Presidente Gabriel Boric.
Aton
"Yo tengo tanta alergia a la corbata y la formalidad como el Presidente, pero cuando hago clases en la universidad o en un colegio trato de vestirme de acuerdo al rol de profesor, no para hacerme más visible, sino lo contrario. Vestirse de acuerdo al rol fija una distancia sana entre la persona y la función. Querer invadir la función con la persona es siempre un riesgo, y también un marcador de clase".
"En cuanto al feminismo, me temo que al terminar el Presidente y su partido relativizando la brutalidad del régimen iraní, que es una tiranía especialmente bestial contra las mujeres, acaba de hundirse todo ese discurso, que ya con el caso Monsalve había quedado a medio morir saltando. Al final, el feminismo sale tan dañado de este gobierno como el indigenismo salió de la Convención Constitucional, al quedar expuestas como causas políticamente instrumentalizadas".

"Yo creo que la cuestión simbólica y lo que queda de eso, no hay que confundirla con la las expresiones o indicadores de eso que tiene que ver con, por ejemplo, vivir en el Barrio Yungay y no usar corbata. Desarmar el comité y sumar la cartera de la Mujer, yo creo que es más lo político".
"Boric simbolizaba el estallido y la solución política del estallido, simbolizaba la generación que hace la primera gran movilización en democracia, entonces era el símbolo de todo eso: de una generación y de nuevos grupos de izquierdas que se expresaban en esto, pero que no era lo central".

El legado del presidente Gabriel Boric está marcado profundamente por tres resultados electorales. Primero, por el plebiscito del 4 de septiembre de 2022, cuando fue derrotado el proyecto constituyente de la Convención. Segundo, por los resultados en las elecciones municipales y regionales de 2024, cuando se produjo una importante baja en la izquierda y un crecimiento de la derecha. Finalmente, por la elección presidencial de 2025, cuando triunfó José Antonio Kast sobre la candidata Jeannette Jara, que representaba la continuidad del gobierno.
Por lo mismo, el gobierno termina con una izquierda más pequeña, con un Frente Amplio que ha bajado su representación y con Kast, líder republicano, en La Moneda.
Sobre esa base se pueden entender los símbolos: él no usaba corbata, Kast la usó desde el primer momento, y eso mismo se expresa en los equipos de gobierno; trasladarse en bicicleta en algunas ocasiones sirvió para algunas notas y algo más, pero no constituye una forma específica de traslado cotidiano. Sobre el lugar donde vivió, me parece que fue un gesto importante en su momento, aunque no caló mayormente. El discurso feminista tuvo problemas en su expresión práctica, por una primacía de temas políticos (críticas al presidente Trump) y económicos en las relaciones internacionales.
Me parece que la ministra de la Mujer tenía peso propio y en ese sentido se valoró su incorporación al Comité Político, pero no es algo que haya quedado instalado, aunque deberá verse en el futuro.
Como tema de fondo queda el carrusel presidencial que ha experimentado Chile en los últimos veinte años, sin presidentes que hayan elegido a alguien de su misma tendencia, por lo cual el legado “presidencial” ha sido un líder opositor desde Bachelet I hasta el presente. Por ello, muchas de las iniciativas quedan truncadas o no tienen una real continuidad en el tiempo. En gran medida, el presidente Boric tuvo un estilo muy personal –manifestado en el fin de la Primera Dama, no usar corbata y otras cosas– pero que deberá contemplar hoy el regreso de la Primera Dama y el retorno de las corbatas.
El tema de las primeras damas es muy relevante, tiene simbolismo y una clara dimensión histórica, cuya expresión práctica está por verse. Pero no cabe duda que Pía Adriasola ha emergido como una Primera Dama con presencia propia y sentido social.