Un 14% de la población chilena son mayores de 65 años -es decir, más de 2,5 millones de personas según el último Censo Población y Vivienda-, y la tasa de natalidad es de un 0,99 hijos por mujer. Dos factores que abren múltiples desafíos en materia de políticas públicas, pero también en torno a la planificación urbana.
El índice de envejecimiento de Chile muestra que por cada 100 personas de 14 años o menos hay 79 personas de 65 años o más en el país, y los datos del Censo mostraron que las regiones con mayor índice de envejecimiento son: Valparaíso (98,6); Ñuble (97,6); Los Ríos (89,2); Magallanes (87,1); Biobío (84,1); Maule (83,9); O'Higgins (83,1); y La Araucanía (83).
Al mirar la Región Metropolitana (con índice de 76,2), las comunas con mayor índice de envejecimiento son: Providencia, Las Condes, Ñuñoa y Pedro Aguirre Cerda.
Pero las proyecciones respecto a que en Chile las muertes superarán los nacimientos ya es una realidad en algunas comunas del país. Aquello ocurre en Portezuelo, en la Región del Ñuble, la cual tiene 5.200 habitantes y que ha alcanzado un crecimiento natural negativo de -7,0 por cada mil habitantes, según consignó El Mercurio.
Lo mismo ocurre en Cochamó, en Los Lagos, donde el fenómeno es aún más extremo con un tasa de -8,0 y una población de 4.199 habitantes, liderando la lista de lugares con más muertos que nacidos. Asimismo, se menciona a Río Hurtado, en la Región de Coquimbo, con una tasa de -5,9 y 4.334 personas.
Expertos advierten que la ciudad exige un cambio profundo y que el desafío no sólo recae en el Estado, sino que se trata de una cuestión cultural. De ahí una dificultad: avanzar en una sociedad -y por ende, ciudades-, que permitan la integración a quienes han contribuido a construirla.
Juan Paulo Alarcón, director de la escuela de Arquitectura UNAB lo plantea así: "si hoy la evidencia indica que una buena vejez se sostiene sobre tres pilares fundamentales, como son la alimentación saludable, la actividad física y la sociabilización, al menos dos de ellos tienen una relación directa con la manera en que construimos nuestras ciudades. Las personas mayores no son únicamente sujetos de cuidado. Son ciudadanos activos, portadores de experiencia, memoria y vínculos que enriquecen a toda la comunidad".
El barrio como pertenencia
Un estudio publicado en julio, del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, titulado "Vivienda y envejecimiento en Chile: desafíos para la política habitacional", recoge una serie de datos y relatos de los propios adultos mayores en esta materia. En ellos, aparece el barrio como un eje clave.
Un grupo de adultos mayores de San Joaquín lo relatan así: "Lo que nos pasa también es que como este barrio donde vivo yo es antiguo, hay mucha gente antigua, pero han fallecido los dueños, las casas se quedan con los hijos, las han vendido, entonces llega gente nueva, gente que tú ya no conoces, ahora todos tenemos miedo del otro, porque ya no nos conocemos".
Otros, en tanto, apuntan a la densificación poblacional: ven cómo grandes edificios emergen entre casas antiguas, lo que presiona servicios como la locomoción y la atención primaria de salud.
A su vez, los vecinos observan transformaciones en la vida barrial, como un mayor individualismo y menor contacto entre vecinos, lo que dificulta las redes de apoyo. También existe temor por la inseguridad, lo que hace que las personas opten por pasar más tiempo en sus casas que en el exterior.
Uwe Rohwedder, decano de Ingeniería y Arquitectura, U. Central, comenta a Emol que cuando una comunidad envejece sin una adaptación social e infraestructura adecuada, el entorno habitado pasa de ser un refugio protector a un espacio de exclusión progresiva.
"La calidad de vida en la vejez no depende únicamente de la atención sanitaria, sino de la capacidad de mantener autonomía, una red comunitaria y sentido de pertenencia en el propio entorno cotidiano. Esto se nota más en lugares en los que los trabajos se han ido desplazando a nodos industriales o quedan más lejos, y los barrios se han transformado solamente en lugares dormitorio", detalla.
Por su parte, Alarcón destaca que justamente las cuestiones que parecen aparentemente sencillas, terminan por ser clave: "Lugares de espera cómodos, espacios de descanso adecuados, rutas accesibles para caminar, áreas de encuentro en plazas y parques, y una oferta cultural y recreativa que los considere como parte de su público natural. También en un transporte público que no sólo resuelva desplazamientos, sino que comprenda que una parte importante de sus usuarios tiene necesidades específicas de movilidad, información y acompañamiento".
"Cuando una ciudad promueve el caminar, facilita la actividad física cotidiana; cuando genera espacios de encuentro y permanencia, fomenta la sociabilización y combate el aislamiento", subraya.
Los barrios que envejecen
Los expertos coinciden que en barrios de Santiago Centro y Estación Central ya se pueden encontrar muestras de un envejecimiento demográfico que muchas veces no se hace tan evidente a raíz de la densificación..
"Allí hay residentes históricos de la tercera edad que quedan aislados en barrios colapsados, sufriendo la sobredemanda de centros de salud y pérdida de redes comunitarias. Casos similares encontramos en La Pintana, San Ramón y Lo Espejo", dice Rohwedder.
Si se mira hacia el norte, el académico apunta a zonas como "Alto Hospicio y en Iquique, donde el crecimiento poblacional explosivo por migración y expansión de asentamientos precarios ha sobreexigido toda la capacidad municipal, y la población mayor de los barrios originales más consolidados quedan más desprotegidos".
Valparaíso, en tanto, tiene una realidad particular que preocupa a autoridades y urbanistas: el 88,8% de los adultos mayores viven en sectores vulnerables y con dificultad de acceso a servicios básicos.
Rohwedder comenta que en esa comuna los ejemplos están en "barrio Puerto, que en realidad parece una ciudad sitiada. Además están los cerros antiguos como el Cordillera, Las Cañas y San Roque, donde además la topografía es empinada, con aceras destruidas, escaleras deterioradas y un abandono del transporte público local que aíslan físicamente a miles de adultos mayores".
Ciudades más flexibles
El arquitecto Yves Besançon, plantea que las ciudades deben responder al cambio profundo que implica el envejecimiento de la población, y a su juicio, lo que se requiere es avanzar en ciudades más flexibles.
"Los municipios deben responder a este profundo cambio modificando sus ordenanzas locales para permitir la reconversión de grandes casas o de grandes departamentos que pudieran subdividirse para recibir parejas, jóvenes o adultos mayores que no requieran de grandes espacios como los que necesitaban las viviendas familiares de antes. Es así como departamentos de 140 m2 de Vitacura, las Condes o Ñuñoa o Providencia podrían subdividirse en dos o tres departamentos más pequeños pero para ello la normativa debería adecuarse para permitirlo", comenta.
Besançon sostiene que la nueva arquitectura de los nuevos edificios de vivienda deberá ser flexible para permitir también que los departamentos puedan ir modificándose, subdividiéndose o fusionándose de acuerdo a las necesidades y de la demanda existente.
"La comuna de Providencia es un laboratorio de lo que está sucediendo en la ciudad de Santiago y en otras ciudades también. Existen casas que ya se han subdividido para albergar más familias y el 87% de las viviendas de la comuna ya son departamentos que han reducido sus tamaños. Otro caso interesante el Barrio Italia en el que también ha sucedido esto, al igual que en Santiago centro".
Por su parte, el urbanista Ricardo Abuabuad también expuso esta problemática y eventuales soluciones en una reciente columna en La Tercera, donde enfatiza en la necesidad de repensar la vivienda, y los modos de acceso a ella. "Necesitamos soluciones habitacionales más flexibles que permitan prolongar la autonomía y mantener las redes sociales y familiares", destacó.
Asimismo, asevera que en adelante será necseario mirar la ciudad desde otra escala: "veredas seguras, circuitos peatonales que incentiven la actividad física, espacios públicos que favorezcan el encuentro, establecimientos educacionales más intergeneracionales y verdaderos 'corazones de barrio', donde comercio, salud, cultura, recreación y servicios básicos estén a una distancia caminable".
"Durante décadas planificamos nuestras ciudades pensando en una población que crecía. Ahora tendremos que aprender a planificarlas para una población que envejece. Ese futuro ya comenzó, y la demografía no dará mucho margen a arquitectos, urbanistas y municipios para que los cambios indispensables empiecen a hacerse realidad", cerró.