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Las heridas que perduran en España a 10 años de la renuncia de ETA a la lucha armada

Hace una década se dio inicio a un proceso que culminó con la disolución definitiva del grupo terrorista en mayo de 2018. Sin embargo, aún hay heridas que no logran cicatrizar.

20 de Octubre de 2021 | 08:00 | AFP/Editado por Ramón Jara A., Emol
AFP
El 20 de octubre de 2011, la organización separatista vasca ETA anunció el "cese definitivo de su actividad armada", tras más de 40 años de violencia y más de 850 muertos. Una fecha clave en el País Vasco, que sigue intentando curar las heridas de este sangriento pasado.

"Es tiempo de mirar al futuro con esperanza. Es tiempo también de actuar con responsabilidad y valentía". Con estas palabras la organización, calificada como terrorista por la Unión Europea, anunció que renunciaba a la violencia.

"ETA con esta decisión histórica muestra su compromiso firme y definitivo" de "construir un escenario de paz y libertad", señaló el comunicado, publicado por el diario vasco Gara y leído en cámara por tres militantes con capuchas blancas y puño en alto con el emblema de la banda, una serpiente enroscada en un hacha, de fondo.

La declaración, que puso fin a la última insurrección armada en Europa occidental, marcó un "cambio mayor" para el movimiento independentista, a juicio de Rafael Leonisio Calvo, investigador en ciencias políticas y autor de "ETA, terror y terrorismo".

Más de 850 muertos

Fundada en 1959 bajo la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), ETA (Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y Libertad) reivindicó el recurso de la violencia, cometiendo numerosos atentados, asesinatos, desde el primero en 1968, y secuestros. Se le atribuyen más de 850 muertos en cuatro décadas.

Por ello, su comunicado hace una década constituyó "una sorpresa, sobre todo porque fue una decisión unilateral, sin contrapartidas políticas", señala Rafael Leonisio Calvo. "Pero en realidad, fue fruto de un largo proceso", acota.

Semanas antes, habían tenido lugar negociaciones secretas con las autoridades, a través de intermediarios. El principio "había sido acordado con el gobierno socialista de (José Luis Rodríguez) Zapatero", contó uno de los jefes históricos de ETA, Josu Ternera, en una entrevista reciente con AFP.

Estas negociaciones desembocaron en una conferencia internacional de paz, el 17 de octubre de 2011, en el palacio de Aiete en San Sebastián, con participación del ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, en la que se pidió a ETA abandonar la lucha armada para "promover la reconciliación".

En ese momento, la organización vasca se encontraba muy débil. Buena parte de sus líderes habían sido detenidos y sus depósitos de armas descubiertos por las autoridades.

"ETA se encontraba en un punto muerto, tanto en el plano militar como en el político", estima Eguzki Urteaga, profesor de la Universidad del País Vasco, que destaca la gran presión social sobre la banda para "cambiar de estrategia".

"Durante el franquismo, ETA se benefició del apoyo de una parte de la población opuesta al régimen. Pero después el rechazo a la lucha armada no dejó de aumentar, sobre todo a partir de 1995, cuando ETA decidió ampliar sus objetivos a miembros de la sociedad civil", explica.

Un análisis compartido por Rafael Leonisio Calvo, para quien ETA se hallaba en un "callejón sin salida".

Heridas por cicatrizar

El fin de la lucha armada, un año después de la última muerte atribuida a la organización (un policía francés abatido en 2010), parecía por tanto inevitable.

A partir de entonces, ETA llevó adelante un proceso de pacificación que la condujo a entregar sus armas el 8 de abril de 2017, pedir perdón a las víctimas en abril de 2018 y anunciar su disolución definitiva el 3 de mayo de 2018.

Pero a tres años de su desaparición, los resentimientos siguen vivos, lo cual se demostró en septiembre pasado, cuando una manifestación, finalmente desconvocada, para pedir la excarcelación del etarra Henri Parot, condenado por 39 asesinatos, provocó gran polémica y movilizaciones en contra.

"En estos diez años hemos avanzado (...) aunque todavía hay heridas que deben cicatrizar", reconoció el domingo el presidente regional del País Vasco, el nacionalista moderado Iñigo Urkullu, quien exigió "una valoración clara y compartida sobre la injusticia de la violencia" de ETA.

El lunes, los herederos del brazo político de ETA reconocieron sin ambigüedad "el dolor" causado a las víctimas por parte de la organización separatista vasca, algo que "nunca debió haberse producido".

Un mensaje recibido con cautela el martes por el gobierno del socialista Pedro Sánchez. "Este es un paso insuficiente", juzgó la vocera, Isabel Rodríguez, quien llamó a la izquierda separatista a "condenar" los homenajes a los ex etarras cuando salen de prisión.
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