y reabrió el debate sobre el tratamiento mediático que la estrella pop recibe desde hace más de dos décadas. Esta vez, el episodio ocurrió
y rápidamente se convirtió en noticia luego de que varios testigos describieran una
.
Según relataron distintos medios estadounidenses, la cantante de "Toxic" cenó el miércoles por la noche en el restaurante Blue Dog Tavern, ubicado en Sherman Oaks,
acompañada por un hombre y una mujer, identificados posteriormente por su entorno como
su asistente y un guardaespaldas. Lo que parecía una salida informal terminó generando comentarios entre los clientes del lugar debido al
comportamiento errático que varios aseguran haber presenciado.
El primero en relatar públicamente lo ocurrido fue el periodista de espectáculos Jeff Sneider, quien aseguró que estaba cenando cerca de Spears y describió la experiencia como
"salvaje". Según contó posteriormente a Page Six, al principio no reconoció a la cantante porque llevaba anteojos de sol dentro del restaurante, pero pronto empezó a notar
comportamientos llamativos.
"La mujer se sentó y
comenzó a hacer muchos ruidos de ladridos y a tener arrebatos", afirmó Sneider. Recién cuando Spears se quitó los anteojos, él y su acompañante entendieron quién era la figura que estaba
generando tensión en el salón.
De acuerdo con el testimonio del periodista,
la cantante se levantaba constantemente de la mesa, caminaba por el restaurante y parecía incapaz de permanecer quieta. En uno de esos desplazamientos,
llevaba un cuchillo en la mano, algo que
alarmó a algunos clientes.
Aunque Sneider aclaró que nunca sintió que la artista tuviera intenciones violentas, aseguró que
una mujer ubicada cerca de ellos se mostró verdaderamente asustada. "Pensó que iba a apuñalarla", relató sobre la reacción de la comensal.
Otros presentes señalaron además que
Spears gritaba por momentos. TMZ sostuvo que
la escena se volvió tan incómoda, que varios clientes dejaron de conversar para observar lo que ocurría alrededor de la cantante.
Según los testigos,
las dos personas que acompañaban a Spears intentaron durante toda la cena convencerla de que volviera a sentarse y mantuviera la calma, aunque aparentemente sin demasiado éxito. "Era evidente que estaban tratando de controlarla", aseguró Sneider.
Otro de los momentos que llamó la atención ocurrió cuando
la cantante encendió un cigarrillo dentro del restaurante, cerca de la puerta. El personal del local habría intervenido inmediatamente y pedido a uno de sus acompañantes que le solicitara apagarlo.
La escena, según describieron quienes estaban allí, terminó dejando la mesa completamente desordenada. Un testigo incluso comentó que
parecía "como si un niño pequeño hubiera estado comiendo allí".
Sin embargo, pocas horas después de que la noticia comenzara a circular,
el entorno de Spears salió rápidamente a desmentir gran parte de las versiones publicadas.
En un comunicado enviado a distintos medios, el representante de la cantante afirmó que toda
la situación había sido "completamente exagerada" y acusó a la prensa de volver a construir una narrativa dañina alrededor de la artista.
"Britney estaba disfrutando de una cena tranquila con su asistente y su guardaespaldas", sostuvo el portavoz. Según explicó,
los supuestos ladridos y comentarios extraños en realidad formaban parte de una anécdota que Spears estaba contando sobre su perro y unos vecinos.
El representante también
negó categóricamente que la artista hubiera puesto a alguien en peligro con el cuchillo. "Simplemente estaba cortando su hamburguesa", aclaró.
Además, el entorno de la cantante denunció que el tratamiento mediático del episodio recuerda a la persecución que Spears sufrió durante los años más oscuros de su vida pública, cuando los tabloides documentaban obsesivamente cada uno de sus movimientos.
"Esto es exactamente lo que ocurrió hace 20 años, cuando intentaban mostrar a Britney como una mala persona", sostuvo el comunicado. "Es ridículo y tiene que parar", sentenció.
El episodio ocurre en un momento particularmente sensible para la artista. Apenas un mes atrás,
Spears ingresó voluntariamente en un centro de rehabilitación tras ser arrestada en marzo por conducir bajo los efectos del alcohol en Ventura, California.
La cantante se declaró culpable de un cargo reducido de conducción temeraria relacionada con alcohol, luego de que su defensa alcanzara un acuerdo judicial. Como parte de la sentencia,
deberá cumplir un año de libertad condicional informal, asistir a un curso sobre alcoholismo durante tres meses, y mantener tratamiento psicológico y psiquiátrico regular.
Según fuentes cercanas citadas por Page Six, la cantante se encontraba "muy bien" tras salir de rehabilitación y estaba "entusiasmada por empezar de nuevo". Las mismas fuentes señalaron que Spears continúa recibiendo terapia remota y trabajando activamente en su recuperación.
En medio de este proceso, la artista también habría fortalecido el vínculo con sus hijos, Sean y Jayden, fruto de su relación con Kevin Federline. Según trascendió, ambos jóvenes habrían sido fundamentales para convencerla de buscar ayuda profesional tras el incidente de marzo.