El Consejo de Facultad, órgano colegiado de las unidades académicas, está integrado por el/la Decano/a –que lo preside-, los/as directores/as de departamentos y escuelas, los directores/as de los institutos y centros –cuando corresponda-, y por académicos/as de libre elección, quienes duran dos años en sus funciones.
En dicha instancia, según detallan en la U. de Chile, actualmente estudiantes y funcionarios/as no son reconocidos oficialmente en el Estatuto como integrantes de los Consejos, sin embargo, cuentan con participación sólo con voz en estos espacios a través de representantes de sus organizaciones gremiales, del mismo modo que los/as académicos/as.
De aprobarse este jueves la triestamentalidad, funcionarios y estudiantes podrán participar con voz y voto en la discusión sobre las políticas de desarrollo académico e institucional de las facultades, en el contexto de los lineamientos y estrategias emanados del Senado Universitario.
El debate
Este jueves, un grupo de senadores universitarios de la U. de Chile, que forman parte del ala que está a favor de la triestamentalidad, enviaron una carta a El Mercurio, donde expresan la relevancia de esta jornada y dan cuenta del intenso debate que se ha desarrollado al respecto.
En el texto sostienen que la Reforma Universitaria de 1968 en nuestro país logró avances significativos en esta materia. "Sin embargo, este proceso fue bruscamente interrumpido y revertido durante la dictadura cívico-militar. Años después, la conformación del Senado Universitario, concebido como un espacio de representación diversa, brindó una luz de esperanza para retomar estas aspiraciones. Hoy, la comunidad universitaria se mantiene expectante, reafirmando su compromiso con este anhelo de mayor participación y democracia interna".
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No obstante, la implementación de la triestamentalidad ha generado reacciones desmedidas en algunos miembros de la comunidad. Sectores conservadores dentro del mismo Senado Universitario se oponen incluso a una propuesta de participación minoritaria de estudiantes y funcionarios/as no académicos en los consejos de facultad que debe implementarse por mandato legal, señalando que su implementación amenaza la convivencia interna y la excelencia académica de nuestra universidad", subrayan.
Añaden que "resulta lamentable constatar que estos razonamientos se sustenten en la idea, a nuestro juicio retrógrada, de que la Universidad deba limitarse a ser un espacio exclusivo de deliberación académica, desconociendo así su profundo e ineludible rol social y político".
"Igualar la capacidad de decisión de los estamentos no es un acto de disociación funcional, como se sugiere, sino de restitución de lo común. No hay saber sin cuerpo, no hay investigación sin soporte material, no hay universidad sin estudiantes. Rehusar esta interdependencia no es custodiar la calidad académica, sino blindar la verticalidad institucional. En vez de temer a los espacios deliberativos 'políticos', habría que temer a la universidad, donde el saber se produce sin memoria y la crítica se castiga como ineficiencia. Si la misión de la Universidad de Chile es resguardar la libertad académica y el pensamiento plural, su destino no puede decidirse sin la voz activa de todas sus partes", subrayan.
Por su parte, el Dr. Miguel Orellana Benado, profesor asociado de Filosofía del Derecho, de la Facultad de Derecho de la U. de Chile, plantea su visión contraria. En su carta, afirma que esa casa de estudios "intentará cometer suicidio hoy jueves. La escena será la sesión plenaria del Senado Universitario".
"El intento fracasará, la Universidad no dejará de existir, pero si se aprueba la integración de estudiantes y funcionarios en los consejos de facultad, quedará postrada en una silla de ruedas", asevera.
Orellana expresa que según el triestamentalismo, "la universidad no es la comunidad de maestros y discípulos, como hemos creído por mil años. En Chile se habría descubierto que es la conjunción de tres 'estamentos' (término medieval que encandila a los progresista): el académico, el estudiantil y el funcionario. Y la democracia exigiría que todos pensaran lo mismo".
"Un estudiante de mi facultad me abordó en el patio hace más de una década. ¿Por qué al cumplir 18 años podía votar para elegir jefe del Estado, pero no podía votar en la Universidad para elegir rector? La ignorancia que revela la pregunta esconde la respuesta que busca, respondí. ¿Por qué al adquirir la ciudadanía chilena no se recibe también un grado de licenciado, de magíster, de doctor, o dejémonos de leseras, de Premio Nobel? ¿Acaso no lo exige la democracia?", agrega.