Seis meses se cumplen este 11 de septiembre del cambio de mando presidencial que entregó el cargo de mayor magistratura a José Antonio Kast.
"Parecen más", comentan inquilinos de La Moneda, a la vista del intenso ritmo que el gobierno ha tomado desde entonces.
Entre los episodios más emblemáticos de ese camino, se encuentra el
alza de los combustibles que devino del conflicto en Medio Oriente y que desplomó rápidamente la aprobación presidencial y el
cambio de gabinete más temprano desde el retorno a la democracia (69 días desde el 11 de marzo) que selló la salida de las ministras de Seguridad, Trinidad Steinert, y de Segegob, Mara Sedini.
Entre los principales sucesos, también está la aprobación del proyecto de Reconstrucción Nacional, que en el gobierno califican como uno de sus grandes aciertos, por tratarse en concreto, de una reforma tributaria despachada a ley antes del primer semestre de la administración.
En Palacio también se jactan de su activo ejercicio legislativo y contabilizan que hasta la fecha, hay un total de 33 proyectos impulsados por el gobierno (mensajes y mociones) que han sido despachados a ley por el Congreso Nacional, versus los 18 que tuvo el gobierno anterior, en el mismo período.
Así las cosas, analistas aquilatan las virtudes y defectos que ha evidenciado el gobierno en su primer medio año.
El Decano de la Facultad Economía, Gobierno y Comunicaciones Universidad Central, Marco Moreno, apuntó que "entre los aciertos anotaría la victoria legislativa de la megarreforma donde consiguieron los 26 votos".
En los desaciertos, observó que "parecen distintos, pero responden a un mismo patrón: confundir iniciativa con conducción; exponer decisiones antes de procesarlas políticamente; gobernar con ministerios que funcionan como silos; sobregirar las ventajas del Gobierno, especialmente en seguridad; elevar expectativas más rápido que la capacidad estatal para cumplirlas; y no completar plenamente la transición desde una lógica de candidato hacia una lógica presidencial".
"Más que seis problemas separados, revelan un déficit de arquitectura de gobierno: mucha capacidad para iniciar, pero todavía dificultades para coordinar, procesar e implementar", precisó.
A su vez, el académico de la Universidad Autónoma, Tomás Duval, apuntó que entre los desaciertos a "un gabinete ministerial sin coherencia ni consistencia política. No sólo han salido tres ministros y seis subsecretarios, sino que también persisten las roces entre estos sobre diferentes tópicos".
Mencionó además el "'bencinazo', junto con el ajuste estructural (que) produjo un impacto negativo en la población, que se acompaña de una crisis desempleo y bajo crecimiento del país. Y por último la ausencia de un plan en materia de seguridad y más aún, el boomerang que tuvo con el nuevo estado de emergencia".
"En el fondo hay un sensación de improvisación en la acción politica del gobierno", acotó. En los aspectos positivos, relevó que el Ejecutivo "obtuvo un triunfo en la Ley de Reconstrucción" y valoró "la gestión frente a las emergencias y temporales climáticos".
En tanto, el investigador asociado a Faro UDD, Rodrigo Pérez de Arce, señaló que "el gran acierto fue haber logrado la aprobación de la megarreforma, por la velocidad con la que se hizo, por construir una mayoría frágil, pero suficiente, para aprovechar el empujón que tenía el gobierno apenas iniciada su gestión. Esto solo se pudo hacer porque buena parte del proyecto ya estaba diseñada antes del inicio del gobierno".
"Ahora bien, el contraste es notorio con la agenda de seguridad, que era una de las prioridades de los ciudadanos", advirtió. "Ahí no solo se improvisó el nombramiento de la ministra Steinert, sino que el gobierno tampoco logró persuadir a nadie de que contaba con un diagnóstico bien elaborado y un conjunto de medidas para hacerle frente. El resultado fue un inicio lento en un tema prioritario, con una reforma constitucional que no convenció a nadie, y una decepción en un tema extremadamente sensible".
También, reparó que "sigue llamando la atención el diseño general del gabinete, con un segundo piso que concentra casi todo el poder de decisión, pero, paradójicamente, con ministros que parecen mandarse solos. Esto se ve en los frecuentes impases en sus vocerías, en las contradicciones entre ellos y en los recados que se mandan por la prensa. Lo preocupante es que, a pesar de la claridad del diagnóstico, no se ha visto un reajuste de piezas que impida, al menos, que los ministros se obstruyan entre sí".
Por lo demás, indicó que "lo que sucede con los ministros se repite en la coordinación entre los partidos que apoyan al gobierno. En particular, llama la atención que el Partido Republicano haya gastado buen tiempo en torear a sus compañeros de gobierno, y que todavía no dé con un tono, que se ve desordenado, al ser el partido del Presidente al mismo tiempo que trata de tapar su flanco derecho con declaraciones incendiarias".
Sobre el "desorden" del gabinete también reparó el académico de la Universidad de los Andes e investigador asociado del IES, Daniel Mansuy, en entrevista con Ex Ante.
"A estas alturas, ya es más que instalación: estamos viendo las consecuencias de un diseño, consecuencias que fueron advertidas en enero: el gabinete carece de esqueleto político, y eso salta a la vista varias veces por semana", dijo.
Y apuntó que "los ministros no se coordinan entre sí, no hay vocería que fije posición, los partidos parecen poco involucrados, y la lista podría seguir. Si me apuras, yo diría que al gobierno le falta conciencia de que, para controlar la agenda, debe constituir un coro: ministros, parlamentarios y dirigentes políticos deben transmitir en una frecuencia común".