudad está muy comprometida. Yo vivo hace casi quince años en Santiago, pero en ningún momento se me ha pasado por la cabeza, a pesar de varios ofrecimientos, dejar Linares para poder jugar con otro equipo. Lo sentimos muy dentro de nosotros, como parte nuestra, le debemos harto. Es como bien el emocional el tema del club", le dice a Emol.

El armador no habla por sí mismo. Es miembro del clan Grimalt, profundamente ligado al vóleibol. Sus padres fueron seleccionados chilenos y tanto él como sus hermanos siguieron el mismo camino.

El entrenador del club albirrojo es Jaime Grimalt, papá de Rafael. El técnico cuenta que junto a su esposa e hijos se fueron a la ciudad de la Región del Maule por motivos laborales. Allá se encontraron con una comunidad donde el voleibol tenía una fuerte tradición, impulsada principalmente por el religioso marianista Juan Arroyo. Había jugadores formados, pero faltaba algo, un equipo que representara a Linares en la liga. La respuesta fue crear un club propio, de base familiar, en 2008.

"Nos dimos cuenta de que había cinco o seis jugadores compitiendo fuera de Linares y dijimos 'veamos la manera de participar directamente como ciudad'. En 2008 formamos un equipo con jugadores locales. Estaban mis tres hijos -Jaime, Rafael y Esteban- y mis sobrinos Marco Grimalt y Daniel Cuzmar Grimalt", recuerda el técnico.

Esteban y Marco, los famosos primos Grimalt, partieron en el vóleibol piso y ganaron varias ligas con Linares. Hoy se dedican al vóleibol playa, están entre las grandes estrellas del deporte chileno y han ido a Juegos Olímpicos, pero no se olvidan de sus inicios. Por el riesgo de lesiones ya no juegan tanto por Linares, aunque cada vez que pueden dar una mano se enfundan la camiseta albirroja.

"Cuando llegan al equipo se vuelve loca toda la ciudad, se enardece", apunta "Rafa" Grimalt.

Pan con mantequilla y un presidente que pasa la mopa


Linares se funda el 2008 y ese mismo año gana la liga al derrotar en la final a la Universidad Católica.

Mauricio Osorio es dirigente del club y ha estado desde los inicios. Hoy esboza una sonrisa al recordar esa primera liga.


"Viajábamos con los jugadores, irresponsablemente, en la maleta de un auto, en una station wagon con los asientos hacia adelante, poníamos colchones para que ellos se acostaran y llegaran más enteritos. Fue una liga muy sacrificada, llegamos a la final sin ni un peso. Fue casi una liga familiar, de los Grimalt, con mucho corazón, cariño. Mi esposa nos ayudaba haciendo los panes con mantequilla, con jamón, con lo que había, para que los jugadores pudieran comer algo. No teníamos ni camisetas, nada", apunta.

Desde esa fecha hasta hoy hubo cambios grandes, pero otras cosas se mantienen. Osorio hace de todo en el club. Hace poco, tuvo una conversación con el padre de uno de los refuerzos que llevó para esta temporada.

"Él me decía 'yo veía un club súper grande y en la interna son tres o cuatro personas trabajando'. Esto es puro corazón. Patricio Valdivieso es el presidente del club y también el que pasa la mopa", declara.

"Lo hice totalmente ad honorem"


Linares trata de ser un equipo lo más profesional posible en una liga que aún no es cien por ciento profesional. El club depende, en parte, de los aportes Municipalidad y del Gobierno Regional.

El técnico Jaime Grimalt, que se dedica a a la agronomía, lleva muchísimo tiempo trabajando para el club, pero cuenta que recién ahora está contratado por la Municipalidad. "Anteriormente lo hice totalmente ad honorem y los ingresos que se percibían por el ítem de coach en los aportes que nos llegaban siempre fueron reinvertidos en los propios jugadores y en las propias actividades del club. Hay muchos niños y niñas que participan de forma gratuita, no tienen que pagar inscripción", asevera.


"Somos un club pequeño, dentro de una ciudad pequeña que tiene muchas necesidades. De repente se nos dice 'les vamos a aportar con equis cantidad'. Se planifica con esa cantidad, pero hay inundaciones e incendios y hay que hacer una reestructuración de recursos. Es mucho de tira y afloja", apunta el capitán Rafael Grimalt.

Linares trata de reforzarse con seleccionados chilenos y con extranjeros de currículum pesado. Los resultados están a la vista. Diez veces campeón de liga y varios podios. Sin embargo, esa estructura no es fácil de mantener.

"La Municipalidad siempre nos ha apoyado. La voluntad existe, pero los recursos están muy difíciles. Sin el presidente Patricio Valdivieso esto no se sostendría en el tiempo, él pone plata de su bolsillo", apunta el dirigente Mauricio Osorio, quien también advierte que hay un desgaste y no se atreve a confirmar qué pasará en el futuro.

Sentido de pertenencia


Gran parte del plantel que fue campeón este año está conformado por linarenses. Muchos de esos jugadores partieron en las cadetes y fueron peloteros. Hoy firman autógrafos por las calles.

Rafael Grimalt se ríe, dice que lo molestan por ser un veterano. "Hicimos una recopilación de quiénes son estos jugadores que venían de chicos y que ahora son campeones y con el único que tenían fotos desde sus inicios es conmigo. Yo aparecía en las distintas facetas, con el pelo más largo, con menos canas. Hicimos todo el recorrido juntos. Me llena de orgullo. Paro un poco, miro para atrás, y les digo a mis hijos esto es lo que he hecho yo, esto es lo que hemos logrado y se infla un poquitito el pecho", apunta.


En el plantel hay kinesiólogos, ingenieros y estudiantes. No siempre pueden estar en Linares, muchas veces se coordinan para entrenar en Santiago. Pero cuando están allá saben que tienen una responsabilidad.

"En el club estamos inmersos dentro de un círculo ganador que no se da mucho. A nivel regional ninguna disciplina ha sido tan ganadora como el vóleibol. Eso siempre se le va inculcando al jugador de la cantera. Nos juntamos con los chicos, ellos suben y son parte fundamental de nuestros entrenamientos. En lo posible si llegamos antes a entrenar, conversamos con ellos, yo trato de involucrarme con las categorías inferiores para motivar. Es bien llamativo. Para los niños decir que son del club más ganador de Chile también es un aliento importante", asevera "Rafa" Grimalt.

"Los jugadores que vienen acá son muy admirados por los chicos, entrenamos siempre con nuestras fuerzas básicas junto al equipo adulto, lo que permite que los chicos de Linares tengan una calidad de entrenamiento y una visión del voleibol competitivo absolutamente distinta", complementa Jaime Grimalt.

Así trabaja Linares. En el voleibol chileno, hay muchos clubes que compiten. Sin embargo, solo uno hizo de ganar una tradición.
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