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David Bowie sorprende nuevamente con el críptico "Blackstar"

Es el disco número 25 del artista británico y, al mismo tiempo, con el que celebra sus 69 años y de una forma más que curiosa: editando un álbum en el que confluyen desde el hip-hop al jazz, pasando por su propia lectura del rock y el pop.

08 de Enero de 2016 | 07:37 | Por Felipe Kraljevich M., Emol
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Columbia/Sony
SANTIAGO.- En cierto modo, The Next Day, el álbum de 2013 que marcó el regreso de Bowie, fue una suerte de auto-homenaje. Una especie de rendición de cuentas consigo mismo y, al parecer, el artista fue bastante consciente de ello. Como si de alguna forma, el "Duque Blanco" junto a su eterno escudero, el productor Tony Visconti, supiesen que luego de una década de ostracismo puro, en el que la especulación y el ruido externo eran mucho más llamativos que lo que el propio músico tuviese que decir.

Existen, como en toda la discografía de Bowie, ciertas similitudes de formas entre * (de significado Blackstar) y el disco de 2013, The Next Day. La sorpresiva aparición de ambos, guardando casi como secreto de estado la composición de los mismos, denota cierta obsesión de Bowie con su propia creación (aunque ambos registros se hayan filtrado días antes por Internet), por el control de la misma y los alcances que ésta pueda tener ya sea en el mundo del arte, que sin dudas con Blackstar es al que apunta Bowie, como también en la reacción que su obra pueda generar en un mundo que cada vez está más deseoso de saber qué es lo que presentará el británico en este "segundo aire" en el que, evidentemente, hay varias cosas que rescatar.

Como se decía antes, si en The Next Day lo que prima es una especie de auto-homenaje, un ejercicio algo compulsivo de demostrar que no se han perdido las formas con el pasar de los años, en Blackstar lo que prima es lo contrario: el riesgo permanente o, en este caso, la incansable búsqueda. Es, en este sentido, una poderosa declaración de principios de Bowie y que queda reflejada no el primer tema que se conoció de este nuevo trabajo, "Blackstar". De hecho, "Girl loves me", una especie de alegoría homosexual, está escrita en "nadsat" (la lengua inventada para "La naranja mecánica" que utilizan Alex y sus droogies) y en "Polari", un argot utilizado por hombres gay en la mitad del siglo veinte. Esto es una prueba de qué tan lejos estuvo dispuesto a llegar Bowie con Blackstar.

Estos elementos también condicen en la música. Si para su disco de regreso Bowie buscó en viejos asociados, en esta ocasión se rodeó de músicos ajenos a su propia historia en la industria. Los jazzistas Donny McCaslin, Mark Guiliana, Ben Monder y Tim Lefebvre, reconocidos por sus riesgos estilísticos a la hora de abordar el estilo, fueron los reclutados por Bowie y Visconti.

"La idea era salir del rock and roll", dijo después el productor y claramente, en Blackstar el rock propiamente tal no existe, al menos no como sí se puede escuchar en The Next Day. Hay rasgos, aproximaciones que están más acordes al giro estilístico que Bowie quiso dar en este trabajo. Por ejemplo, "Tis a pity She Was a Whore" tiene ese beat frenético y ese saxo que parece sacado de algún tema perdido de los primeros Roxy Music (uniendo este trabajo con sus colaboraciones con Brian Eno, dicho sea de paso, en la búsqueda de nuevos derroteros sonoros). O, más cercano al pop de vanguardia con "Lazarus", tema que se relaciona con la obra que Bowie estrenó en Broadway y en la que se revisa a un antiguo alter-ego suyo.

Musicalmente, lo más cercano al Bowie de antaño se puede escuchar en "Sue (Or in a season of crime)" aunque, como es la tónica de Blackstar, los distintos elementos que cruzan al tema hace que el definirlo sea una tarea compleja: desde extractos de jazz de vanguardia a ciertas inclinaciones de música industrial, todas se unen en esta composición, la que luego decanta en la mencionada "Girl loves me". Y el que quizás sea el momento más alto del disco es justamente el que aparece al final con "I can’t give everything away", tema en el que Bowie explica el por qué de su permanente ostracismo, su reticencia a hablar con los medios e incluso, su propia manera de abordar sus creaciones. Una suerte de canción confesional sin que necesariamente lo sea o, en su defecto, la lectura de Bowie para este tipo de discurso.

Lo cierto es en Blackstar, el "Duque" muestra hasta dónde es capaz de llegar en la búsqueda de nuevos paisajes sonoros para quebrar su propia propuesta. Inquieto e inquietante al mismo tiempo, este segundo álbum de un David Bowie entrando a la vejez muestra su mejor cara: la del inquieto artista que avanza sin importarle lo que le rodea. Sus canciones, llenas de riesgo y clase, dan cuenta de que para Bowie la llamada "tercera edad" es el momento propicio para ajustar cuentas consigo mismo y al enfrentarse, puede dar rienda suelta a una imaginación que sigue un trazado lleno de aciertos y calidad.

David Bowie / * (2016, Columbia/Sony)

Canciones:
1. Blackstar, 2. ‘Tis a pity She Was a whore, 3. Lazarus, 4. Sue (Or in a season of crime), 5. Girl Loves Me, 6. Dollar days, 7. I Can’t give everything away.

Músicos: David Bowie (voz, guitarra acústica, arreglos), Donny McCaslin (flauta, saxofón, vientos), Ben Monder (guitarra), Jason Lindner (piano, órgano, teclados), Tim Lefebvre (bajo), Mark Giuliana (batería, percusiones), James Murphy (percusión).

Producción: David Bowie, Tony Visconti.
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