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¿Quiénes son los talibanes?: Un perfil del movimiento islamista que retomó el poder de Afganistán tras dos décadas

Tras veinte años bajo la presión de las tropas estadounidenses y sus aliados de la OTAN, los insurgentes fundamentalistas aseguran que impulsarán una "transición pacifica" del poder y un "gobierno inclusivo".

16 de Agosto de 2021 | 15:13 | Agencias, editado por Ignacia Munita, Emol
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AFP
Veinte años después de que el ejército de Estado Unidos invadiera Afganistán a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los talibanes lograron ingresar este domingo a la capital Kabul, tras la fuga del presidente, Ashraf Ghani, al extranjero, con lo que el grupo fundamentalista islámico volvió a tomar el control del país.

El rápido avance de los talibanes supone un revés para la política internacional del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ya que pese a las graves preocupaciones de los funcionarios afganos sobre la vulnerabilidad del Gobierno sin apoyo internacional contra los talibanes, el Mandatario anunció en abril de 2021 que todas las tropas estadounidenses habrían abandonado el país para el 11 de septiembre, dos décadas después de los ataques al World Trade Center.

El proceso de retiro de tropas norteamericanas y de sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) inició en mayo de este año, y coincidió con los sucesivos ataques talibanes que les permitieron avanzar en varias regiones del país.

Esta situación generó el caos en el aeropuerto de Kabul y miles de personas desesperadas por huir de Afganistán intentaron abordar vuelos de repatriación en el primer día bajo el control de los insurgentes.

La marea de gente comenzó a llegar desde la noche de este domingo al aeropuerto internacional Hamid Karzai. No obstante, todos los vuelos desde el aeropuerto internacional están temporalmente suspendidos, informó en un comunicado la autoridad de Aviación Civil de Afganistán.

Una transición pacífica

Se trata de una nueva generación, en parte, de los extremistas que conquistaron Afganistán entre 1994 y 1996 en medio del caos generado por los intentos de las guerrillas talibanes de dominar el país. En ese contexto, el creciente mercado de drogas financiaba a todos los bandos, de hecho, a finales de los 90', la nación de Medio Oriente era el principal productor de opio del mundo.

El grupo armado de los talibanes, o "estudiantes" en lengua pastún, tomó forma a inicios de los años noventa. En 1989, los muyahidines – combatientes por la yihad, o guerra santa armada – derrotaron a las tropas de la Unión Soviética en Afganistán, tras una década de guerra, y desde la frontera afgano- pakistaní, los insurgentes nacidos en los seminarios religiosos fundamentalistas prometieron orden y seguridad en su ofensiva para gobernar, según explica El País.

Desde ese entonces que la agrupación libra hace años una campaña terrorista- militar contra la democrática República Islámica de Afganistán, pese a la custodia de Estados Unidos. Según estimaciones de la OTAN, los talibanes cuentan actualmente con unos 85.000 combatientes.

De acuerdo a los expertos, el objetivo de los insurgentes apunta a impulsar la aplicación estricta de la sharia, o ley islámica, lo que incluye ejecuciones públicas, lapidaciones y deja prácticamente sin ningún derecho a las mujeres, a quienes se les exige estar totalmente cubiertas, y se les impide trabajar. En esa línea, los talibanes rechazan además los procesos eleccionarios, las estructuras democráticas y cualquier influencia extranjera.

Sin embargo, tras semanas de enfrentamientos entre los talibanes y las fuerzas afganas en toda la nación, el portavoz talibán Mohammed Naeem dijo que el grupo radical comenzará ahora el proceso de formación de un gobierno, afirmando que querían una "transición pacífica del poder" y que no apuntaban a dirigir el país de forma aislada.

De hecho, según consignó The Guardian, Naeem indicó que respetaban los derechos de las mujeres y la libertad de las minorías según la ley de la sharia, o ley islámica. "Pedimos a todos los países y entidades que se sienten con nosotros para resolver cualquier problema", sostuvo.

Con todo, se espera que en los próximos días se proclame un nuevo Estado Islámico en Afganistán.

El movimiento talibán también ha intentado presentarse como diferente a su pasado, señalando estar comprometidos con el proceso de paz, y que buscarán establecer "un gobierno inclusivo", además de estar dispuestos a mantener algunos derechos para las mujeres.

Según el portavoz de los talibanes, Sohail Shaheen, las mujeres aún podrían continuar su educación desde la educación primaria hasta la superior, lo que implica una ruptura de las reglas que predominaron cuando estuvieron al mando entre los años 1996 y 2001, e indicó que periodistas, diplomáticos, y organizaciones sin fines de lucro podrían continuar operando.

Asimismo, descartaron que su ingreso a Kabul represente un riesgo para la población, y manifestaron su rechazo ante cualquier tipo de represión o violencia. Incluso, se había ordenado a los combatientes talibanes que mostraran "humildad" y no dañaran a ningún civil ni a la propiedad cuando entraran a la capital afgana.

No obstante, la ciudadanía teme que el grupo fundamentalista retome las prácticas represivas que caracterizaron su periodo anterior, y que fomenten una estricta interpretación de la sharia, puesto que en algunas de las regiones capturadas recientemente por los talibanes, a las mujeres ya se les ha impedido asistir a escuelas y universidades, además de prohibirles salir de sus casas sin un acompañante masculino, conforme a The Guardian.

Líderes

El movimiento actualmente es dirigido por Mawlawi Hibatullah Akhundzada, quien fue nombrado líder de los talibanes en mayo de 2016, luego de que el mulá Akhtar Mansour falleciera durante un ataque aéreo de Estados Unidos en Pakistán.

En la década de 1980, Akhundzada participó en la resistencia islamista contra la campaña militar soviética en Afganistán, pero su fama se atribuye a su rol como clérigo religioso de alto rango de la generación fundadora de los talibanes, más que a su reputación como comandante militar. En efecto, Akhundzada trabajó como jefe de los tribunales de la sharia en los años 1990.

En la cúpula de los talibanes también se encuentra Sirajudini Haqani, jefe de la red Haqani, que fue fundada por su padre, un célebre comandante de la yihad soviética y está clasificada como terrorista por el gobierno de Estados Unidos, considerada como la facción combatiente más peligrosa ante las tropas estadounidenses y de la OTAN.

Pero el poder también recae en la figura del mulá Baradar Akhund, cofundador del movimiento talibán junto con el mulá Omar, fallecido en 2013. Baradar fue arrestado en 2010 en Pakistán, cuando era el jefe militar del movimiento, aunque fue liberado en 2018 por presiones de Washington.

Actualmente es el jefe de la oficina política de los talibanes, en Qatar. Desde allí llevó parte de las negociaciones con los estadounidenses, que fueron determinantes para la retirada definitiva de tropas del país asiático.

En gran medida el movimiento talibán depende del tráfico de drogas, además imponen impuestos a las empresas, se benefician del comercio de combustible en las zonas fronterizas bajo su control y operan minas ilegales dentro del país. Asimismo, los talibanes reciben fondos externos de simpatizantes, principalmente de Pakistán y de los países del Golfo.