El "Puma" Rodríguez desmenuza su llamado a "escuchar la voz del pueblo" en nueva biografía

La historia tras la frase que inmortalizó en Viña 88, cuando esperó impávido una Gaviota por más de 15 minutos, ocupa parte importante del relato en "El Puma y yo" y abre la puerta al lado más político del cantante.

02 de Septiembre de 2015 | 09:05 | Por Sebastián Cerda, Emol

"El Puma y yo", libro que además integra fotografías de las distintas etapas del artista, se encuentra en librerías por un valor promedio de $18.900.

Planeta / Emol
SANTIAGO.- "Quédate y no te muevas". Ésa fue la frase que José Luis Rodríguez dice haber escuchado en su cabeza en febrero de 1988, sobre el escenario de la Quinta Vergara, en el inicio de uno de los momentos más recordados en la historia del Festival de Viña del Mar, y que culminaría inmortalizado por otra frase: "A veces hay que escuchar la voz del pueblo".

El episodio, en que por más de 15 minutos el cantante permaneció inmóvil sobre el escenario esperando una Gaviota de Plata, es uno de los que Rodríguez recuerda ahora en "El Puma y yo" (Planeta, $18.900), libro de su autoría que acaba de llegar a Chile.

El mismo cantante prefiere no referirse a este volumen como uno apegado a la tradición biográfica, y opta por llamarlo "apuntes y reflexiones para una biografía". Y la lectura le da la razón: Con un estilo extremadamente coloquial, casi como la transcripción de una conversación, el "Puma" se refiere a los distintos momentos que han marcado su vida y su carrera.

Entre ellos el de Viña 88, que recuerda como "algo de ensueño", pese a que Antonio Vodanovic hiciera lo imposible por contener la arremetida del público, ya que los reglamentos le negaban al venezolano el trofeo que tanto anhelaba. Sin embargo, "pasaban los minutos y la ovación no paraba", recuerda el hombre de "Pavo real".

Rodríguez conocía ese reglamento, pero lo pasó por alto, hasta consolidar el episodio con el clímax conocido por todos. "Yo estaba como flotando en el aire cuando, de pronto, solté una frase espontánea. Créanme que fue impensada, dije: 'A veces hay que escuchar la voz del pueblo, a veces...' ".

Hoy, Rodríguez dice ser conciente de lo que eso significó, por el momento histórico que vivía Chile: "Aquello cayó como un trueno y al propio tiempo un alivio para un pueblo oprimido por una dictadura. La expresión resultó tan grande en su sencillez que repercutió en todo el ámbito político. ¿Cómo alguien se atrevía a decir esa frase estando Pinochet en la presidencia?".

Y no fue la única vez en que relacionó a Pinochet con sus atrevimientos. Según recuerda, en una visita anterior acudió una noche a la Quinta Vergara como espectador, y a dos filas de él observó al fallecido dictador, presenciando un show con tapones en los oídos. "Aquí tiran una bombita y nos vamos todos al carajo, y yo como un tonto sentado tan cerca de este señor", dice haber pensado entonces.

El Puma político

Porque aunque sus historias artísticas son las que priman, "El Puma y yo" de todos modos se da tiempo para filtrar las impresiones del artista en lo político, vinculando casos como el chileno con sus consabidas críticas al actual régimen venezolano.

Así, y siempre mirando a los 80, asegura que "pasaron momentos muy difíciles los chilenos, porque toda dictadura, de derecha o izquierda, es diabólica. Cuando el hombre pierde su libertad individual, pierde toda esperanza de aferrarse a la vida".

Y de eso, Rodríguez supo de pequeño, cuando su madre fue detenida, torturada y exiliada por el régimen de Marcos Pérez Jiménez en los 50, período que también repasa en el libro. Por ello, no esconde sus preocupaciones actuales.

"Hoy el autoritarismo martiriza a Cuba y Venezuela, y amenaza a otras naciones hermanas. Yo debo levantar mi voz por la libertad y la democracia. Sé que corro riesgos, pero como dicen los queridos chilenos, no le debo sacar el poto a la jeringa, porque soy un artista comprometido con la paz y la convivencia de los ciudadanos", afirma antes de lanzarse con todo contra los regímenes de Nicolás Maduro y los hermanos Castro.

Esa vocación política le ha traído problemas hoy a Rodríguez, pero en el pasado también le trajo gratitud. Así lo recuerda, de vuelta en su llamado a escuchar "la voz del pueblo" en Viña 88: "Creo que fue Patricio Aylwin Azócar, el presidente que por voto popular sustituyó al general Pinochet, quien fue a despedirme al aeropuerto para agradecerme el gesto. Y yo le dije, 'hermano, lo dicho, dicho está. Si Dios quiso que fuese así, así es' ".
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