Luego del inédito cambio de gabinete realizado el martes por el Presidente José Antonio Kast, el Gobierno modificó su diseño comunicacional, reordenando los roles clave en la vocería y en la gestión política.
El principal ajuste se produjo con el nombramiento del ministro del Interior, Claudio Alvarado, como biministro, al asumir también la Secretaría General de Gobierno (Segegob), tras la salida de Mara Sedini. Sin embargo, este movimiento trajo consigo una segunda modificación en el esquema: el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, pasará a tener un rol más activo en las comunicaciones de La Moneda.
La apuesta del Ejecutivo es dividir funciones. Mientras Pavez se encargará de la vocería de la contingencia política, Alvarado adoptará un perfil más institucional.
A esto se suma un mayor protagonismo de los ministros sectoriales, quienes deberán asumir un rol más activo en la comunicación de los avances y resultados de sus respectivas carteras. El objetivo es acelerar la respuesta ante la contingencia, reforzar el contenido técnico de las vocerías y evitar una sobreexposición del Presidente.
Este rediseño también refleja un reconocimiento interno de que la estrategia inicial no logró consolidarse. En el oficialismo admiten que el bajo involucramiento de Sedini en la toma de decisiones políticas, junto con su limitada incidencia en las definiciones comunicacionales, terminó debilitando su rol. La nueva fórmula apunta, precisamente, a que quienes comuniquen sean también quienes participan directamente en las decisiones, un giro que ha sido valorado por analistas.
Desde el mundo académico y en conversación con El Mercurio, el investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Pablo Ortúzar, plantea que el problema de fondo radicaba en la falta de un diseño político sólido. A su juicio, sin un horizonte claro, "es difícil defender al Gobierno", especialmente cuando el Presidente queda expuesto sin una estrategia definida que permita distinguir qué conflictos enfrentar y cuáles dejar pasar.
Ortúzar agrega que, además, el costo de los errores en figuras femeninas en cargos públicos suele ser mayor, ya que -según plantea- las críticas tienden a enfocarse no solo en su desempeño, sino también en deslegitimarlas a nivel personal, lo que habría influido en el desgaste de la exvocera.
Una mirada similar tiene Gonzalo Müller, director del Centro de Políticas Públicas de la Facultad de Gobierno de la UDD, quien sostuvo en conversación con el diario que el modelo de vocería concentrada y vertical ya no será el eje del Ejecutivo, dando paso a un esquema más distribuido.
Por otra parte, la decisión de otorgar un doble rol a Alvarado generó reacciones tanto en el oficialismo como en la oposición, considerando que hasta ahora su función estaba centrada en la coordinación política del gabinete. Con este ajuste, asumirá además una exposición pública mayor, aunque en Palacio destacan que el exdiputado ya participaba activamente en la definición del relato gubernamental a través de reuniones periódicas con los equipos comunicacionales.
Desde esa perspectiva, la analista y exasesora de Michelle Bachelet, Ximena Jara, considera que el nuevo esquema -donde quien coordina también comunica- puede ser más funcional. No obstante, advierte que existe el riesgo de subestimar la carga de trabajo que implica compatibilizar ambas funciones.
Pese a ello, no todos ven el cambio sin reparos. La politóloga Javiera Arce advirtió a El Mercurio que el área comunicacional es estratégica para cualquier gobierno, por lo que este rediseño deberá ser evaluado en su implementación. En esa línea, también llama la atención -según plantea- que no se haya incorporado a más figuras con experiencia previa en los gobiernos de Sebastián Piñera, considerando el capital político disponible en ese sector.