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Diez bandas sonoras imprescindibles de la inigualable filmografía de Ennio Morricone

Con más de 500 trabajos para cine y televisión, el maestro italiano abordó todo tipo de géneros y trabajó con algunos de los realizadores más respetados del planeta.

06 de Julio de 2020 | 14:28 | EFE / Equipo Multimedia Emol

Ennio Morricone, el alabado autor de más de 500 bandas sonoras fallecido este lunes a los 91 años, decía que creó su música pensando en las historias y que nunca cayó "en el equívoco del cine convertido en una sala de baile".

Nacido en Roma en 1928, se inició estudiando trompeta, el instrumento que tocaba su padre y el que dotó a sus composiciones al servicio de los mejores realizadores, de Bernardo Bertolucci a Pedro Almodóvar, pasando por Giuseppe Tornatore, Oliver Stone, Terrence Malick, Quentin Tarantino, John Carpenter o Brian de Palma.

Solo seis obras de su vastísima producción alcanzaron la nominación al Oscar y únicamente "Los ocho más odiados" (2016) la materializó, pero para entonces ya se había hecho más que acreedor de la condición de maestro en esa capacidad de llenar los oídos de imágenes y magia con trabajos como los de esta selección:

"Por un puñado de dólares" (1964)

Silbidos, látigos o gritos se mezclan con los sonidos de las guitarras, trompetas y hasta el arpa de boca, para una innovadora composición que marcó el estilo musical de los "spaguetti western" y dio a conocer al mundo el genio de Morricone.

"El bueno, el malo y el feo" (1966)

La coronación de la "trilogía del dólar" que trabajó junto a Sergio Leone, tiene uno de los momentos musicales más recordados de la historia del cine con el enfrentamiento final, acompañado por la composición "El éxtasis del oro". Esa pieza de música tan influyente ha sido utilizada por la banda Metallica para abrir sus conciertos.

"El clan siciliano" (1969)

Morricone demostró con esta película que era capaz de adaptar su música a cualquier género y realizó una de las composiciones más bellas para una película de robos, ligera e intensa a la vez, sin dejar de lado sus inusuales elecciones de instrumentos y sonidos.

"Novecento" (1976)

Bernardo Bertolucci se rindió al genio de su compatriota, del que dijo que había compuesto "más recordados de la historia del cine" para esta historia del proletariado italiano.

"Días de gloria" (1978)

La película maldita de Terrence Malick ha visto reconocido su valor cinematográfico con el paso del tiempo, pero su música fue considerada desde el principio como una de sus mejores partituras y fue su primer trabajo nominado al Oscar.

"Érase una vez en América" (1984)

Magistral ejercicio del compositor, que creó estilos diferentes para marcar las diferentes épocas en las que se desarrolla la historia. Y no dudó en utilizar piezas ajenas, como la conocida "Amapola", para redondear una banda sonora que alcanzó cotas de belleza que se creyeron insuperables en aquel momento.

"La misión" (1986)

La consagración de Morricone con una complejísima banda sonora que supo captar todos los matices de esta historia de religión, sacrificio y abuso de poder. Épica en muchos momentos y delicadísima en piezas como "El oboe de Gabriel", una nueva demostración de la adaptación del maestro a las necesidades de cada historia.

"Los intocables" (1987)

El dramatismo de la lucha contra la mafia por parte de agentes federales en el Chicago de la Ley Seca, queda reflejado en una música más clásica de lo habitual en las composiciones del italiano y que sirve de perfecto acompañamiento a la heroicidad de Ness y sus colegas.

"Cinema Paradiso" (1988)

Difícil de olvidar la imagen del joven Salvatore bajo la lluvia esperando a que Elena abra la ventana. O la del niño aprendiendo el arte de la cinematografía de manos de Alfredo. Sin la música de Morricone, esas escenas no formarían parte del imaginario colectivo.

"Malena" (2000)

¿Cómo captar musicalmente el amor platónico? Sólo hay que escuchar la banda sonora de este filme de Giuseppe Tornatore para entenderlo. Tristeza, melancolía y esperanza a partes iguales se deslizan entre sus notas, en una composición más sencilla y menos orquestal.

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