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Alto número de indecisos y cambios en el electorado: La incógnita abierta sobre la participación en las presidenciales

Según los expertos, aún es difícil aventurar cuánta gente acudirá a las urnas en noviembre, aunque coinciden en que lo más probable es que se reproduzca un escenario similar al visto en las elecciones de 2017.

26 de Septiembre de 2021 | 07:17 | Por Felipe Vargas, Emol

Los analistas ven complicado superar la participación vista en el plebiscito de 2020.

El Mercurio.
Esta semana se inició la recta final de la campaña hacia las elecciones presidenciales y poco a poco se van despejando las dudas que rodean el proceso. Ya se sabe que son siete postulantes a La Moneda, se publicó el padrón electoral habilitado para votar y los candidatos ya están debatiendo sobre sus programas, entre otros hitos.

Sin embargo, existe una incógnita que pocos se atreven a resolver: ¿Cuánta gente participará en los comicios? Y es que distintos expertos coincidieron en que existe una serie de variables que han surgido en los últimos meses que podrían influir en la cifra de personas que acudirá a las urnas en noviembre.

Según explicaron a Emol, algunos aspectos a tener en cuenta son revisar si la mejor situación sanitaria que atraviesa el país impulsará la asistencia a los locales de votación o mirar la alta cantidad de indecisos que muestran las encuestas, lo cual podría impactar en un menor interés en el proceso electoral.

Al respecto, la investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Josefina Araos, comentó que "es un mal momento para las predicciones, considerando los vaivenes en la participación electoral. Las encuestas más recientes han mostrado además preferencias que pueden leerse como contradictorias".

"Por ejemplo, hay una demanda por cambios radicales, pero una elevada valoración de la institucionalidad; o un alto apoyo a la candidatura de Boric y, al mismo tiempo, una identificación de centro en aumento. Ahora bien, la importancia atribuida a una elección suele impactar la participación y, por lo mismo, la presidencial debiera concitar interés", añadió.

En esa línea, Araos recalcó que "uno esperaría en ese sentido que se mantenga y aumente la participación de las primarias de julio. Pero esto también depende de que las personas sientan que hay cosas relevantes en juego, y eso está en manos de los candidatos y en su capacidad de mostrar que nadie tiene el partido ganado. Cualquiera que se asuma favorito, arriesga golpearse luego con la realidad".

Una opinión similar planteó el cientista político y académico de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, quien sostuvo que "es extraordinariamente difícil de predecir. La encuesta Cadem previa al Plebiscito preguntó sobre la participación electoral, considerando las personas que tenían totalmente decidido ir a votar. En un momento, esa declaración llegó a ser de 90% y terminó participando el 50,9%".

"Previo a ese Plebiscito, era el 70% de la gente que decía que estaba segura de ir a votar, que es más o menos el mismo porcentaje que tenemos ahora. Yo veo muy difícil que la participación electoral consiga rebasar el 50%, considerando que el minuto de máximo interés político que fue el plebiscito y participó el 51%", indicó.

En esa línea, Morales advirtió que "me parecería una muy buena noticia llegar al 50%, ojalá lo sobrepasemos, pero eso se ve muy difícil hoy por hoy y así lo muestra la encuesta del CEP, que dice que hay un 50% de gente que no sabe o no contesta la pregunta”.

En tanto, la politóloga y profesora de la Universidad Católica, Julieta Suárez-Cao, coincidió en que "es difícil hacer pronósticos, algo que tiene el voto voluntario es que es precisamente difícil saber quiénes a último momento se van a acercar o no a las urnas y por eso las encuestas están fallando tanto".

"Pero dicho esto, creo que el Plebiscito marcó un cambio en la participación y vimos que participaron más personas de sectores vulnerables y personas jóvenes. Ahora, mi impresión es que hubo una vuelta a la media, a este sesgo de participación en que las personas más grandes y de comunas más privilegiadas tienden a votar en mayor medida que personas más jóvenes y ubicadas en otras comunas", aseguró.

En ese sentido, la experta sostuvo que "mi impresión es que en noviembre ya no deberíamos tener el efecto pandemia y va ser precisamente donde vamos a ver si va a haber algún cambio respecto a la masa de votación o si volvemos a los bajos niveles y a la participación sesgada de otras elecciones, que quizás sea lo más probable".

"No es lo mismo un Plebiscito donde se pregunta por la Constitución que elegir personas en un contexto de alta crisis de representación. Ojalá la participación aumente, pero hay que movilizar a la gente y reencantarla con la política para ello, me parece que por si sola, la inercia de la abstención es fuerte", subrayó.

Cambios en la conducta electoral


Otro elemento a considerar lo aportó el sociólogo y director de Tuinfluyes.com, Axel Callis, quién apuntó que en términos de participación, "lo que está sucediendo no son tendencias ni cálculos, son datos duros. Desde el 2017 hasta la fecha han votado cerca de 9 millones y medio de personas distintas, o sea, es mucha gente con voto voluntario".

"Entonces, eso está diciendo que la forma de votar del chileno cambió, más que el volumen, y eso quedó de manifiesto el 2017, cuando entre primera y segunda vuelta se retira un millón de personas, que casi todos eran electores de Beatríz Sánchez, y llega un millón 400 mil nuevos, que eran personas a votar por Sebastián Piñera", detalló.

Según Callis, "luego, en el plebiscito llega un millón y medio nuevo y después sale un millón 300. Es decir, lo que estamos viviendo más que un momento electoral de abstención, es un momento electoral 'a la carta' se podría decir, en el que las personas entran a votar de acuerdo a lo que ellos estiman les satisface, no a todo evento".

"Nos acostumbramos, fruto de una dictadura muy larga, a que teníamos que votar en todas las elecciones, todos. Bueno, los electores que votamos en todas las cosas, van de salida y está entrando un elector que a diferencia de los más boomer como se dice ahora, votan de acuerdo a lo que les gusta y si no les gusta, no van", planteó.

Por ello, el analista expresó que "entonces, la pregunta es cuál va a ser el menú presidencial y parlamentario que va a haber en noviembre y de acuerdo a eso va a haber una convocatoria. Lo más probable es que tengamos a los mismos 7 millones de siempre, pero que sean otros 7 millones en comparación con el 2017 o el plebiscito".

"Es decir, hay recambio, hay toda una población mayor que se fue de votar durante la pandemia y que no ha vuelto a votar y que lo más probable es que si tenemos estas tasas de positividad cercana al 1% o la variante delta está más o menos controlada, muchos de ellos vuelvan a votar en noviembre", sostuvo.

Asimismo, recordó que ese segmento es el de "los que no votaron en el Plebiscito y en todo el año 2021 y esa es una población grande que votaba bastante seguido. Ahí podríamos tener una sorpresa, en vez de tener menos gente, tener más, porque recordemos que entró 1.400.000 personas nuevas a votar en el Plebiscito y que no lo habían hecho nunca".

Al respecto, Araos comentó que "las tendencias se ven en el largo plazo, pero desde el plebiscito ha empezado a observarse una suerte de despertar del voto de los más jóvenes, en desmedro de los mayores. Uno podría pensar que el interés juvenil irá consolidándose, en un contexto de politización de ese grupo, pero es difícil saber qué pasara con el voto de las personas de más edad".

"Una razón de peso en su abstención puede haber sido el coronavirus y considerando que la presidencial ocurrirá en un mejor momento de la pandemia, tal vez vuelvan a participar. Podrían incluso dar una sorpresa y será hábil el candidato que intente convocarlos", afirmó.

Con todo, consideró que "es fundamental tomar conciencia de lo impredecible que se ha vuelto el comportamiento electoral, algo que obliga al cuidado en los análisis y a la mesura de los candidatos, pues nadie ha terminado de convocar a una ciudadanía que, sin embargo, tiene muchas expectativas sobre los procesos políticos en curso".

Qué pasa con los indecisos


La última encuesta CEP dio cuenta de un 50% de personas que aún no definen por quién votarán para que lidere el próximo gobierno, lo cual a juicio de los expertos es un elemento a considerar de cara al análisis de la participación, aunque Morales apunta que en ese sondeo se pregunta sobre preferencias y no sobre intención de voto.

"El CEP no pregunta sobre intención de voto, pregunta sobre preferencias electorales. De hecho, la pregunta es abierta, se puede mencionar cualquier persona y eso explica por qué hay un volumen muy alto de no sabe o no contesta. La Cadem si hace la pregunta de intención de voto y ahí la porción baja a un 27%", indicó.

No obstante, reconoció que "no hay candidatos muy atractivos y por lo tanto la participación debiese ser menor, peo todavía queda campaña. El 2017 en primera vuelta votó el 47%, en la segunda el 49,9% y probablemente estemos entorno a esas cifras. Llegar a una cifra superior al 50% sería una noticia muy buena".

Para Suárez-Cao, la cantidad de indecisos "sigue siendo muy amplia en comparación a las presidenciales anteriores. Si bien es difícil ver los motivos por los cuales la gente puede estar indecisa, podría ser un indicador que nos puede llevar a pensar a que quizás la participación no sea muy alta y que siga en la línea de lo que ha venido siendo la última década, que es paupérrima".

"Yo no sé si es alto el interés que generen las candidaturas, creo que tiene mucho más que ver con la crisis de representación que tenemos", agregó, junto con exponer que "tampoco pondría todo el peso en el electorado", ya que a su juicio las autoridades no han hecho cambios significativos para aumentar la participación.

"Desde la reforma del voto voluntario, pese a que muchos académicos y expertos hablaron de que no era una buena idea y que podía tener efectos fuertes en la legitimidad de la representación democrática, ha habido muchos proyectos, pero todo el sistema institucional está hecho para que la gente no vote", lamentó.

En ese sentido, comentó que "para mí no es culpa del electorado, hay una responsabilidad enorme del gobierno que ha sido altamente negligente en no seguir con todas las reformas que podrían incentivar la participación ciudadana convencional y esto también tiene un correlato en un aumento de la participación ciudadana no convencional, en manifestaciones y protestas y hay que hacerse cargo de eso".
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