La ciudad de Copiapó es la de mayor consumo de cocaína en Latinoamérica y la tercera a nivel mundial de acuerdo al ranking internacional del estudio "Wastewater analysis and drugs" elaborado por la Agencia de Drogas de la Unión Europea (EUDA, por sus siglas en inglés).
La medición analizó residuos presentes en aguas servidas en más de 100 ciudades del mundo, que fueron captadas en plantas de tratamiento entre los meses de marzo y mayo de 2025. Así, se analizó la presencia de componentes como anfetamina, cocaína, metanfetamina, MDMA, ketamina y cannabis.
El resultado coincide con investigaciones locales desarrolladas durante 2024 por el investigador César Echeverría, de la Universidad de las Américas, en conjunto con la Universidad Católica de la Santísima Concepción.
Según consignó El Diario de Atacama, los resultados mostraron cifras elevadas y sostenidas en el tiempo, reforzando la preocupación por el consumo en la capital regional y abriendo un nuevo debate sobre políticas públicas, prevención y monitoreo permanente.
Asimismo, especialistas aseguran que preocupa que estudios basados en encuestas ubican a la región de Atacama bajo el promedio nacional en consumo mientras que los análisis científicos en aguas residuales evidencian una realidad distinta, con niveles significativamente más altos.
Zoom al estudio
El estudio internacional utiliza una técnica conocida como epidemiología basada en aguas residuales, un método que ha ganado relevancia en los últimos años por su capacidad de medir consumo real en la población.
Según explicó Echeverría, el sistema consiste en instalar equipos automatizados en plantas de tratamiento, donde "se coloca un robot que toma muestras durante las 24 horas del día, a lo largo de una semana completa. Esto permite obtener un volumen representativo del flujo de agua y, por lo tanto, del comportamiento de la población".
Las muestras recolectadas son posteriormente procesadas y enviadas a laboratorios especializados, donde se analizan distintas sustancias ilícitas. A partir de estos resultados se determina qué drogas están presentes y en qué concentración.
Esta metodología no busca detectar la droga en su forma original, sino que "en el caso de la cocaína, nosotros no buscamos la sustancia pura, sino sus metabolitos, que son los compuestos que se generan cuando el hígado la procesa. Eso asegura que estamos midiendo consumo humano".
Resultados de Copiapó
Los resultados posicionan a Copiapó en un escenario crítico a nivel global. En el estudio piloto local, la ciudad alcanzó valores cercanos a 1.500 miligramos de cocaína por cada 1.000 habitantes por día, cifras muy superiores a otras ciudades analizadas que son cerca de 120.
A modo de comparación, ciudades como Ámsterdam registran máximos cercanos a Copiapó, mientras que en Chile, Concepción apenas supera los 200 miligramos, lo que da cuenta de una brecha significativa que posiciona a Copiapó como un caso excepcional tanto a nivel nacional como internacional.
El análisis de tendencias también muestra un patrón claro: el consumo aumenta progresivamente durante la semana y alcanza su punto más alto el fin de semana, especialmente el domingo.
Pese a la magnitud de los resultados, Echeverría reconoce que no fue una sorpresa para la comunidad científica: "Hemos realizado varios estudios en distintos momentos del año y en todos los casos Copiapó presenta cifras altas. Es un patrón que se repite".
El posicionamiento de la ciudad como la tercera a nivel mundial y la primera en Latinoamérica en consumo de cocaína plantea interrogantes sobre los factores sociales, económicos y culturales que podrían estar influyendo en este fenómeno.
Estudio cualitativo
Uno de los principales aportes de este tipo de estudios es la generación de datos objetivos y cuantificables. A diferencia de los métodos tradicionales, basados en encuestas y autodeclaración, la medición en aguas residuales permite conocer el consumo real sin sesgos.
"Los estudios que se realizan habitualmente son cualitativos. Aquí, en cambio, tenemos datos cuantitativos que nos indican cuánto se está consumiendo realmente", explicó Echeverría, lo que permitiría abrir nuevas posibilidades para la toma de decisiones en salud pública.
En esa línea, permite evaluar el impacto de campañas de prevención o políticas de control, midiendo si efectivamente logran reducir el consumo en la población; además de detectar nuevas drogas "que aún no han sido reportadas por las autoridades. Eso permite anticiparse y no esperar a que ocurran intoxicaciones o fallecimientos", señaló Echeverría.