En "La Guerra de los Últimos", Jacob Elordi interpreta a Hig un piloto que junto a su fiel perro busca sobrevivir en un mundo post apocalíptico donde un virus aniquila a casi toda la humanidad.
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Ridley Scott es un director interesante, por decir lo menos. Su filmografía abarca tantos géneros e innovaciones cinematográficas, que incluso juntando a todos los nuevos directores que han brillado en los últimos años, no alcanzaría para igualar la
abundancia de filmes del veterano cineasta. Desde iconos como "Alien" y "Gladiador", pasando por cintas infravaloradas como "El último duelo", hasta películas extrañas como "Éxodo: Dioses y Reyes" o "La Casa de Gucci", Scott
siempre está probando en el cine, aunque no siempre le resulte. Un buen ejemplo de esto es su nueva entrega:
"La Guerra de los Últimos".
Esta adaptación literaria sigue a
Hig (interpretado por Jacob Elordi), un piloto en un mundo post apocalíptico donde un virus aniquila a casi toda la humanidad. Él, junto a su fiel perro,
busca sobrevivir el día a día a pesar de enfrentar amenazas constantes como enfermedades, grupos salvajes, cazadores, engañadores y más. Su única esperanza para seguir adelante es
llegar a un lugar seguro donde pueda restablecer algo de normalidad. Por esta misma razón, parte rumbo hacia el Este, pero
en el camino se encontrará con más de una dificultad.
Por más que suene como una película post apocalíptica de mucha acción,
"La Guerra de los Últimos" es una cinta más contemplativa que busca ahondar en la motivación de sus personajes, pero que nunca logra pasar la superficie. Es una adaptación a la que se le notan las piezas faltantes, porque la historia llega a puerto, pero
no te deja con la sensación de satisfacción o plenitud que esta aventura debería.
En esta nota revisamos las cosas buenas y malas de la nueva entrega de Ridley Scott.
Tiene buenos momentos
Partamos por lo bueno. Si hay algo que Ridley Scott siempre ha hecho con calidad es la
ejecución de grandes secuencias, incluso si dichas secuencias son algo innecesarias. "La Guerra de los Últimos" pasa mucho tiempo en la introspección de Hig, pero cuando no es así
logra llenar la pantalla de momentos de tensión y acción que son bastante interesantes.
La película tiene dos secuencias de acción que saben muy bien cómo atrapar nuestra atención. Ya sea en la persecución de un grupo de salvajes que intentan atrapar a Hig antes de que tome vuelo, o en otra escena donde el personaje de Bangley (interpretado por Josh Brolin) defiende su terreno frente a medio centenar de carroñeros, las dos secuencias tienen un pretexto parecido, pero se ven completamente diferentes.
La primera es de día, con varios planos generales para ver la distancia entre los perseguidores y el protagonista, mientras que la otra es de noche, en primera persona, para mostrar lo encerrado que se encuentra el personaje en problemas. Ambas son muy efectivas y muestran la maestría que tiene Scott en sus películas.
Josh Brolin en una escena de "La Guerra de los Últimos". Crédito: AP.Tonos totalmente disonantes
Si damos un paso hacia atrás y analizamos las escenas ya mencionadas en el contexto del resto de la película, podemos ver un problema. Y es que
"La Guerra de los Últimos" se centra en el duelo de Hig, quien perdió a su esposa (y todo lo que amaba) luego del mortal virus que atacó la Tierra. Esto se refleja en muchos montajes del personaje contemplativo mientras vuela, mientras observa a las personas que ayuda, o mientras regresa al hogar en Denver donde alguna vez vivió una vida normal. Estas son
escenas silenciosas donde la música toma el primer plano para evocar emociones en la audiencia.
Estas también son efectivas. El tema es que,
si de esto pasamos casi inmediatamente a la violencia que muestran las escenas de acción, más que unir la película en una gran aventura,
"La Guerra de los Últimos" parece tener dos películas en una. Los tonos son totalmente diferentes y, aunque hay una pequeña transición entre estos, no es suficiente para que se sienta natural.
Lo más probable es que la novela en la que se basa esta cinta haga estas transiciones mucho mejor y de forma más orgánica, debido a que puede pasar más tiempo en este mundo y en estos personajes. Obviamente, las limitaciones del cine no permiten contar todo lo que un libro contiene, pero para eso está el trabajo de adaptación, que debería elegir mejor cómo contar esta historia, para que al final del día los espectadores no sintamos la trama como una suma de escenas, sino como una cadena de sucesos cohesiva.
Un mundo vacío
La mejor forma de ver las cosas que faltaron en esta historia es dar otro paso hacia atrás y preguntarse cómo funciona el mundo en el que se basa "La Guerra de los Últimos". Si bien
la película presenta diferentes grupos de personas, no hay un hilo que explique bien cómo llegamos a este escenario, ni tampoco cómo se proyecta. Mientras Hig vuela por los aires, es difícil imaginar qué es lo que hay debajo de él. Se entiende que esa incertidumbre la compartimos con el protagonista y que es parte de su aventura: descubrir qué más hay afuera. El problema es que los diferentes grupos presentados son tan inconexos que no parecen vivir en el mismo planeta.
Hay algo que falta y es difícil de describir.
Esta explicación existe más que nada para entender por qué esta película parece no encontrar en su cierre una sensación de finalidad. El cine necesita arcos en sus personajes para poder ver evolución, involución o ambos, pero
esta cinta otorga un arco muy simple para la complejidad del mundo en el que se basa. Por lo mismo, la nueva entrega de Ridley Scott
termina siendo una película con algo de emotividad, pero ni cerca de los mejores momentos del director. Por lo menos nos sirve como un recuerdo de que este cineasta sigue vigente y seguirá intentando.
Nota 2,7/5,0"La Guerra de los Últimos" ya está disponible,
solo en cines.