El programa
Becas Chile y Fondecyt había sido uno de los objetivos que, desde el inicio del Gobierno, la
ministra de Ciencia, Ximena Lincolao señaló que podrían sufrir cambios, y luevo de análisis y auditorías, la semana pasada se anunciaron los ajustes para este sistema creado en 2008 para que estudiantes pudieran seguir sus estudios en el extranjero.
En marzo, Lincolao dijo ante la Comisión de Ciencia de la Cámara de Diputados que a raíz de los recortes que impulsó el Ejecutivo a la mayoría de carteras, habría uan suspensión de las becas en el extranjero.
En junio, la ministra dio a conocer los resultados de una auditoría al programa, el que arrojó una serie de incumplimientos por parte de becarios, los que se traducirían, de acuerdo a la cartera, en millonarias deudas.
A inicios de agosto, Lincolao presentó a la Comisión de Ciencia de la Cámara, los principales lineamientos de la reformulación que tendrá el programa. La propuesta, entre otras cosas, busca focalizar las becas en áreas estratégicas para el desarrollo del país, fortalecer el seguimiento de los beneficiarios y mejorar su inserción laboral una vez finalizados sus estudios.
La definición de esas áreas estratégias son las que han abierto un debate y controversia. Esto, porque Ciencia focalizará los recursos en ciencia, tencología, innovación, inteligencia artificial, cambio climático, ingeniería, astronomía y otras otras especialidades donde exista una demanda efectiva de profesionales altamente calificados.
Lo anterior llevó a que varias voces salieran a cuestionar que se está dejando de lado a las humanidades, relegándolas a apenas un 30% del financiamiento de becas.
Entre esas voces surgió la de la exministra de Ciencia del ex Presidente Gabriel Boric, quien calificó la medida como un "quiebre histórico y muy peligroso".
Críticas a la "señal" del Gobierno
El sábado, en una carta en El Mercurio, la vicerrectora académica de la U. Alberto Hurtado, Antonia Larraín, salió a cuestionar que las bases del Concurso Fondecyt Posdoctorado 2027 destinen el 70% del financiamiento áreas prioritarias, donde "la investigación en humanidades y ciencias sociales queda relegada a desafíos productivos, tecnológicos y de justicia penal, antes que a desafíos sociales, culturales y democráticos".
Asimismo, cuestiona una "falta de alineación estratégica" en esta materia", puesto que la Estrategia de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, entregada hace pocas semanas por el Consejo CTCI al Presidente de la República, sitúa en su primera categoría de prioridades los desafíos de bienestar sostenible: salud integral, educación habilitadora, confianza y cohesión social y seguridad humana", pero según precisó Larraín, "en las bases esos mismos desafíos aparecen reducidos a su sentido más intrumental y restringido".
"Aún hay tiempo de corregir. La investigación en humanidades y ciencias sociales es clave para que entendamos cómo asegurar la estabilidad democrática y productividad a largo plazo en un mundo de acelerada transformación. Nadie lo investigará por nosotros", precisó.
El domingo, se sumaron a los cuestionamientos decanos de distintas facultades de artes y humanidades de la Universidad Católica -ciencias sociales; historia, geografía y ciencia política, letras, filosofía, artes y teología-, quienes también cuestionaron la señal que entrega el gobierno en torno a las "disciplinas que, a su juicio, el país necesita con mayor urgencia".
"El mensaje del Gobierno sugiere que, para el desarrollo de un país con recursos limitados como Chile, las ciencias aplicadas y la tecnología son vitales, y que la inversión en artes, ciencias sociales y humanidades merece ser postergada hasta un futuro en que los desarrollos industriales y tecnológicos nos permitan dedicarnos a la creación artística o a la reflexión filosófica sobre el sentido del quehacer humano", cuestionan los decanos.
Los firmantes enfatizan que la evidencia dice que no es posible alcanzar el desarrollo solo con ciencias aplicadas y tecnología, y para ello ponen dos ejemplos: el primero, que en la prueba PISA 2022, "un tercio de los estudiantes chilenos de 15 años no fue capaz de comprender un texto", mientras que el informe "El Fenómeno de la desinformación" (2023) del Ministerio de Ciencias, alertó sobre bajas competencias críticas que disponen las personas para lidiar con bots en redes sociales.
"Sin el discernimiento que propician las Artes, las Ciencias Sociales y las Humanidades —y el trabajo de las nuevas generaciones que las cultivan— no podremos disipar el malestar social que entorpece el goce de los avances tecnológicos", subrayaron.
Investigadores y filósofos
El académico de la U. de los Andes y analista político, Daniel Mansuy, también se refirió a la definición del gobierno de manera crítica.
Segúin planteó, "la decisión parece confirmar un extendido prejuicio, según el cual la derecha que nos gobierna no tiene ningún interés en el pensamiento ni en la reflexión para ella, solo existen la economía y las ciencias 'aplicadas' (como si la aplicación no exigiera previa reflexión). Si el Ejecutivo no corrige dicha medida, no tendremos más que concluir que ese prejuicio tiene mucho de verdad".
"Si de verdad las humanidades aspiran a contribuir al pensamiento crítico, lo que menos necesitan y menos podrán justificar es la ausencia de toda autocrítica por parte de quienes las cultivan".
Alejandro Vigo, filósofo
Por su parte, ayer martes, el filósofo Alejandro Vigo, sostuvo en una carta a El Mercurio una visión distinta, apuntando a una falta de autocrítica dentro de las humanidades y las ciencias sociales. "Si de verdad las humanidades aspiran a contribuir al pensamiento crítico, lo que menos necesitan y menos podrán justificar es la ausencia de toda autocrítica por parte de quienes las cultivan", parte señalando en el texto.
Agrega que "esa inexcusable autocrítica deberá comenzar, necesariamente, por la renuncia al expediente de evitar discutir la realidad de lo que hoy se hace y ofrece en nombre de las humanidades por medio de la apelación a su idea, esgrimida como escudo de defensa que todo lo cubre. La sublimación por vía de esencialización, para usar una expresión de Habermas, bloquea de antemano la posibilidad de una ponderación interna".
Con todo, agrega datos, como que "las humanidades y las ciencias sociales han logrado captar la friolera del 61,3% de las 12.589 becas otorgadas en la historia del programa de Becas Chile, muy por delante de áreas como ciencias naturales (17,8 %), ingeniería y tecnología (10,1%), ciencias médicas y de la salud (7,3%), etcétera. Me pregunto si semejante desbalance no resulta estridente, por no decir escandaloso, para cualquiera, también para quien, como es mi caso, ama las humanidades y les ha dedicado su vida".
Quien también expresó su parecer en torno al debate fue el investigador del IES, Pablo Ortúzar, quien enfatizó que la ministra Lincolao "ha justificado los cambios apelando a la utilidad de la priorizado. Es una justificación de tipo tecnocrático, que responde a un prejuicio ideológico propio de amplios sectores de la derecha chilena: las ideas ya están, los diagnósticos ya están, falta ejecución, acción, aplicación".
Sin embargo, dice Ortúzar, "este prejuicio, que se pretende tecnocrático, es técnicamente incorrecto. El desarrollo es un proceso reflexivo: la especialización (o diferenciación funcional) produce órdenes sociales cada vez más complejos que requieren de una mayor capacidad de monitoreo (autobservación) para poder ser administrados. Y las Humanidades y las Ciencias Sociales cumplen ese rol: son un espejo que nos permite observarnos mientras nos transformamos e ir monitoreando esos cambios".
"Todo esto debería ser obvio a siete años de una crisis de sentido global del sistema social, que casi descarrila por completo los fundamentos del orden político, económico e institucional de Chile. Algo que ocurrió justo cuando, según los aparatos de navegación de los mismos sectores que hoy nos dicen 'basta de diagnósticos', todo iba razonablemente bien. ¿Qué clase de tecnocracia es una que pretende progresar al ojo, prescindiendo de las tecnologías de diagnóstico, monitoreo y reflexión de la propia sociedad?", zanjó.
Rectores se suman al debate
Quienes también salieron a profundizar en el debate fueron los rectores de los planteles U. de Santiago, UDP y UC, quienes también enviaron cartas a El Mercurio o comunciados públicos abordando las disintas preocupaciones sobre la señal del Gobierno en torno a las humanidades.
El rector de la UC, Juan Carlos De la Llera, dijo compartir la preocupación de los decanos, subrayando que "Chile necesita desarrollar más y mejor ciencia y tecnología, pero difícilmente alcanzará su desarrollo si restringe los espacios de aquellas disciplinas que nos permiten comprender al ser humano en su integralidad, sus interacciones y los enormes desafíos que enfrentamos como sociedad incluso con la gran irrupción de nuevas tecnologías. El ser humano debe estar siempre por delante de cualquier ciencia aplicada o tecnología, porque además es quien la desarrolla", sostiene.
"Creemos que el verdadero desafío de una política científica moderna no consiste en establecer una competencia entre áreas del conocimiento, sino en generar las condiciones para que dialoguen, colaboren y se potencien mutuamente".
Dr. Pedro Palominos, rector Usach
"Nuestra ciencia se fortalece cuando nuestros investigadores interactúan con el mundo y cuando investigadores del mundo eligen venir y hacer en Chile. El desafío es construir una política científica equilibrada capaz de conjugar ambos objetivos. En relación a los magros recursos disponibles, nuestro país debe convencerse de que el único camino al desarrollo pasa por la educación y el conocimiento", enfatiza.
Por su parte, el rector de la UDP, Carlos Peña, comentó en una columna de opinión titulada "las humanidades maltratadas", que la disminución de recursos hacia las humanidades -en favor de las "áreas prioritarias"-, "son una grave lesión a las universidades y la esfera pública".
"Devaluar a las humanidades o las ciencias sociales, empujarlas fuera del espacio público en favor de la tecnología, es un error de proporciones gigantescas que no solo erige al técnico en el profeta de nuestra época, sino que hace de la política un puro policy making", sostiene Peña.
Asimismo, enfatiz "que en estos mismos días en que se hizo este anuncio que desprecia (no hay otra forma de describirlo) a las humanidades y las ciencias sociales se discuten iniciativas de ley —como el relativo al aborto, la gestación subrogada o la selección escolar— para cuyo análisis se requiere una conciencia esclarecida acerca de la índole moral e histórica de nuestra condición".
"Y es de veras contradictorio que mientras esos problemas, y otros semejantes como la Inteligencia Artificial, asoman en la conciencia pública, en momentos en que la técnica parece sustituir todo discernimiento y reemplazarlo por la simple capacidad de manipular la realidad, el Gobierno consienta en disminuir el apoyo a los quehaceres intelectuales que indagan en ellos, como si esos problemas fueran puramente ideológicos o de preferencias y no de razones cuyo examen es vocación más propia de las humanidades y de las ciencias sociales", subrayó.
En tanto, el rector de la Usach, Dr. Pedro Palominos, sostuvo en una declaración pública titulada "La excelencia científica del siglo XXI requiere integrar todas las áreas del conocimiento", que "la pregunta ya no es únicamente qué disciplinas debemos fortalecer, sino qué tipo de conocimiento necesita Chile para construir su futuro".
"Desde nuestra perspectiva, la respuesta es clara: Chile necesita más ciencia, más investigación y más innovación, pero también una mayor capacidad para integrar el conocimiento. Hoy sabemos que ninguna transformación tecnológica puede comprenderse plenamente desde una única disciplina", enfatiza.
Junto con enumerar distintas áreas o disciplinas, incluye que "la inteligencia artificial requiere ingeniería, informática y ciencia de datos. Pero también necesita filosofía, derecho, educación, psicología, sociología y artes para comprender sus implicancias éticas, sociales, culturales y humanas".
"Creemos que el verdadero desafío de una política científica moderna no consiste en establecer una competencia entre áreas del conocimiento, sino en generar las condiciones para que dialoguen, colaboren y se potencien mutuamente", subrayó.
Defensa de Lincolao y los "recursos públicos limitados"
La ministra Lincolao ha dado señales de conocer el debate que se ha generado y ha salido en más de una oportunidad a sostener y profundizar en su postura.
El sábado, en una columna en El Mercurio, la ministra sostuvo que "Chile enfrenta hoy un desempleo de 9,4% y una ocupación informal del 27%. Esa realidad también alcanza a personas con doctorado. Además, cda año se gradúan cerca de 1.300 nuevos doctores en Chile, mientras este concurso dispone de aproximadamente 260 cupos. La demanda nacional potencial supera ampliamente la capacidad del instrumento", defendió.
La ministra explicó que las prioridades se definieron tras cruzar los datos de los proyectos adjudicados durante los últimos diez años con las capacidades que Chile necesita y con sus desafíos productivos, sociales y tecnológicos.
"El análisis mostró brechas importantes. Áreas como futuro del trabajo, ciberseguridad, minería, acuicultura, agronomía y tecnologías satelitales representaban, cada una, menos del 2% de las adjudicaciones. En diez años no se financió ningún proyecto en ingeniería óptica, fundamental para desarrollar capacidades tecnológicas asociadas a nuestra astronomía. En neurociencias se financiaron apenas cuatro proyectos y en medicina de precisión, sólo uno", apuntó.
Con todo, Lincolao defendió que "priorizar no es decidir qué conocimiento importa y cuál no. Es asumir la responsabilidad de que los recursos públicos limitados generen el mayor valor posible para Chile".
Este martes, la ministra añadió -en conversación con Radio 13C-, que cuando tomó la cartera el 11 de marzo, buscaron con su equipo los instrumentos que se usan para ejecutar esta política pública de Becas Chile, "y buscamnos esta palabra que dice 'balance' (en la ley) y notamos que había una carga bastante fuerte en otras áreas y no necesariamente en las áreas donde teníamos ventaja competitiva como país".
Consultada por cómo responde a las críticas de académicos, rectores y decanos, Lincolao sostuvo que "es mala comprensión de las prioridades, y es una visión tal vez un poco antigua de cómo se deben dar las ciencias sociales y las humanidades".