Valeria Cortés-Rivas, geofísica del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) y de la U. Católica, se adentró el viernes en la Fosa de Atacama, ubicada en el límite entre Chile y Perú, una de las fosas marinas más profundas del planeta. Comenta que "a medida que bajas puedes ver por una pequeña ventana de 15 centímetros cómo de apoco se oscurece. A los 200 metros ya es oscuridad y de ahí aún quedan dos horas de descenso suave". Llegó hasta los 7.680 metros de profundidad, un hito para una mujer en ese lugar, famoso por ser un laboratorio natural que permite estudiar sismos y tsunamis, ya que es una zona de subducción donde la placa de Nazca se hunde bajo la Sudamericana. Esto se logró gracias a una alianza entre IMO y el Instituto chino Deep-Sea Science and Engineering (IDSSE). El objetivo es "recolectar muestras de rocas que nos permitan saber de qué materiales se compone cada placa tectónica. Asimismo, esperamos ver las fallas geológicas para identificar cómo se está deformando el sistema (…) su análisis nos permitirá mejorar nuestros modelos de terremotos, tsunamis y del ciclo sísmico", dice Cortés-Rivas.