La captura de
Nicolás Maduro no sólo remeció a Latinoamérica. La intervención militar estadounidense sumó adeptos y detractores en todas partes del mundo, y es ahí donde varias potencias aliadas de Venezuela criticaron con vehemencia lo ocurrido la madrugada del sábado y exigieron la liberación inmediata del líder chavista y de su esposa, Cilia Flores.
Los ojos se posaron en Rusia, China e Irán. Una vez se supo de la detención del heredero político de Hugo Chávez y su posterior traslado a Nueva York, estos tres países no dudaron en cuestionar la acción estadounidense. Pero más allá de esta postura esperable, hay una profunda preocupación respecto a la intervención de Washington en su principal aliado en Latinoamérica.
Según una nota del diario británico The Telegraph, "después de todo,
Estados Unidos aparentemente acaba de cortar el principal tentáculo sudamericano del nexo global antiestadounidense con una facilidad inesperada".
"Por cierto, a ningún autócrata le gusta ver a uno de los suyos capturado, encadenado y entregado, dejando su destino en manos de un tribunal extranjero para que lo decida", agregó el artículo firmado por Adrian Blomfield, quien remarcó que, "sin duda, Venezuela sirvió como cabeza de puente sudamericana para Irán, Rusia y, sobre todo, China, lo que les permitió a los tres expandir su influencia regional a expensas de Washington".
Hay una cosa clara: estas tres potencias, además de ser los grandes adversarios de EE.UU. a nivel planetario, han ejercido en Venezuela una influencia enorme que, en vista de los últimos acontencimientos, claramente podría cambiar. De momento, la presidenta encargada Delcy Flores -que asumió tras la detención de Maduro- invitó a Washington a trabajar en una "agenda de cooperación" luego de que la Casa Blanca la confirmara en el poder con miras a una transición política.
Lo cierto es que, más allá de los intereses públicamente reconocidos por Donald Trump para actuar en el país caribeño, también hay una clara intención de controlar el poder en toda la región, siguiendo la doctrina "Monroe", hoy rebautizada como "Donroe". Ya lo decía el exenviado especial de la Casa Blanca para América Latina en una nota de noviembre de The New York Times: "No puedes ser la principal potencia global si no eres la principal potencia regional".
"La operación crea una oportunidad única en una generación para que Washington traduzca sus preferencias de seguridad en una realidad estratégica, al garantizar que potencias extrahemisféricas como China y Rusia queden excluidas de una influencia significativa en Caracas", señaló por su parte el investigador Alexander B. Gray en un artículo de Atlantic Council.
Con todo, pese a esta situación, no hay claridad de cómo actuarán estas potencias en caso de que la amenaza de Donald Trump vaya más allá.
Rusia: ¿Una oportunidad para Putin?
La buena relación entre Venezuela y Rusia data de al menos 20 años. Ya a mediados de la década de los 2000, Caracas se convirtió en el principal comprador de armamento ruso en Latinoamérica, según consigna BBC Mundo. De acuerdo con este medio, el grueso de estas compras se registró entre 2005 y 2013, durante el gobierno de Hugo Chávez, por una cifra de US$11.000 millones.
La alianza también quedó de manifiesto en 2014, en momentos que la economía venezolana experimentaba sus primeras caídas ya con Nicolás Maduro en el poder. Ese año, la compañía petrolera Rosneft concedió a la estatal venezolana Pdvsa préstamos y créditos por cerca de $6.500 millones de dólares y en 2016 entregó otros US$1.500 millones más.
A nivel político, la relación fue fortaleciéndose con el paso de los años. Rusia es uno de los pocos países que reconoció el triunfo de Nicolás Maduro en las polémicas elecciones de 2024, donde las autoridades electorales lo proclamaron ganador pese a no presentar las actas de votación. En marzo de 2025, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, reconocía que Venezuela es un "socio latinoamericano muy importante".
La buena relación quedó de manifiesto el pasado 7 de mayo, tras la firma en Moscú por parte de Vladimir Putin y Nicolás Maduro del Acuerdo de Asociación Estratégica y Cooperación, el cual fue ratificado meses después por los parlamentos de cada país.
El acuerdo, que tiene una vigencia de diez años y es automáticamente prorrogable, destaca que ambos países promueven un estable desarrollo del mercado energético sin restricciones artificiales y se oponen a las sanciones unilaterales. También se comprometen a desarrollar nuevos yacimientos de petróleo y gas, y abogan por hallar una alternativa a los sistemas de seguros del transporte petrolero.
Asimismo, tras el inicio del despliegue de navíos militares por parte de EE.UU. en el Caribe a partir de octubre pasado, el Kremlin se contactó con el régimen de Maduro y, ante la posibilidad de prestar apoyo a Caracas, remarcó que
Rusia y Venezuela están unidas por "obligaciones contractuales".
Sin embargo, tras la captura del líder chavista surgieron las dudas sobre qué hará el gobierno de Putin más allá de condenar la acción estadounidense. Según dijo la analista Alexandra Sitenko al medio español El Confidencial, "no habrá un aumento del apoyo militar, y mucho menos el envío de tropas. Putin no ha intervenido porque carece de capacidad para hacerlo. Rusia no dispone de bases militares en Venezuela ni en su entorno inmediato, ni mantiene una presencia naval en el Caribe. Además, no existe ningún tratado de asistencia militar mutua que obligue a Moscú a actuar en defensa de Venezuela, lo que limita aún más sus opciones de respuesta".
De todos modos, la analista remarcó que Rusia tiene varios proyectos vigentes en Venezuela, como la fábrica de municiones Kalashnikov, que comenzó a funcionar en julio pasado en el estado de Aragua, lo que se suma a su participación en cinco grandes proyectos petroleros, "intereses que difícilmente estaría dispuesta a abandonar", explicó. En esa línea, "Moscú hará todo lo posible en el plano político para preservar su presencia en el país y proteger estos activos estratégicos".
Por otro lado, el analista Ruslan Trad dijo al mismo medio que Maduro representa más bien para Putin un activo de bajo costo relativo "pero de gran valor simbólico" que le servía a Moscú "demostrar su capacidad como gran potencia dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos". Es por eso que perder a este aliado "supone un golpe al prestigio ruso". "La incapacidad de Moscú para proteger a un Estado aliado
expone los límites prácticos de la proyección de poder ruso fuera de su entorno. Venezuela era útil en términos de prestigio y para incomodar a Washington, pero no era esencial para la seguridad ni para los intereses económicos de Rusia", afirmó.
No obstante, la caída de Maduro también podría beneficiar a Putin, ya que el conflicto en Venezuela puede desviar la atención estadounidense de Europa, después de varios meses presionando para lograr un acuerdo de paz en Ucrania.
China: La importancia del relato
China también ha sido un socio clave para Venezuela. Según BBC Mundo, citando datos de 2023 del centro de estudios Diálogo Interamericano, Beijing le ha prestado a Caracas cerca de US$59.000 millones de dólares desde la llegada del chavismo al poder, "mucho más que a cualquier otro país de la región". Este pago estaba garantizado con ventas de petróleo a futuro.
Sin embargo, la ayuda ha disminuido en los últimos años. Los fondos antes mencionados fueron entregados entre 2008 y 2015, y a partir de 2019 los aportes fueron decayendo, en concordancia con las múltiples sanciones impuestas por Washington a Venezuela. De esta forma, en el último tiempo China no ha invertido grandes sumas de dinero en proyectos en el sector petrolero o minero.
"Hay que destacar que, aunque China no ha otorgado nuevos créditos,
ha seguido recibiendo petróleo venezolano y probablemente ha proporcionado al gobierno venezolano algún beneficio por esas actividades extendidas en los últimos años", explicó a la BBC Evan Ellis, investigador especializado en América Latina de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos.
Más allá de eso, el país asiático fue vital en el combate a la pandemia de covid-19, entregándole a Venezuela mascarillas, medicamentos, trajes de bioseguridad y purificadores de aire, además de millones de dosis de las vacunas desarrolladas por laboratorios chinos contra esta enfermedad.
En materia política, ambos países firmaron en 2023 un "acuerdo de Asociación Estratégica a Toda Prueba y a Todo Tiempo" durante la visita de Maduro a China. Sin embargo -y al igual que en el caso de Rusia- los especialistas coinciden que, para Beijing, Venezuela "es un socio útil en el plano discursivo y simbólico, más que un aliado al que esté dispuesto a ofrecer respaldo militar en un escenario de confrontación directa con Estados Unidos", según explicó el diario El País de España.
De acuerdo con este medio, esto se debe, entre otras cosas, a que "el peso económico real de Venezuela para el país asiático ha perdido relevancia frente a otros socios regionales, como Brasil, Chile, Perú o México".
De todos modos, Venezuela "ha seguido sirviendo estos años a China como una pieza útil para su relato", aseguró El País, por lo que este nuevo conflicto servirá para fortalecer esta postura, aunque no irá más allá de las palabras.
Irán: Apoyo mutuo y un "enemigo" en común
Pese a las diferencias culturales, Irán y Venezuela comparten algunas cosas en común. Ambos países cuentan con enormes reservas de petróleo, están controlados por regímenes autoritarios y tienen como enemigo a Estados Unidos.
Es por ello que, a partir de los gobiernos de Hugo Chávez y Mahmud Ahmadinejad, estas dos naciones fortalecieron una relación que llegó a niveles altísimos, con la suscripción de más de 180 acuerdos bilaterales en diversas áreas, con un valor de US$17.000 millones, según reportó BBC Mundo. Muchos de estos tratados, sin embargo, "se quedaron en el papel", mientras que otros se cumplieron a medias.
La relación decayó tras la muerte de Chávez y la suscripción por parte de Irán del acuerdo sobre su programa nuclear con EE.UU. y otras potencias mundiales, no obstante,
todo cambió tras la llegada de Donald Trump al poder en 2016 y su decisión de romper el citado pacto. De esta forma, el lazo entre Caracas y Teherán volvió a crecer.
De acuerdo con CNN en Español, en los últimos años el vínculo bilateral entre ambos países "ha ido más allá de la retórica antiimperialista y las visitas protocolares" y se ha centrado en la cooperación en áreas estratégicas, especialmente en el sector militar. Asimismo, la república islámica ayudó a Caracas durante la escasez de combustible sufrida en 2020.
Con todo, un grupo de analistas señaló en octubre pasado al mismo medio que "es Venezuela quien más necesita el vínculo con Irán de lo que los iraníes requieren de Caracas". Según Alfredo Rodríguez Gómez, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (España), "Irán tiene otros sitios donde poner su mirada de carácter político, estratégico, me refiero a sus proxies en Oriente Medio, o recuperar su relación con Rusia. La ayuda que proporcionó en otros años ahora no se ve".
Más allá de todo eso, Irán y Venezuela sumaron un nuevo punto en común: ambos países fueron bombardeados por Estados Unidos en el último año. Los hechos ocurridos el sábado llevaron a Teherán a condenar la acción de Washington y exigir la liberación de Nicolás Maduro.
Pero al igual que en los dos casos anteriores, no se estima que Irán -que carga con sus propios conflictos en Medio Oriente- pueda hacer algo más.