Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 no solo han estado marcados por polémicas, debates reglamentarios y caídas impactantes, sino también por una verdadera lluvia de récords. En la pista larga, el short track, el esquí de fondo e incluso en la historia misma del olimpismo invernal, esta edición ha dejado cifras que ya forman parte de la memoria grande del deporte.
La cita italiana, ha reunido a las grandes potencias tradicionales del invierno europeo junto a delegaciones emergentes que buscan consolidarse. Desde las primeras jornadas quedó claro que el nivel competitivo sería altísimo, varias pruebas se definieron por centésimas y, en más de una ocasión, los récords olímpicos vigentes fueron ampliamente superados.
Además, el contexto tecnológico y físico del deporte actual ha influido directamente en esta explosión de marcas. El dominio europeo ha sido evidente en múltiples disciplinas, pero también hubo espacio para gestas que rompieron barreras geográficas y simbólicas.
El hito sudamericano
El récord más simbólico lo firmó Lucas Pinheiro Braathen. El esquiador alpino, nacido en Oslo pero representante de Brasil por la nacionalidad de su madre, conquistó el oro en el slalom gigante masculino. Se transformó así en el primer sudamericano en ganar una medalla y además dorada, en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Stolz, la nueva joya estadounidense
Uno de los grandes nombres propios ha sido el estadounidense Jordan Stolz, quien confirmó su estatus de fenómeno en el patinaje de velocidad. En los 1.000 metros conquistó el oro con un tiempo de 1:06.28, estableciendo nuevo récord olímpico y dejando atrás una marca que se mantenía vigente desde 2002. Días más tarde volvió a brillar en los 500 metros con 33.77 segundos, rebajando ampliamente el anterior récord olímpico que poseía Gao Tingyu desde Beijing 2022 (34.32).
En esa final, incluso la plata del neerlandés Jenning de Boo (33.88) quedó por debajo del antiguo registro, mientras que el canadiense Laurent Dubreuil fue bronce con 34.26. Stolz cerró así una actuación perfecta: dos pruebas, dos oros y dos récords olímpicos.
Dominio neerlandés sobre el hielo
Si hay un país que ha impuesto condiciones en Milán-Cortina es Países Bajos. En el short track, Xandra Velzeboer la rompió en las semifinales de los 500 metros, con 41.399 segundos, consiguió nuevo récord mundial y olímpico. Luego se llevó el oro en la final (41.609), frustrando el sueño de triplete de la italiana Arianna Fontana. Además, sumó un segundo oro en los 1.000 metros.
En la pista larga, la cosecha neerlandesa continuó. Femke Kok se impuso en los 500 metros femeninos con 36.49, nuevo récord olímpico, superando a su compatriota Jutta Leerdam y a la japonesa Miho Takagi.
La propia Jutta Leerdam también dejó su huella al ganar los 1.000 metros con 1:12.31, otro récord olímpico. En esa competencia, incluso Kok había bajado momentáneamente la plusmarca en series (1:12.59), reflejando el altísimo nivel neerlandés.
Italia hace historia en casa
La localía también fue protagonista. Francesca Lollobrigida conquistó el oro en los 3.000 metros con 3:54.28, nuevo récord olímpico y de pista, superando por más de dos segundos la anterior marca establecida en Beijing 2022. Lo hizo el día de su cumpleaños 35, entregándole a Italia su primer oro olímpico femenino en el patinaje de velocidad.
En paralelo, la delegación anfitriona firmó su mejor actuación histórica en unos Juegos de Invierno, superando el récord de 20 medallas logrado en Lillehammer 1994. Con más de 24 preseas y nueve oros, Italia no solo rompió su techo, sino que se metió de lleno en la pelea por el podio del medallero.
Noruega y un récord absoluto
En el esquí de fondo, Johannes Høsflot Klæbo alcanzó una cifra legendaria. Con su victoria en el relevo 4x7,5 km masculino, sumó su noveno oro olímpico de invierno, convirtiéndose en el deportista más laureado en la historia de los Juegos. En Milán-Cortina ya había ganado el sprint individual, el skiathlon y los 10 km, consolidando una hegemonía histórica.