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Un problema frecuente para miles de adultos mayores en el país es la pérdida de sus huellas dactilares como método de identificación biométrica. La situación genera dificultades para realizar trámites financieros, notariales y de salud, e incluso ha encendido las alertas en el Congreso, donde se trabajan en alternativas. El deterioro progresivo de la piel en la vejez y hasta situaciones de discriminación involuntaria, producto de la ausencia de alternativas, son algunos de esos casos. Carolina Inostroza, académica del Centro de Investigación e Innovación Biomédica de la U. de los Andes, plantea como alternativa "la biometría de rostro que se usa bastante, pero también puede ser de iris, palma y voz. En todo caso, deberían ser complementarias". "Con la eliminación de las tarjetas de coordenadas, la banca migró a autentificación digital sin dejar alternativa real", advierte Germán Gómez, investigador del Instituto de Data Science de la U. del Desarrollo, quien señala que la Organización de Consumidores y Usuarios (Odecu) alertó que "hay adultos mayores que no pueden cobrar su pensión porque un sensor de bajo costo no logra leer su huella". Y advierte que "en notarías la situación es aún más grave. Se ha documentado que cuando el lector falla con personas mayores de 75 algunas notarías exigen un ‘certificado de lucidez' para autorizar una firma". La moción que está en la Cámara de Diputados plantea mediante un artículo único que "todos los sistemas biométricos de autentificación deberán disponer de medios alternativos con la idoneidad suficiente para garantizar la accesibilidad universal de personas discapacitadas y adultos mayores".