Disturbios en el Parque O'Higgins y recorrido por regiones: Así fue la visita del Papa Juan Pablo II a Chile (Parte II)

Desde el 3 al 6 de abril de 1987, Karol Wojtyla se movió por siete ciudades del país, en donde el país fue testigo desde una misa en el mar con los pescadores en el sur, hasta una ceremonia en pleno desierto en el norte.

11 de Enero de 2018 | 08:03 | Por Francisca Domínguez, Emol
SANTIAGO.- Manifestaciones en el Parque O'Higgins en contra del régimen de Augusto Pinochet y un barrido del país de sur a norte fueron los hitos que marcaron la segunda parte de la visita que el Papa Juan Pablo II realizó a Chile entre el 1 y 6 de abril de 1987.

Con unos tensos primeros días en los que la complicada situación política del país se manifestó en varias de las actividades que el Pontífice realizó en la capital, el panorama se fue relajando en las jornadas siguientes, sobre todo cuando éste partió su recorrido por distintas regiones del país.

Ad portas de la llegada del Papa Francisco, revisa cómo fue la visita de Juan Pablo II, la primera que un Pontífice realizó a Chile.

Virgen del Carmen y Carmen Gloria


El viernes 3 de abril fue probablemente su día más activo de la gira, jornada en la visitó siete establecimientos distintos dentro de la capital. Su día comenzó a las 8:20 horas con un encuentro con religiosas en el Templo Votivo de Maipú. El santuario fue mandado a hacer en 1818 por Bernardo O’Higgins en agradecimiento a la Virgen del Carmen por vencer en la Batalla de Maipú. En ese mismo lugar, Juan Pablo II rindió un nuevo homenaje a la imagen de la Virgen y la coronó frente a los miles de espectadores.

Más tarde, llegó a la casa central del Hogar de Cristo y visitó el santuario donde rezó frente a la tumba del padre Alberto Hurtado. Allí no sólo estuvo con los enfermos y les dedicó unas palabras, sino que también se encontró en varias ocasiones con Carmen Gloria Quintana, quien un año antes había sido quemada por una patrulla del régimen mientras participaba de una manifestación contra Pinochet.

La jornada continuó con encuentros con el mundo académico y de la cultura -en la casa central de la Universidad Católica- y con diplomáticos y representantes de organizaciones internacionales en el edificio de la Cepal, donde su discurso se centró en la pobreza y la desigualdad. "¡Los pobres no pueden esperar!", instó a los presentes.

¡El amor es más fuerte!


No obstante, el mayor hito se produjo más tarde. La que debía ser una fiesta de la reconciliación y una celebración por la beatificación de Teresa de Los Andes, se transformó en el episodio más caótico y tenso de la visita. En medio de la misa que el Pontífice realizaba en el Parque O'Higgins, que se inició a eso de las 17:00 horas y que congregó a miles de asistentes, manifestantes contrarios al régimen iniciaron disturbios que fueron contrarrestados por las fuerzas de seguridad presentes.

De pronto, el recinto que poco antes había estado colmado de rezos, canciones y la voz de Wojtyla, fue usurpado por las lacrimógenas, barricadas y violencia. No sólo los carros lanza aguas y los efectivos de seguridad se enfrentaban a los protestantes que lanzaban todo tipo de objetos en contra de la multitud, también lo hicieron religiosos presentes entre el público y guardias papales.

La misa de detuvo por algunos minutos, en los que los organizadores recomendaron a Juan Pablo II salir del recinto. Sin embargo, éste decidió quedarse y continuar con su discurso. Mientras los disturbios seguían en el fondo, el Papa emitió su frase más icónica del viaje: "¡El amor es más fuerte!".

Una vez finalizada la ceremonia, cuando Juan Pablo II debía salir del Parque O'Higgins, se tomó unos minutos para arrodillarse y rezar en el mismo escenario. La imagen del Papa tomándose la cabeza con ambas manos y con su mirada penetrante hacia el público quedó como la postal de esa tarde.

La jornada terminó con una visita a la sede de Obras Pontificias, donde se reunió con la comunidad de inmigrantes polacos, su país natal, y con otras autoridades políticas. Tras esto, el Papa iría a descansar para al día siguiente continuar con la gira en regiones.

El sur: mar y paz


A eso del mediodía del sábado 4 de abril, Juan Pablo II pisó suelo magallánico. Arribó al aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo de Punta Arenas. El día estaba frío, por lo que apenas se bajó del avión el Papa se puso un abrigo blanco. Cerca de 40 mil asistentes lo recibieron en el Estadio Fiscal con cánticos y banderas chilenas, argentinas y vaticanas. Allí realizó una misa de agradecimiento por la mediación entre Chile y Argentina en el conflicto de Beagle, que unos años antes estuvo a punto de provocar una guerra entre ambos países.

Más tarde el Pontífice llegó hasta Puerto Montt, donde inició un recorrido por el mar en el buque Cirujano Videla de La Armada. La embarcación realizó un trazado en forma de cruz mientras Wojtyla, con un llamativo sombrero rojo, admiraba la costa. En el mar, realizó una breve eucaristía con los pescadores, que lo veían desde sus propios botes, y lanzó una corona de flores al agua. Ya en tierra, hizo una nueva ceremonia en conmemoración de los 500 años del comienzo de la evangelización en América.

En la noche, casi a las 22:00 horas, llegó a Concepción, donde envió un mensaje televisado a los fieles penquistas. El día siguiente, domingo 5 de abril, el Papa se dirigió al Club Hípico de la ciudad, donde realizó una misa ante 500 mil personas. El discurso se basó en los trabajadores, sobre todo en los dedicados a la extracción de carbón en la zona.

A las 13:00 horas Wojtyla ya se encontraba en Temuco. En la Pampa Ganaderos (hoy Villa Juan Pablo II) se instaló el escenario -cuya cruz principal aún permanece erguida- desde donde le dirigió unas palabras a la comunidad mapuche y a los campesinos del sector.

El norte: el desierto y la despedida


Hasta Coquimbo llegó ese mismo día, donde a eso de las 17:00 horas realizó una misa en el Club Hípico de Peñuelas dedicada a la religiosidad popular y a la devoción mariana, tan patente en el norte del país a través de los distintos bailes, fiestas y tradiciones. Cerca de 85 mil fieles asistieron desde diversos lugares de la región, incluso muchos llegaron a acampar a Coquimbo y La Serena en terrenos dispuestos por ambos municipios.

Esa noche llegó a Antofagasta, el último destino dentro de Chile antes de partir a Argentina. Se alojó en el Instituto Santa María, que tuvo que pasar por un proceso de habilitación previo para recibir a Juan Pablo II. La habitación donde durmió aún se mantiene casi intacta en ese colegio.

"En este momento de la despedida, mi oración se dirige a Dios, para que corrobore en cada uno de vosotros el firme deseo de afrontar los problemas que os aquejan con ánimo sereno y positivo, con voluntad de encontrar soluciones por el camino del diálogo, de la concordia, de la solidaridad, de la justicia, de la reconciliación y el perdón"

Papa Juan Pablo II
Desde ahí, a las 21:00 horas, envió un mensaje televisivo a los antofagastinos y al día siguiente, el lunes 6 de abril y último día de su visita al país, partió a la cárcel de la ciudad, donde los reclusos escucharon su mensaje y le cantaron "Mensajero de la vida".

Finalmente, a eso de las 10:00 horas, Wojtyla realizó en el desierto su última eucaristía en suelo chileno, en el sector de Las Quintas. Tras esto, fue trasladado hasta el aeropuerto Cerro Moreno, desde donde despegaría rumbo a Buenos Aires.

Antes de partir, Juan Pablo II dedicó unas últimas palabras a los chilenos: "En este momento de la despedida, mi oración se dirige a Dios con misericordia, para que corrobore en cada uno de vosotros el firme deseo de afrontar los problemas que os aquejan con ánimo sereno y positivo, con voluntad de encontrar soluciones por el camino del diálogo, de la concordia, de la solidaridad, de la justicia, de la reconciliación y el perdón".

No obstante, fuera de protocolo, el general Pinochet decidió hablar públicamente por última vez ante el Pontífice y expresó, según publicó el diario español El País, que "la tarea que estamos afrontando, y de cuyo éxito depende la realidad y los valores decisivos, como la soberanía y el ser nacional, exige un esfuerzo supremo de todas nuestras potencialidades. Su magnitud exige que este esfuerzo nacional reciba el auxilio desde arriba". Era la primera vez que un Presidente daba un discurso en la despedida del Papa una vez realizado el cierre oficial.

*Esta es la segunda parte de la nota publicada el lunes 8 de enero.
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