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Columna de opinión: El desafío de la participación

María Cristina Escudero, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la U. de Chile, se refiere a lo que se viene en la Convención.

25 de Septiembre de 2021 | 10:20 | Por María Cristina Escudero I.
El Mercurio
Cuando nos aproximamos a cumplir tres meses desde la instalación de la Convención Constitucional, esta se encuentra en la recta final de aprobar el reglamento que le fijará en detalle su forma de funcionamiento.

El camino recorrido hasta aquí muestra que la Convención encontró la forma de funcionar y es cada vez más resolutiva. En los hechos, en las últimas semanas la Convención marcha a toda velocidad, con plazos muy acotados, largas jornadas y bastante dedicación.

Consolidó un borrador de reglamento, al cual se le hicieron 1.128 indicaciones cuyo requisito de presentación requería, para cada una, al menos 30 patrocinios de constituyentes, un buen ejercicio para salir a buscar apoyos. Esto no ha sido exento de problemas, tensiones y tropiezos, y aún quedan importantes desafíos.

En lo procedimental uno de los desafíos más importantes es lograr implementar mecanismos de participación incidentes. Es decir, mecanismos que complementen o ayuden al proceso deliberativo y sean considerados en el debate al interior de las comisiones o el pleno, según corresponda.

Para ser incidentes, los mecanismos de participación tienen que cumplir algunos requisitos. Estos deben ser oportunos o, en otras palabras, tienen que realizarse de tal manera que logren alimentar el proceso de toma de decisiones.

Para lograr incidir, la participación debe hacerse con una metodología clara y sistematizarse. La legitimación del proceso a través de este tipo de mecanismos exige que la ciudadanía también pueda conocer los resultados de esa participación con los fundamentos de por qué algunas ideas se acogieron y otras no.

La experiencia de participación en procesos constituyentes recientes muestra que con facilidad las asambleas constituyentes han sido desbordadas por la participación, porque no se anticipó su diseño y no hubo una instancia especial que se hiciera cargo de ella durante el proceso.

Es importante que el reglamento simplifique los mecanismos de participación, los haga funcionales a los tiempos del debate y especifique quién(es) estarán a cargo de que funcione.

Otro aspecto relevante es considerar que la participación no está llamada a reemplazar la representación, sino a complementarla. En otras palabras, son las y los convencionales quienes están mandatados para llegar a los acuerdos que se necesitan para hacer el borrador de la nueva Constitución.

El quorum de dos tercios es exigente en este sentido. Como se ha señalado reiteradamente, la consecuencia de este quorum, dadas las características de la Convención, es que se requerirá de mucho diálogo y disposición para alcanzar los acuerdos. La participación actúa como un insumo y como un mecanismo de legitimación del proceso, pero no como un reemplazo de los esfuerzos de diálogo que se deben hacer.

Dado que los mecanismos de participación complementan y no reemplazan la representación es que es preferible que se haga a través de cabildos, audiencias o propuestas de grupos de la sociedad civil organizada, pero no de plebiscitos.

Este último mecanismo para dirimir controversias desincentiva los esfuerzos que se deben poner en lograr los dos tercios, más aún, puede provocar la obstrucción de una minoría para buscar en la ciudadanía una aprobación que se salte el complejo ejercicio de concesiones mutuas al que se debe estar disponible para que la nueva Constitución interprete la mayor cantidad de posiciones posibles. Los plebiscitos pueden ser útiles en otras situaciones, pero no cuando se debe construir un texto en base a múltiples acuerdos y tiempos acotados.

Un último aspecto de la participación para que logre el objetivo de vincular a la ciudadanía con el proceso constituyente, es que tienen que existir formas de participación abiertas a toda persona que quiera involucrarse. Sin perjuicio que formas más sofisticadas de sorteo o muestras aleatorias de la población pueden jugar rol, los caminos para que las personas que quieran aportar al debate puedan hacerlo, deben ser prioritarios.

No tendremos otra oportunidad en el futuro cercano para legitimar las estructuras sobre las cuales seguir construyendo nuestra sociedad, por lo tanto, mientras más personas validen el proceso, más apoyo tendrá la nueva Constitución que emane de él.
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