A 20 años del bombardeo a Yugoslavia: El día en que la OTAN realizó una controvertida ofensiva

Miles de bombas cayeron por 78 días desde los cielos de Belgrado. El objetivo era claro, liberar a los kosovares de las fuerzas serbias tras su proclamación de independencia, en un conflicto mediático y que no estuvo ajeno de errores.

24 de Marzo de 2019 | 08:56 | Redactado por Diego Gaete/Emol

Una instalación petrolera de Belgrado se incendia tras un ataque de la OTAN, en la búsqueda del organismo de ayudar en la liberación de los kosovares.

EFE
El miércoles 24 de marzo de 1999 el ruido de los aviones caza llegando en la noche a Belgrado -entonces capital de Yugoslavia, hoy de Serbia- encendieron las alarmas en suelos yugoslavos. Los constantes ataques hechos por el escindido país europeo a Kosovo generaron la respuesta de la OTAN, que consideró que esta era la única vía para poner fin a una de las guerras más sangrientas de la historia.

El objetivo era culminar la guerra y en 78 días lo lograron, aunque no fueron pocos los que criticaron la forma en la que operó el organismo, en una acción que según Human Rights Watch, dejó 500 civiles fallecidos.

"No hay más alternativa"

La Guerra de Kosovo, que es el antecedente principal a los bombardeos, ocurrió entre el 28 de febrero y el 10 de junio de 1999, luego de que la antigua provincia sureña decidiera proclamarse independiente de Yugoslavia, siendo reconocida de forma internacional por varios países del mundo.

Como era de prever, Yugoslavia no estaba dentro de este listado, lo que provocó un conflicto interno entre los serbios y los kosovares, ya que ambos consideraban que esta región les pertenecía -un conflicto que se arrastra desde hace varias décadas- por lo que comenzó una disputa que dejó una gran cantidad de muertos y que requirió de la intervención internacional.

Antes de la ofensiva de la OTAN, entre enero y febrero de 1999 se celebró la Conferencia de Rambouillet, una instancia negociadora creada por el propio organismo para que se reunieran miembros de Kosovo y Yugoslavia. Fue un fracaso, ya que no se llegó a buen puerto y el conflicto prosiguió.

"No hay más alternativa que una acción militar", fueron las palabras del entonces secretario general de la organización, el español Javier Solana, tras concluir una reunión con los 19 países miembros del conglomerado. El personero agregó que había "fracasado el último esfuerzo diplomático" para alcanzar una solución a la crisis. "Ninguna alternativa se abrió para evitar una acción militar", sostuvo.

Aceptar los riesgos

Hecha la orden, el ataque comenzó. Se mantenía una esperanza: consistía en que el Presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, mostrara una "señal muy contundente" para seguir negociando, pero no eran muchas las expectativas.

De hecho, también había fracasado una segunda reunión entre el líder yugoslavo y el emisario de EE.UU., Richard Holbrooke, por lo que ya estaba tomada la decisión; mientras que en suelos serbios, el Primer Ministro, Momir Bulatovic, les advertía por televisión a sus ciudadanos que estaban en un "peligro de guerra inminente", la ofensiva estaba en marcha.

Aquella noche de miércoles, los cazas de las Fuerza Armadas españolas F/A-18 Hornet fueron los primeros en hacer caer sus misiles en Belgrado. El ataque fue progresando con la incursión de más de 1.000 aviones que estuvieron operando desde bases aéreas en Italia y Alemania, y el portaaviones USS Theodore Roosevelt, todo esto, bajo el accionar de una guerra "no declarada" en la que EE.UU., bajo la presidencia de Bill Clinton, fue protagonista.

"Los riesgos que conlleva el actuar hay que sopesarlos frente a los riesgos que suponen el no actuar"

Bill Clinton, Presidente de EE.UU.

"Los riesgos que conlleva el actuar hay que sopesarlos frente a los riesgos que suponen el no actuar", fueron las palabras del entonces Presidente norteamericano. Ante estas declaraciones, los gobiernos de Rusia y China rechazaron tajantemente la decisión de la OTAN.

Fueron 78 días de bombardeos, donde murieron 462 soldados yugoslavos y dos estadounidenses y se buscó destruir las defensas antiaéreas yugoslavas y varios otros objetivos militares. Los ataques se realizaron desde al aire para rebajar el número de víctimas de civiles, aunque de todos modos, produjo una importante destrucción en las ciudades.

Del bombardeo a la firma del acuerdo

Cuatro días después del ataque, el diario español El País recorrió las calles de Belgrado, constatando la difícil situación en que se encontraba: falta de gasolina, escasa circulación del transporte público, resplandores continuos ante explosiones y personas refugiadas.

"Somos un pueblo pequeño y hospitalario, ¿por qué nos tiran bombas?", mencionaba un empleado a la publicación española. "Todos decían que yo era un traidor. Ahora, cuando esa gente lo critica, yo lo defiendo para provocarlos", decía un quiosquero haciendo mención a Milosevic. "Todo esto me parece un sueño y pienso que tal vez mañana despertemos y la pesadilla pase", pensaba un joven que transitaba por las calles, en un conjunto de comentarios que podían reflejar el pensamiento común del pueblo yugoslavo.

Miles de bombas cayeron en este periodo desde los aires de Belgrado, que fueron suficientes para que el 10 de junio, el consejo de Seguridad de la ONU aprobara la resolución 1.244 que ponía fin a los ataques y que establecía que Kosovo pasaría a estar bajo una administración provisional internacional, mientras las tropas serbias abandonarían la zona.

A pesar de que se logró el objetivo, aún persisten las críticas a la OTAN por las decisiones tomadas durante la operación. Una fue seguir con ella pese al rechazo del Consejo de Seguridad de la ONU, pero quizás el daño más destacado fue "el trágico error" de bombardear la Embajada china en Belgrado, donde murieron cuatro personas, en un hecho que fue calificado por el Gobierno asiático como un "crimen de guerra".

Ya han pasado 20 años del ataque, pero este no se deja de comentar. Mientras que el ministro de RR.EE. de Rusia, Serguéi Lavrov, aseguró que Occidente no "aprendió nada (de los bombardeos)", Kosovo desde 2008 goza de su declaración de independencia, pero las esquirlas del conflicto persisten: Serbia sigue sin reconocerlo, al igual que potencias como Rusia y China.
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