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Nuevo libro revela sorprendentes y desconocidos pasajes de la historia de Chile

"La patria insospechada", de Rodrigo Lara Serrano, recopila 26 capítulos que redibujan la imagen de hechos y próceres del pasado.

17 de Enero de 2016 | 10:00 | Por Alberto Rojas

"La patria insospechada: Episodios ignorados de la historia de Chile" es publicada después de dos años de investigación.

Catalonia.
SANTIAGO.- O’Higgins y San Martín trataron de enviar a Manuel Rodríguez a la India, en un intento por deshacerse de él. El bombardeo español de Valparaíso de 1866 se entrecruzó con la insólita historia de amor del pintor James McNeil Whistler. El gobierno chileno quiso imponer su autoridad a los "brujos" de la "Recta Provincia". Un tío cura de José Miguel Carrera fundó un país en el Caribe. Y Angata, una valiente mujer rapanui, inició un inesperado levantamiento en la isla.

Estos y otros acontecimientos similares son los que encierra "La patria insospechada: Episodios ignorados de la historia de Chile" (Catalonia, $ 12.400), del periodista y escritor Rodrigo Lara Serrano, quien vive hace años en Buenos Aires. Una sorprendente compilación de 26 episodios desconocidos e ignorados del pasado del país, que su autor se dedicó a investigar entre 2011 y 2012.

De esta manera, "La patria insospechada" llega a las librerías nacionales para complementar otras publicaciones del mismo tipo, como la "Historia secreta de Chile", de Jorge Baradit.

"Escribir pequeñas historias entrañables, tan olvidadas como escondidas dentro de 'La Historia'", afirma Lara al definir su libro. "Empecé a recorrer editoriales, pero no había interés. Hasta que explotó, un año, año y medio después, lo de Jorge Baradit. Si no fuera por su éxito, es probable que 'La patria insospechada' no habría llegado al papel".

-¿Cómo fue tu acercamiento a cada una de estas historias? ¿Las conocías con anterioridad?
-La visita de los poetas Evgueny Evtushenko en Santiago y Allen Ginsberg a Concepción me las había contado (como protagonista en ellas) Rigoberto Díaz Gronow. La de José Miguel Carrera en Nueva York fue posible porque un ex suegro argentino, Enrique Hermitte, marino mercante y bibliófilo, un día me regaló una primera edición de "El ostracismo de los Carrera". La de Angata surgió gracias a Pablo Seward, un antropólogo chileno, quien volvía de Rapa Nui el año pasado y comenzó a hablarme de dos personajes fascinantes: Angata y Routledge. Otras muchas surgieron de libros de cronistas y viajeros que fui comprando en librerías de usados en Buenos Aires. Y, esto es un dato importante, varias de las crónicas unen fuentes distintas, a veces, de diferentes épocas o momentos. De ahí que estén las voces de muchos de los protagonistas interactuando.

-¿Cuál fue la historia que más te costó investigar/escribir?
-La revolución de Angata. Es la más larga. Llegó a serlo porque está Angata, una mujer que reinventa el catolicismo y lidera a una comunidad que vive (encerrada en un corral, como ganado humano) los efectos de un apocalipsis político, cultural, sanitario y medioambiental en Isla de Pascua. También está la testigo del alzamiento, Katherine Routledge, un personaje en sí mismo. Y a ellas se une Enrique Merlet y los mini-dictadores isleños que le obedecían, la ceguera y ambivalencia de la Marina chilena, el asesinato en Valparaíso de rey Riroroko, etc. Cada uno por sí solo da para una crónica. Pero no quería hacer una historia "histórica" ni un resumen de las miradas antropológicas más novedosas, sino algo que hiciera al lector estar allí, en la carne de los isleños, que pudiera vivenciar la secuencia de hechos que destruyeron esa civilización en 80 a 100 años y que culmina con la revuelta (de Angata).

-¿Y hubo algún episodio que finalmente dejaste fuera por falta de fuentes que permitieran comprobar su verosimilitud?
-Comencé a escribir sobre la gira sudamericana de Walt Disney (1941) de la cual, hace relativamente poco, se hizo un documental. Pero no logré dar con el tono o con el detalle que me emocionara o hiciera entrever algo revelador del paso de "Walt y el grupo", como se les llamaba, por Santiago y Viña del Mar.

-¿A qué atribuyes el buen momento actual de novelas e investigaciones que exploran aspectos más bien desconocidos de la historia de Chile?
-Este nicho de la ficción y crónica que se alimentan de la Historia, existe en España, Francia, EE.UU. y Argentina hace décadas. Entonces, las editoriales, que en Chile tienen la costumbre de arriesgarse menos que los bancos, por fin se dan cuenta que 1 + 1 es igual a 2. Después, y esto es más especulativo, la dictadura y la Concertación hicieron un corte temporal muy fuerte: lo que hay antes de ellas se volvió muy lejano para los nacidos en los 80's y 90's. Por supuesto, eso no es así para los historiadores y estudiantes de Historia, que tienen visiones complejas y ricas, pero para la gente común el siglo XIX ya es… ¡el siglo antepasado!

-¿Por qué crees que muchas de estas historias han permanecido lejos de los lectores por tanto tiempo?
-Cuando un historiador académico escribe un libro o un ensayo, es como si tejiera una alfombra: se espera que sea sólida, gruesa, que resista el paso del tiempo. Que sostenga la caminata de muchas generaciones. El colorido o la emoción importan mucho menos. Los novelistas o cronistas, en cambio, trabajamos más con ese "hilito" brillante que al historiador le sobra o que esconde debajo de la alfombra. Libros como el mío o el de Jorge Baradit hay que verlos más bien como una colección de guirnaldas, de esas triangulares o las budistas con texto dentro. Son constelaciones de pistas posibles. Sucede que en el pasado hay "raíces" disponibles para crecer, como personas, como comunidad, como Estado, hacia atmósferas más ricas y luminosas.

-Imagino que por extensión o tiempo debes haber dejado algún capítulo fuera. ¿Podemos esperar un segundo volumen a futuro?
- "La patria insospechada" es un libro que surgió de muchas sorpresas y chispazos provocados de detalles de historias oídas o leídas; también gracias a estar lejos de Chile. Fue escrito sin presiones ni pretensiones. Influido estilísticamente, sin darme cuenta quizá hasta ahora, por las miniaturas maravillosas de Lytton Strachey y Simón Leys, por la irreverencia histórica de algún texto de Gore Vidal, por el tono maravilloso de las crónicas de Osvaldo Soriano. No sé si la fórmula pueda repetirse otra vez. Hay que esperar al veredicto favorable de los lectores que, sabemos, podrían no ser los de esta generación, sino los de alguna otra venidera.
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