Quedaban solo minutos para que se cumpliera la hora impuesta por
Donald Trump cuando Estados Unidos e Irán lograron finalmente un acuerdo de alto al fuego de dos semanas que permitió también l
a reapertura del estrecho de Ormuz y dejar en suspenso el ultimátum del Mandatario norteamericano al país persa. Los 14 días que vienen serán de negociaciones para poder poner un final definitivo a una guerra que se ha extendido por 37 días.
Se trata, no obstante, de una tregua bastante frágil que ya ha tenido sus primeros problemas. Este miércoles, Irán volvió a cerrar el paso de buques petroleros por el estrecho de Ormuz luego de que Israel continuara con sus ataques contra el Líbano, asegurando que dicho país no estaba contemplado en el pacto alcanzado la noche del martes. Los bombardeos, que han dejado al menos 254 muertos y 1.165 heridos según la Defensa Civil libanesa, fueron respaldados por Trump.
Con todo, los observadores internacionales ya sacan conclusiones sobre qué ganó y qué perdió cada una de las partes involucradas en este conflicto que ha tenido una serie de consecuencias políticas y económicas en todo el mundo.
Lo cierto es que estas dos semanas serán de atención (y tensión) total a la espera de concretar la tan anhelada paz.
EE.UU.-Israel: Una guerra que se extendió más de lo esperado
El 28 de febrero, y luego de meses de preparación conjunta, Estados Unidos e Israel desarrollaron un operativo que incluyó una serie de bombardeos en Irán en zonas estratégicas del país. El resultado sorprendió: horas después el país persa confirmaba la muerte a raíz de estos ataques de su líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, y de otros personeros clave del régimen islámico.
Esta intervención, aseguraban desde Washington, se hizo con el afán de destruir cualquier aspiración nuclear de Irán, enemigo declarado de Estados Unidos e Israel. Asimismo, se buscaba desmantelar al régimen de los ayatolas, sumamente cuestionado en el último tiempo por la profunda represión registrada semanas antes en el contexto de las masivas protestas en su contra.
Se podría decir, en esa línea, que
la gran victoria de la alianza israeloestadounidense fue destruir zonas estratégicas de Irán -sobretodo vinculadas al desarrollo militar y nuclear- y además
desmantelar la cúpula del poder del país persa. Además de Jamenei, los diversos ataques registrados desde el 28 de febrero han acabado con la vida de jefes militares y políticos que jugaban roles clave en el manejo del país.
Lo cierto es que, más allá de que el Presidente Donald Trump remarque haber logrado un "cambio de régimen" en Irán, ahora el liderazgo lo tiene Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido ayatola que representa una continuidad en el poder. A diferencia de Venezuela -donde Washington visó la presidencia de Delcy Rodríguez tras capturar a Nicolás Maduro-, esta vez la Casa Blanca no incidió en la elección del nuevo líder.
Todo esto desencadenó un conflicto que se ha extendido mucho más de lo planificado al principio. Lo que sería una cuestión de dos semanas ya superó el mes de duración y ha dejado en claro que las cosas no han salido como las esperaba Trump y su gobierno.
Estados Unidos tampoco ha contado con el respaldo de sus aliados, principalmente los países de la OTAN. Reino Unido y Francia afirmaron desde un principio que no se sumarían a una guerra que "no es de ellos" e incluso líderes como la italiana Giorgia Meloni -que conserva una gran relación con Trump- han preferido no involucrarse directamente en el conflicto. Washington, en este sentido, se ha quedado solo.
En medio del conflicto, además, hubo una jugada que cambió todo:
el cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz, una zona clave en la economía mundial ya que por ahí pasa buena parte del petróleo planetario. Esto generó alzas significativas del precio del crudo y diversos llamados de todo el globo a deponer la violencia.
Lo que hizo Trump, sin embargo, fue querer solucionar la situación echándole más bencina al fuego y amenazando con atacar las estructuras energéticas de Irán si no reabre el estrecho de Ormuz. El ultimátum, no obstante, ha sido aplazado varias veces.
Con todo, mientras por un lado se busca negociar una salida al conflicto, el Mandatario estadounidense no ha parado con las amenazas, que cada día subían más de tono. La última fue el martes, horas antes de que se cumpliera el ultimátum: "Esta noche morirá una civilización entera para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá", escribió en su cuenta de Truth Social.
Todos estos mensajes le han valido a Trump un descrédito tanto a nivel internacional como en su propio país. Figuras que alguna vez fueron sus grandes aliados y seguidores hoy han criticado duramente sus palabras e incluso han cuestionado su estabilidad mental.
Así, mientras más avanza la guerra, menos apoyo concita Estados Unidos.
Irán: La pérdida del líder supremo y el control de Ormuz
Sin duda que la primera gran derrota de Irán se registró el 28 de febrero, al comienzo del conflicto. Los ataques de ese día demostraron cómo la inteligencia israelí y también la estadounidense lograron penetrar en lo más profundo del poder iraní y acabar con su líder supremo y otros jefes militares y políticos.
El poder iraní se desmanteló por completo y tomó varios días para levantarse, con la designación de Mojtaba Jamenei como líder supremo. Asimismo, el país persa ha sufrido bastante con los múltiples ataques que han destruido edificios, ciudades y han acabado con miles de personas.
Con todo, Irán ha resistido mucho más de lo que se pensaba. Asimismo, la gran jugada de cerrar el estrecho de Ormuz le dio
un poder jamás previsto antes del conflicto. Básicamente,
Teherán tomó el control de una zona donde antes no tenía esa facultad y logró poner en jaque al mundo entero.
Este control de Ormuz le ha permitido a Irán negociar y darle dolores de cabeza a Estados Unidos. Las autoridades islámicas saben que tienen en su poder una zona estratégica. Y así quedó demostrado ayer, ya que ahora las conversaciones se llevarán cabo en base a los 10 puntos propuestos por el país persa.
Del mismo modo, Teherán ha logrado desestabilizar al Golfo Pérsico e inquietar a los aliados de Estados Unidos en la región, como Qatar y Arabia Saudita, que han cuestionado duramente a Washington y ven con temor cómo una escalada del conflicto podría afectarlos dramáticamente.
Con todo, aún quedan dos semanas para seguir sacando conclusiones. El escenario, claramente, podría cambiar.