Macron y los sindicatos: Cronología de los dos años de una "historia turbulenta" marcada por la desconfianza

Entre reuniones urgentes en el palacio presidencial del Elíseo, negociaciones bajo presión y desafíos provocadores, el gobierno francés y los sindicatos mantienen un historial de situaciones convulsionadas.

14 de Diciembre de 2019 | 08:45 | AFP, publicado por D.Toro

Presidente de Francia, Emmanuel Macron.

AP
El presidente Emmanuel Macron había avisado: prefiere que los sindicatos sigan en su lugar, es decir, en las empresas. "Quiero un sindicalismo menos político. Necesitamos intermediarios pero en el buen lugar", había explicado cuando era candidato.

Tras ganar las elecciones presidenciales, los sindicatos, algunos de los cuales ya habían tratado con Macron cuando estaba de consejero en el Elíseo o en el ministerio de Economía, tuvieron que insistir para ser escuchados.

La relación entre el gobierno y las formaciones sindicales está marcada por la "desconfianza", explicó a la agencia AFP Laurent Berger, número uno del principal sindicato de Francia, CFDT.


"Teorizaron que los cuerpos intermediarios eran impedimentos, y no impulsos para la democracia", analiza.

En 2016, la revisión del derecho laboral, la primera gran reforma del mandato de Macron pudo aplicarse sin problema, a pesar de la oposición de los sindicatos, que no lograron movilizar a la gente.

El presidente "juega con fuego"


Los sindicatos se sintieron ignorados, casi humillados, y la crispación fue en aumento. "Macron, es 'yo pienso, entonces tú sigues'", resume Pascal Pavageau, del sindicato FO.

"La concertación al estilo Macron, es 'sigue hablando, me interesas'", critica por su parte Philippe Martinez, secretario general de la CGT, una de las principales organizaciones del país. Para él, el presidente "juega con fuego".

El mayoritario CFDT, que mantuvo una buena relación con el gobierno anterior de François Hollande, ya no cuenta con el beneplácito del gabinete actual.

Según Laurent Berger, "con Emmanuel Macron, o se está de acuerdo con todo o no se tiene ni voz ni voto", explicaba en mayo de 2018. En aquel entonces, seis meses antes del estallido de la crisis de los "chalecos amarillos", este responsable sindical ya dijo que temía que hubiera una "radicalización".

Entretanto, en la empresa ferroviaria SNCF, tres meses de conflicto no impidieron que la gigantesca compañía se convirtiera en sociedad anónima, un reforma que los trabajadores vieron como una "imposición forzada".

En julio de 2018, en un hecho muy poco frecuente, las organizaciones sindicales y patronales se reunieron para preparar juntas un encuentro en el Elíseo, presentado por el jefe de Estado como la ocasión de "poner las bases de un nuevo contrato social, el del siglo que empieza".

Los sindicatos se felicitaron por la reunión, pero se mantuvieron en alerta.

"Haremos lo que queremos"


Un mes más tarde, hubo un nuevo encuentro, esta vez en Matignon, residencia del primer ministro francés.

A la salida, Philippe Martinez, fue tajante: "¡No cambió nada! Nos convocan para explicar qué vamos a hacer este año (...) y luego nos dicen 'de todas formas, haremos lo que querremos'".

En otoño de 2018, estalló la crisis de los "chalecos amarillos", un movimiento que puso en jaque al gobierno de Macron, destapando el profundo descontento en las clases más modestas.

El ejecutivo francés se enfrenta a uno de las peores conflictos sociales desde la llegada al poder de Macron y apenas consigue salir de él. El primer ministro, Édouard Philippe, rechaza la ayuda de Laurent Berger.


El desdén del gobierno hacia el movimiento sindical va arraigándose.

En el último episodio de esta saga, figuran las fallidas negociaciones en torno al seguro de desempleo. Macron dijo entonces que aunque siempre se habla de la participación de los interlocutores sociales, "cuando les das la mano, dicen 'señor, es duro, quédesela'".

Desde el 5 de diciembre, Francia vive a medio gas, paralizada por un movimiento social contra la reforma de las pensiones.

El proyecto que presentó el primer ministro suscitó la oposición frontal de todos los sindicatos, incluso de aquellos que apoyaban hasta entonces el principio de la reforma, que han pedido que la huelga y las protestas aumenten y se extiendan.

En tanto, el próximo martes habrá una nueva jornada de movilización nacional, la tercera en menos de dos semanas.
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