En medio de las protestas del estallido , Baquedano se convirtió en blanco de los ataques. Tanto la escultura de Virginio Arias como el plinto, de Gustavo García Postigo, sufrieron rayados y quemas.
Héctor Aravena, El Mercurio
El trabajo fue lento, meticuloso y con bisturí. Capa a capa, una decena de restauradores trabajó por cuatro meses en la recuperación del plinto del general Manuel Baquedano, y retiró así las 23 coberturas de pintura que tenía la piedra andesita verde, traída desde una cantera de Talca para erigir el monumento al héroe de la Guerra del Pacífico. La firma a cargo del trabajo, Massardo y Principios Patrimonio, también usó vapor para ir quitando los rayados y afiches que pesaban sobre la estructura ubicada en el corazón de Santiago, y que sufrió su mayor deterioro a partir de la ola violentista del estallido. Ahora, a días de que se retiren los muros de concreto que lo han protegido los últimos meses, el plinto sorprende y se impone, con un color verde ceniza —su tonalidad original—, aunque hay daños que todavía resultan evidentes.