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Manfred Svensson: "No hay nada de deliberación genuina cuando todos están hablando desde sus identidades"

El doctor en Filosofía de la Universidad de los Andes plantea también que "nadie es dueño de un electorado cautivo. Los países, los continentes, no son de derecha ni de izquierda".

05 de Octubre de 2022 | 08:02 | Por Cecilia Román, Emol.
Crédito: Universidad de los Andes
La derrota del proyecto de la Convención Constitucional, el gran respaldo que tuvo José Antonio Kast en la elección presidencial pasada, el apoyo que ha recibido Jair Bolsonaro en los comicios brasileños y el triunfo de proyectos de derecha o ultraderecha en Europa son parte de los hitos en la historia reciente que los académicos buscan comprender y explicar por estos tiempos.

Hay quienes plantean que detrás de todo eso podría haber un razonamiento en común que tendría que ver con el momento que está atravesando la izquierda a nivel mundial, hoy criticada por priorizar la "política identitaria" y dejar de lado discursos de los que se está haciendo cargo la derecha.

No obstante, el académico del Instituto de Filosofía de la U. Andes e investigador asociado del IES, Manfred Svensson, plantea en entrevista con Emol que no por mirar esos hechos se puede afirmar que exista un "giro a la derecha" y que basta atender lo que ha sucedido en América Latina.

"Dicho eso, efectivamente hay un problema de conexión de la izquierda con el pueblo que pretende representar, por mucho que hoy gobierne en buena parte del continente. El caso chileno puede ser el más elocuente", afirma.

—¿A qué cree que responde el creciente respaldo a la derecha - ultraderecha que se está produciendo en Europa por ejemplo, con el caso de Italia, Suecia, Francia?

"El caso con el que estoy más familiarizado es el de la elección sueca, donde un partido con fuerte acento antimigratorio sacó 10 puntos más que la derecha tradicional. Pero ahí ocurre que mirando el detalle de la votación uno se encuentra bastante rápido con otra sorpresa: que un partido islamista, Nyans, alcanzó el 30% en algunas zonas. Hay al menos ciertos enclaves, en ciudades importantes, en que es una fuerza con la cual contar. ¿Cómo esto no va a ser parte crucial de la explicación?"

"En nuestro medio ya hay una reacción ante la proporción del fenómeno migratorio, a pesar de que involucra diferencias culturales y religiosas muy menores a las enfrentadas en Europa. Esta es sola una parte de un cuadro más complejo, obviamente, pero no se puede barrer estos temas bajo la alfombra y luego poner el grito en el cielo por las consecuencias".

—¿Ha visto algo así en América Latina también?

"Hay gente que mira lo ocurrido en Europa, la derrota de la Convención en Chile, el desempeño electoral de Bolsonaro, y concluyen que estamos ante un masivo giro hacia la derecha. No me parece para nada que ese sea el caso. Al menos en Latinoamérica basta una mirada superficial al mapa para notar un predominio muy significativo de la izquierda".

"Creo que lo primero que debemos hacer es tomar nota de ese hecho y tratar cada problema –porque problemas hay en todos lados– en su justa proporción. Dicho eso, efectivamente hay un problema de conexión de la izquierda con el pueblo que pretende representar, por mucho que hoy gobierne en buena parte del continente. El caso chileno puede ser el más elocuente".

"Los continentes no son de derecha ni de izquierda"


—¿Por qué la izquierda no ha logrado sintonizar con la ciudadanía en estos países?

"Lo primero que hay que recordar es que nadie es dueño de un electorado cautivo. Los países, los continentes, no son de derecha ni de izquierda. Puede sonar a una obviedad, pero dada la sorpresa con que nos preguntamos cómo la izquierda perdió el vínculo con la población parece bueno recordar esta hecho: ese vínculo no es un hecho de la naturaleza, Latinoamérica no tiene una vocación de continente de izquierda. Como en todas partes, los distintos sectores políticos deben mostrar a la ciudadanía su oferta de desarrollo, de comunidad, libertad, paz y seguridad, y ver cuál es la respuesta. ¿Pero tiene la nueva izquierda alguna oferta clara en esos ámbitos elementales, o solo tiene agendas de nicho?"

—En los últimos años se ha criticado que la izquierda ha pasado de plantear sus programas desde la "igualdad" a proclamar lo que se llama hoy "política identitaria" como su bandera de lucha. ¿Considera contradictoria esta postura actual con esa propia igualdad en la que antes se enfocaban?

"Nuestra CC abrió con un discurso de Loncón que puso en primer plano la plurinacionalidad, que a mi parecer ilustra que la política identitaria por lo bajo altera las prioridades"

Manfred Svensson
"Hay quienes creen que estas dos orientaciones pueden convivir de modo armónico, que solo se les pasó un poco la mano hacia los acentos identitarios. Eso no me convence mucho. Nuestra Convención Constitucional abrió con un discurso de Elisa Loncón que puso en primer plano la plurinacionalidad, un ejemplo que a mi parecer ilustra de modo muy claro que la política identitaria por lo bajo altera las prioridades. Y como gobernar es priorizar, ese sencillo hecho ya los arruina".

"La cuestión ahora es cómo salen de este pantano, porque hay toda una reflexión teórica, un conjunto de tradiciones intelectuales, que los ha guiado en esa dirección. Entonces la pregunta no es simplemente si acaso tras una derrota electoral hay políticos dispuestos a dar un golpe de timón, sino que también estamos ante una pregunta sobre la orientación intelectual de la izquierda. Hay personas tomándose en serio esa tarea, por supuesto, ¿pero suficientes?".

—¿En qué personajes de la izquierda ve esta preocupación por esa tarea sobre su orientación intelectual?

"Podría mencionar a Alfredo Joignant en la discusión nacional. Si uno mira fuera de Chile uno podría notar que este tipo de reflexión crítica se encuentra tanto entre quienes integran el mainstream –ahí uno puede mencionar a Mark Lilla– como también entre pensadores muy críticos del conjunto de la modernidad occidental, como Jean-Claude Michéa".

—Y a su juicio, ¿cómo podría este sector salir de ese pantano?

"¿Están buscando tratar con justicia la pluralidad del país o están buscando transformarlo a imagen de su propia idea de diversidad? Es el clásico problema del pluralismo"

Manfred Svensson
"Todo esto obviamente requiere una revisión muy profunda, y aquí me permito sugerir la lectura del reciente número de la revista Punto y Coma, dedicado a una evaluación crítica de la nueva izquierda".

"Pero por ahora diría dos cosas. En el plano político, tal vez lo más necesario es preguntarse en qué medida es posible algo así como una revolución democrática. El camino de la revolución y el camino de la democracia no convergen de modo tan sencillo como algunos imaginan. Y en el plano cultural tienen que hacerse una pregunta muy elemental: ¿están buscando tratar con justicia la pluralidad del país o están buscando transformarlo a imagen de su propia idea de diversidad? Es el clásico problema del pluralismo".


—Usted tuiteó hace poco que "Benjamin Kaplan alguna vez señaló que la novedad moderna no es la tolerancia, sino la tolerancia como credo. Como ilustra este caso, se trata de un fenómeno bien ambivalente" ¿Cómo interpreta usted esta ‘tolerancia como credo’?

"El caso que comentaba ahí era uno muy típico: el psicólogo Jonathan Haidt acababa de renunciar a una importante asociación científica porque se estaba introduciendo un deber de justificar cómo la propia investigación contribuye a la equidad, la inclusión y el antiracismo. Ese tipo de requisito es un buen ejemplo, me parece, de la diversidad como credo. Y es una tendencia que arrastramos desde los comienzos de la discusión moderna sobre la tolerancia. Locke, por ejemplo, creía que solo puede considerarse tolerante a una iglesia que enseñe la tolerancia. ¿Es sensato fijar ese tipo de exigencias en lugar de contentarnos con que simplemente sean tolerantes? ¿No hay algo intervencionista en todos estos proyectos de regulación de la diversidad?"

"Divided by Faith, la obra de Kaplan a la que aludía, es una magistral historia de cómo en la modernidad temprana personas de muy distintas orientaciones supieron poner en práctica la tolerancia no como un credo, sino mediante acomodos frágiles, a veces puramente pragmáticos, pero reales. Me parece que tenemos harto que aprender de esa aproximación".

El proyecto de la CC y el Presidente Boric


—¿Qué lectura hace en este marco sobre lo que ocurrió en Chile con el proyecto de nueva Constitución? ¿Tiene que ver con el mismo rechazo a la priorización de las "políticas identitarias"?

"Aunque el fracaso de la Convención obviamente obedece a múltiples causas, esta efectivamente me parece ser central. Antes decía algo sobre cómo la política identitaria altera las prioridades. Pero la historia de la Convención y el texto que produjo nos recuerda que esta mentalidad trae consigo varios problemas más. De partida hubo una relación mezquina con el pasado del propio país, que personas como Baradit retrataron como una historia de puro despojo. El victimismo ocupa ahí un lugar importantísimo. Pero ese victimismo no solo atrofia la relación con el propio pasado, sino también con el presente: no hay nada de deliberación genuina cuando todos están hablando desde sus identidades".

"El victimismo no solo atrofia la relación con el propio pasado, sino también con el presente. No hay nada de deliberación genuina cuando todos están hablando desde sus identidades"

Manfred Svensson
"Hablamos mucho ahora sobre los "bordes" que debe tener el trabajo del próximo órgano constituyente, pero una parte importante se juega en mantener a raya ese espíritu. No hay norma que lo garantice, claro está, pero el ambiente ha cambiado de un modo que permite ser optimista".

—¿Cree que la derecha en Chile tiene una oportunidad de capitalizar algo de este momento?

"Esto lo puede capitalizar una derecha que tiene harto de espejo de esta izquierda. El victimismo, el gusto por la performance, el afán por ser disruptivo, la guerra cultural, todo eso está presente ahí, pero sumado a un discurso en torno al orden que toca una necesidad real. Si no queremos vernos tironeados en torno a esos dos polos hay que pensar bien cómo se construye una alternativa generosa, un camino que haga espacio para las distintas sensibilidades culturales, políticas y religiosas del país. Más que preguntarnos quién capitaliza eso, hoy creo que debemos hacer sentir a todos la responsabilidad que pesa sobre sus hombros".

—¿Cómo interpreta usted las explicaciones que ha dado el Presidente Boric tras el triunfo del Rechazo, cuando dice que "no se puede ir más rápido que tu pueblo"?

"Esta es una tesis que el Presidente ha sostenido más de una vez y que ya podemos leer como una suerte de explicación oficial de La Moneda respecto de las causas de su derrota. Y se trata de una frase obviamente problemática: aquí no hay un problema de velocidad, sino de rumbo; quien ignora eso está ignorando que hay muchos rumbos posibles, y así ha dejado que su progresismo triunfe sobre su pluralismo. Pero este tipo de explicación además aísla al gobierno de la realidad, como si no hubieran sufrido la mayor derrota de sus vidas hace un mes".

"Solo así cabe explicarse que mientras unos –como la ministra Tohá– buscan reconectar con la ciudadanía, otros crean que la bandera del aborto es lo que el país espera de ellos hoy. Con su explicación de la derrota, el Presidente tristemente se sitúa en este segundo polo".

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