En los últimos años ha emergido un segmento premium entre preuniversitarios que funcionan con grupos de entre 6 y 12 estudiantes, cobran tarifas considerablemente más altas, se instalan en comunas del sector oriente y norte de Santiago y compiten no por volumen, sino por la tasa de puntajes máximos y la promesa de una experiencia casi tutorial. Entrevistas de postulación con apoderado, tecnología de seguimiento individualizado, integración de los padres al proceso y una narrativa centrada en resultados que se pueden medir son algunos de sus elementos. Un ejemplo es Sigrid, quien tiene 19 años, salió el año pasado de un colegio particular y rindió la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) en diciembre. Le fue bien, pero no lo suficiente para Ingeniería Civil en Construcción. "Me faltaron puntos, pero poquitos, así que decidí tomarme el año, inscribirme en el preu y preparar todo el año. Con mis papás analizamos mucho dónde meterme y al final decidimos en uno de estos que está mejor posicionado", cuenta. Entre los preuniversitarios más requeridos, El W opera con dos sedes en Chicureo y un tope de diez estudiantes por sala. Para la admisión 2025 reportó 45 puntajes nacionales. Su fundador, el ingeniero civil Washington Salazar, cuenta que al principio eran los alumnos quienes llegaban a inscribirse, pero con el tiempo cambió la estrategia, porque "me empecé a dar cuenta de que esto era un proyecto de familia". "Es clave que en esa primera entrevista inicial estén los apoderados, porque uno ve proyecciones (de puntajes), habla de la parte vocacional", explica. Algo similar ofrecen otros centros de preparación como Tesla, con sede central en Las Condes y presencia en Providencia, La Reina, Peñalolén, Viña del Mar y Antofagasta, que trabaja con un máximo de 12 alumnos, con profesores que han obtenido los 1.000 puntos.
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