Rolando Báez, curador de una exposición sobre la migración: "Nos preguntamos qué tan chileno es el arte en Chile"

La muestra del Museo de Artes Visuales fue compuesta en torno a tres miradas: los artistas que llegaron, los que se fueron, y las imágenes viajeras. Estará disponible en la institución hasta el 10 de febrero.

09 de Enero de 2019 | 14:24 | Por Magdalena Álamos, Emol
Cortesía MAVI
SANTIAGO.- La exposición "Qué lejos estoy del suelo donde he nacido" del Museo de Artes Visuales (MAVI) plantea una reflexión sobre la migración a partir del momento actual que se vive en nuestro país, en el que personas de diferentes nacionalidades han llegado a establecerse en Chile en búsqueda de mejores oportunidades económicas o huyendo de conflictos políticos.

Esta reflexión se realiza desde el punto de vista de las imágenes, mediante obras de la Colección del MAVI que fueron elegidas bajo tres miradas diferentes: los artistas que llegaron, los que se fueron, y las imágenes viajeras.

"Lo que propone es principalmente entender que la migración como la vemos en la actualidad, no es el único momento, no es la única instancia migratoria que ha habido en Chile y en el mundo", asegura a Emol el historiador del arte y curador de la exposición, Rolando Báez.

"Lo que hicimos fue hacernos una pregunta: ¿Qué tan chileno es el arte en Chile?", agregó.

Roberto Matta. Créditos: Cortesía MAVI

La muestra, que estará disponible en el MAVI hasta el 10 de febrero, incluye obras de José Balmes, Claudio Bravo, Roser Bru, Mario Carreño, Juan Dávila y Roberto Matta, llegando a cerca de 30 pinturas.

Además, se realizarán actividades de extensión como un seminario, talleres de verano y una muestra gastronómica. Todas ellas estarán bajo la premisa de la migración de imágenes y personas.

Los artistas que llegaron


Báez explica que cuando revisaron la historia de la visualidad en el país, notaron que "nuestro imaginario, la historia de nuestra visualidad responde también a la mirada de gente que no nació en Chile, entonces, eso también nos obliga a pensar nuestro patrimonio desde otros lugares", señala.

Un ejemplo es el caso colonial. "Teníamos que gran porcentaje de las piezas que están en nuestros museos, en los conventos, en las iglesias -que es arte religioso colonial- todos venían del mundo andino. No habían sido realizadas en Chile, provenían de Cuzco, Potosí", acentúa.

Créditos: Cortesía MAVI

Báez relata que en el siglo XIX, en el Chile republicano "el nombre central es el de José Gil de Castro que también era un migrante peruano. Y después tenemos toda la llegada de los artistas viajeros que pasan por Chile y construyen un imaginario", enfatiza.

"Pensar que la identidad es como algo rígido, las ficciones de pureza, esta sensación de estar en un espacio, en una chilenidad construida históricamente que es monolítica, empieza a disolverse", revela.

El historiador del arte cuenta que por un lado al país llegaron artífices por motivos políticos "como es el caso de José Balmes y Roser Bru que se forman en Chile, pero que llegan en barco el año 1939, (junto a) un contingente que fue muy, muy importante para el país".

Los que se fueron

Y por otro lado, "también teníamos artistas en esa colección que si bien habían nacido en Chile, el fuerte de su carrera se había desarrollado afuera. Caso más claro y paradigmático es el de Roberto Matta, que representa este artista cosmopolita, que deja su tierra para irse a Europa, París, a vivir en contacto con la modernidad y con la vanguardia", continúa.

Otro caso que menciona Báez es el de Juan Dávila, quien "por otros motivos, por un contexto político muy distinto, y por un tema también de disidencia sexual sale de Chile, se va a Australia donde se integra también un circuito internacional".

José Balmes, José Balmes, Roser Bru. Créditos: Cortesía MAVI

"Eso yo creo que permite entender que esos procesos migratorios son positivos, nos permiten generar nuevas formas de entender nuestro imaginario, nuestras prácticas, nuestra estética. Yo creo que por ahí va el sentido, sobretodo haciendo un guiño concreto a los procesos migratorios que hemos vivido actualmente", analiza el curador de la muestra.

"Nos damos cuenta que este mestizaje que produce la migración, esta necesidad de mezcla, siempre es positiva, esa es nuestra puesta, entenderlo desde ese lugar. Un aporte", considera.

Las imágenes viajeras


Dentro del estudio que hicieron, Báez destaca la imagen como un fenómeno de migración, como un formato visual que desde siempre y sobre todo en la época actual "viaja".

Según el historiador, las imágenes al instalarse en otro lugar adquieren otro significado.

Marcela Trujillo. Créditos: Cortesía MAVI

"También migran (las imágenes), son releídas, ya no son lo mismo, (pues) se instalan en un lugar en otros ecosistemas", asegura. "Ese concepto me gusta mucho, 'el ecosistema de las imágenes'".

"Vemos como desde la llegada de los españoles el Dios de occidente se instala y todo el resto del imaginario de los santos, de la virgen también es reconfigurado en América. Entonces, las imágenes siempre van a establecer viajes, siempre van a ir de un lugar a otro, y en ese tránsito se van a transformar", ejemplifica.

La exposición, curada por Báez y diseñada por Violeta Cereceda, en esta última parte se detiene en torno a la imagen, y realiza un "juego", en el cual se relacionan láminas de libros con la obra a la que están citando.

"Por ejemplo, un tríptico muy interesante de la artífice Marcela Trujillo que recrea esculturas romanas clásicas, lo pusimos con una referencia a las láminas que tienen que ver con la escultura griega. Y ahí también hay otro juego, que tiene que ver con cómo nosotros recepcionamos las imágenes, cómo las consumimos", dice.

Créditos: Cortesía MAVI

"Nosotros no tenemos los referentes a la mano, nosotros accedemos principalmente a partir de libros, de láminas, de imágenes web porque también somos unos consumidores de imágenes marginales. No estamos en el circuito de los grandes museos, no accedemos a las grandes obras. Entonces eso a mí también me parecía decisivo instalarlo", concluye Rolando Báez.

El horario en que se puede visitar la muestra es de martes a domingo de 11:00 a 19:00 horas, y el valor de la entrada es de $1.000 adultos. Los estudiantes, menores de 8 años y mayores de 60 cuentan con entrada liberada, y el público general puede acceder gratuitamente los domingos.
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