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Columna de opinión: El significado del 18 de octubre

Ante todo, el 18 de octubre es el fin de un régimen político. Si entendemos por tal a un conjunto de reglas e instituciones que organizan y distribuyen el poder, no cabe duda de que ese día fue el inicio del fin del régimen que se configuró a partir de los ochenta en la dictadura.

15 de Octubre de 2021 | 07:50 | Por Carlos Peña
La Segunda
¿Tiene algún significado el 18 de octubre? Por supuesto que no. Los hechos carecen en sí mismos de significado. La muerte de una persona, la caída de una piedra, el nacimiento de un niño, un incendio, en cuanto hechos, son equivalentes. Son mudos. No tienen significado. Los hechos en sí mismos son un sinsentido.

Y lo mismo ocurre con lo que pasó el 18 de octubre del año 2019. Los hechos que entonces acontecieron —y a los que siguió una estela similar— no tienen significado. El significado es externo a los hechos, el significado les viene desde fuera de sí mismos. Se les atribuye un significado del que, por sí mismos, carecen.

Ahora bien, habitualmente el significado que se atribuye a los hechos es ex post, es muy posterior a su ocurrencia, es retroactivo. Algo que en el momento vivido puede ser dramático o triste o augurar un desastre, a la luz de los hechos posteriores puede ser alentador, o auspicioso, o configurar un nuevo inicio. La vida humana es un buen ejemplo de ello. Lo que a usted le ocurrió hace una década o dos pudo entonces parecerle un desastre, pero a la luz de lo que le siguió resultar una buenaventura. La suma de los hechos que llamamos historia o vida humana es como una novela en curso: cada página adquiere pleno significado a la luz de la que viene, lo que en una página se relata puede ser modificado por la que le sigue.

Gracias a eso no somos esclavos de lo que nos ha ocurrido.
Así entonces lo que cabe preguntarse es qué significado puede darse al 18 de octubre, a la luz de la comprensión de la que hoy somos capaces.

Ante todo, el 18 de octubre es el fin de un régimen político. Si entendemos por tal a un conjunto de reglas e instituciones que organizan y distribuyen el poder, no cabe duda de que ese día fue el inicio del fin del régimen que se configuró a partir de los ochenta en la dictadura. El presidencialismo reforzado acabó ese día. Del 18 en adelante solo ha subsistido su gestualidad —y en ocasiones ni siquiera eso—, pero la autoridad que poseía se esfumó como por encanto. La autoridad, como lo saben los psicoanalistas, siempre descansa en una fantasía, en el supuesto saber de quien la ejerce, en el poder que oculta. Pues bien, el 18 de octubre la fantasía presidencial se disipó. Y sin esa envoltura fantasiosa dejó de haber autoridad y quedó solo el rastro del poder (los romanos distinguían, como se sabe, entre auctoritas, el poder socialmente reconocido, y la potestas, el poder puramente formal).

Junto con lo anterior, el 18 de octubre fue el momento en que la comprensión que la sociedad chilena tenía de sí misma comenzó a desmoronarse y principió a demandar otra. Hasta el 18 de octubre todavía tenía sentido hablar de la nación chilena como una comunidad con un pasado y una memoria comunes. El 18 de octubre asomó la simbología que indicaba que en la sociedad chilena subyacía una diversidad de memorias e identidades. Irrumpió la política de la identidad —pueblos, minorías—, que obliga a modificar la comprensión que la sociedad chilena tiene de sí misma.

Pero junto con la disolución de la auctoritas y el cambio de comprensión que de sí misma tenía la sociedad chilena, el 18 de octubre dio también inicio a un proceso —el que lleva adelante hoy la Convención Constitucional— que muestra que Chile, a pesar de la crisis que ha padecido, está dispuesto a reafirmar su voluntad de constituir una comunidad política con un futuro compartido, con una unidad de destino.

Cierto: el 18 de octubre fue un acontecimiento hasta cierto punto violento y destructivo. Es verdad. Pero la única forma de limar su perfil amenazante consiste en desproveerlo de sus aspectos disolventes y ruinosos asignándole el significado de un nuevo inicio. De otra forma la humareda de ese día y el horizonte encendido nos seguirá acompañando.
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