"Todos los barcos de guerra se van a construir en Chile". Así declaró días antes de dejar su cargo el ahora ex vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), José Miguel Benavente, respecto de la política que se lleva a cabo en el país para impulsar la construcción naval.
El pasado 2 de marzo se reunió el Consejo Directivo del Comité de Construcción Naval, compuesto por la Dirección de Programas, Investigación y Desarrollo de la Armada (DIPRIDA), el Ministerio de Defensa Nacional, de Economía, Fomento y Producción, y de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), para planificar el primer semestre de este año del Plan Nacional Continuo de Construcción Naval (PNCCN).
Según se detalló desde Corfo, en la instancia "se aprobó el plan de trabajo del Comité para los próximos seis meses, destacando la entrega en mayo de este año de la Hoja de Ruta para la implementación de la Política de Construcción Naval".
En concreto, la iniciativa busca que todos los buques de guerra chilenos se construyan en territorio nacional por la empresa estatal Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR).
La compañía ya construyó exitosamente el Rompehielos AGB-46 "Almirante Viel" que fue incorporado a la flota en julio del 2024 y que en 2025 realizó varias operaciones antárticas.
Además, se suma el primer buque multipropósito que se llamará "Magallanes" que está siendo construido por ASMAR Talcahuano y que se enmarca en el Proyecto Escotillón IV liderado por la Armada.
Política Nacional de Construcción Naval
En concreto, el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval (PNCCN) se enmarca en la Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040, que fue firmada por el ex Presidente Gabriel Boric en enero de 2025 y publicada en el Diario Oficial en el agosto del mismo año.
El proyecto se fundamenta en que "para el correcto desarrollo de la industria marítima es crucial contar con una industria naval sólida, que pueda responder eficientemente a la demanda de construcción, mantenimiento y reparación de naves y artefactos navales, y que cuente con tecnologías de punta e innovación en el diseño avanzado de buques, sus sistemas y componentes".
"Una industria naval sólida permite a un país construir y mantener sus propios buques militares, aumentando de tal manera su capacidad de defensa y disuasión. Esto también reduce la dependencia de otros países para la adquisición de armamento y sistemas navales. Una fuerte presencia naval es crucial para proteger la soberanía marítima y los intereses nacionales", agrega.
Además, se destaca que "la industria de construcción naval puede jugar un rol importante en la diversificación económica, convirtiéndose en una fuente estratégica de exportaciones para el país; generando ingresos de divisas y, en definitiva, contribuyendo al crecimiento del PIB. Lo anterior, pues los buques construidos en Chile pueden ser vendidos a armadores nacionales e internacionales. La exportación de componentes y servicios navales también es una oportunidad para las empresas del sector".
También se recalca la capacidad técnica de ASMAR y se señala que "se posiciona como uno de los tres astilleros más grandes de Sudamérica. Son reconocidas sus capacidades de reparación y construcción, que, por un lado, satisfacen las necesidades de la Armada de Chile, y, por otro, y gracias a su capacidad excedente, permite la reparación, carena y construcción de naves nacionales privadas o extranjeras".
"En los últimos años, el país ha hecho un esfuerzo por fortalecer sus capacidades nacionales en construcción naval. En ese sentido, el Estado ha invertido en la modernización de ASMAR y en la formación de mano de obra calificada. Como resultado de estos esfuerzos, se ha logrado desarrollar capacidades significativas en construcción naval, siendo capaz de dar al país una amplia gama de buques", se menciona.
¿Es viable?
Consultados por Emol, expertos y parlamentarios de la comisión de Defensa de la Cámara de Diputados ven con buenos ojos la construcción naval en Chile y aseguran que es viable.
El director de Asuntos Internacionales de AthenaLab y ex oficial de la Armada, Ignacio Mardones, expresó estar de acuerdo con que todos los buques de guerra pueden construirse en territorio nacional. "Probablemente es poco conocido que ASMAR ya ha construido más de 50 buques desde el año 60 para adelante, o sea, tenemos ya algo de experiencia. Si bien no propiamente tal en en buques de combate, pero hay un expertise, y el mejor ejemplo de esto es la reciente construcción del rompehielos Viel que fue un proyecto realmente exitoso y fantástico".
A su juicio, tanto ASMAR como otros astilleros de Chile "tiene la tecnología, justamente cuando hablábamos del caso del Almirante Viel, es un buque que si bien es un rompehielo, su construcción es bastante compleja en todo lo que tiene que decir con los equipamientos que lleva a bordo; todo el sistema de propulsión, la maquinaria, o sea, yo creo que Chile ya tenemos la experiencia".
El académico del Instituto de Estudios Avanzados de la U. de Santiago, Cristián Garay, señaló que "Chile tiene capacidades para construir buques militares y civiles. Ha construido 50 en su historia, así cómo ha actualizado las fragatas Tipo 23 y los submarinos Tipo 209 (...) estas construcciones están siendo competitivas a nivel internacional, y desde luego en la región, siendo observados por países medios".
"Aunque anteriormente privilegiaba la adquisición de buques nuevos o de segunda mano en Gran Bretaña y Estados Unidos, su decisión naval complementa la idea de autonomía tecnológica, que es uno de los frentes del cambio en el terreno naval, y que ya se produjo en terrestre y aéreo", valoró el académico Usach.
En contraste, Augusto Barahona, director de la carrera de Ingeniería en Marina Mercante de la UNAB, señaló que "la viabilidad de construir todos los buques de guerra en Chile es real, pero condicionada. El Plan Nacional Continuo de Construcción Naval apunta precisamente a desarrollar capacidades industriales que permitan, de manera progresiva, que la Armada fabrique sus unidades en el país".
"Chile ya ha demostrado capacidades concretas, como la construcción del rompehielos Almirante Viel y buques multipropósito en ASMAR, lo que evidencia la existencia de una base técnica e industrial importante. No obstante, avanzar hacia la construcción de plataformas más complejas como fragatas o submarinos implica desafíos significativos, entre ellos la integración de sistemas de combate, el fortalecimiento de la cadena de suministro, la transferencia tecnológica y la formación de capital humano altamente especializado", señaló.
Según Barahona, se trata de un proceso "de largo plazo, que requiere una sólida articulación público-privada y cooperación internacional. En este contexto, más que una capacidad inmediata, lo que se proyecta es una estrategia país orientada a lograr mayor autonomía naval, objetivo plenamente alcanzable en la medida que exista continuidad en la inversión, políticas públicas sostenidas y desarrollo industrial", aseguró el académico de la UNAB.
El diputado y presidente de la comisión de Defensa, Álvaro Carter (Republicano), expresó que "considero que el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval 2026 representa un paso estratégico para el fortalecimiento de nuestra soberanía y de la industria nacional. Chile ya ha demostrado que cuenta con capacidades reales para avanzar en esta materia, y la experiencia de ASMAR en la construcción de unidades complejas confirma que es posible desarrollar proyectos navales de alto nivel en el país".
Eso sí, advirtió que "debemos ser responsables. La viabilidad de construir todos los buques de guerra en Chile es un objetivo al que se puede aspirar gradualmente, pero requiere planificación, inversión sostenida y continuidad en el tiempo".
"Señal muy potente" para Chile
La construcción naval de buques de guerra podría posicionar a Chile como referente en el Pacífico Sur y traer múltiples beneficios al país. Al respecto, Mardones señaló que "estamos viendo que hoy día las tensiones geopolíticas que existen en el mundo, es cosa de ver lo que está pasando en el estrecho de Ormuz y cómo le afecta hoy día a gente".
"Mire cómo va la parte económica, nos vemos absolutamente afectados. Chile es un país marítimo y que depende totalmente de todo lo que es el mar para poder llevar a cabo todo su desarrollo económico. Por lo tanto, claramente la Armada necesita de forma urgente comenzar con este Plan de Construcción Naval", aseguró el también ex oficial.
"Es crucial contar con una industria naval sólida, que pueda responder eficientemente a la demanda de construcción, mantenimiento y reparación de naves y artefactos navales, y que cuente con tecnologías de punta e innovación en el diseño avanzado de buques, sus sistemas y componentes".
Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040
Sumó que "las presiones geopolíticas obligan a tener una Armada bien preparada, bien equipada, bien entrenada, con buenos buques, y a su vez estas fragatas pueden ser construidas en el país con beneficios que quedan finalmente en la gente, que es lo más importante".
Para Garay, "si bien es evidente que desde el punto de vista económico es más caro, permite que los recursos destinados queden en Chile y favorezcan multitud de oferentes a nivel local especializando su producción y teniendo un intercambio importante entre el sector privado y ASMAR, que lleva el peso principal de este programa con la ingeniería de detalle y de construcción".
A su juicio, en materia naval, "Chile está asentando programas propios que le permiten construir buques complejos para nuestras necesidades, esto también la permite integrar sistemas en su interior, y así consigue productos que tienen posibilidades de exportación (...) eso reduce en caso de emergencias la dependencia del extranjero, y permite asociar mediante convenios a otros constructores navales".
Por su parte, Carter expresó que "nuestro objetivo no tiene que ser sólo construir buques, sino fortalecer una capacidad estratégica permanente para Chile".
"Sabemos que la autosuficiencia total no se logra de un día para otro, pero con la hoja de ruta de la Política Nacional de Construcción Naval, que será presentada en mayo de 2026, estamos estableciendo las bases para que el país pueda fabricar cada vez más de sus propias unidades, generando empleo, desarrollo tecnológico y mayor independencia en materia de defensa", aseguró el parlamentario.
Por su parte, el diputado Omar Sabat (UDI) valoró que "la posibilidad de que Chile construya íntegramente sus buques de guerra en el país es una señal muy potente en términos de desarrollo estratégico y descentralización productiva. No se trata sólo de fortalecer nuestra defensa, sino que también de impulsar una industria nacional que va a ir acompañada de una mayor generación de empleo y tecnología (...) contamos con ingenieros de primer nivel para asumir desafíos de esta envergadura".
"De todas formas, es fundamental que este tipo de decisiones sean abordadas con una visión de Estado y no como una iniciativa de corto plazo. Avanzar hacia la construcción total de las unidades navales implicaría una planificación y un compromiso sostenido en el tiempo, que trasciende a muchos gobiernos, por lo tanto requiere de un consenso amplio y de un financiamiento permanente", advirtió.
A juicio de Sabat, "si actuamos con ese nivel de responsabilidad, estaríamos consolidando a Chile como un referente regional en materia de defensa y construcción naval, contribuyendo además a fortalecer nuestra soberanía".