“Un ganador busca los errores dentro de sí mismo”

La decoración del restorán Agua, uno de los 50 mejores del mundo según la revista Condé Nast Traveler, es algo fría; muy moderna; ordenada hasta la perfección; una mezcla de grises, blancos, azules, madera, piedra, metal y, por supuesto, agua. Esa misma sensación produce su chef y uno de los dueños, Christopher Carpentier.

16 de Noviembre de 2004 | 10:27 |
Él es un chico moderno, exitoso, joven, con cuento; sin embargo, su primera apariencia es fría y distante. Saluda cortésmente y explica que está muy resfriado por haber jugado fútbol el fin de semana.

Tal vez a eso se deba que ni siquiera sonría mientras lo fotografían; al contrario, parece estar molesto y deseoso de terminar la sesión. Además, no deja ni un minuto de preocuparse de la atención de los clientes que aún no terminan de almorzar: mira a los garzones, no pierde de vista la cocina, tampoco la barra; atiende el celular, retoma el hilo de la conversación, se va por las ramas, vuelve, se pega en lo que lo apasiona.

A veces, cuesta entender sus ideas porque va de una en otra, da una orden a alguien, pide un agua de hierbas. Es aceleradísimo, pero finalmente se relaja y la conversación dura horas.

-¿Por qué tan serio?
“Soy cero serio ¿Tú crees que soy serio? Bueno...depende del momento en que nos conozcamos: si te estoy atendiendo, si estamos en una fiesta. Nooo, no creo ser serio. Soy tajante, quizás cuadrado; lejos de ser serio: todo el día en la chacota. Lo que pasa es que dentro del restorán tengo una actitud más seria, más profesional. Además soy cíclico, cosa que tengo que tratar de solucionar.”

Tiene 31 años, nació el 23 de agosto de 1973. Vivió gran parte de su infancia en Santiago, después en Reñaca, otro tiempo fuera de Chile para terminar, a su regreso, en el Southern Cross. Diez meses después de salir del colegio -en los que peló papas donde Coco Pacheco-se fue nuevamente.

Comenzó limpiando baños en restoranes mientras estudiaba gastronomía en L’ Academie de Cuisine de Maryland en Estados Unidos. Colaboró con reconocidos chefs mundiales y ya en Chile, obtuvo el premio Chef de Chefs de Achiga 2001, el mismo año que inauguró su restorán.

Como las energías no le faltan ha cocinado en la televisión abierta chilena y es rostro para América Latina a través del canal El Gourmet.com.

-Eres hiperkinético. ¿Es cierto que pasaste por muchos colegios?
“No estuve en tantos colegios, es más el mito: han dicho cantidad de cosas. Estuve en tres o cuatro, pero básicamente porque me cambiaba de ciudad o de país. Nunca fui serio, siempre he disfrutado harto de lo que hago, he sido bien gozador, bien divertido. Mis compañeros se reían, yo me reía con ellos y eso a los profesores no les caía bien, sobre todo en un sistema educacional tan retrógrado, tan antiguo y tan barrero como el chileno. No encajaba mucho, me cuesta seguir órdenes”.

-¿Cómo, entonces, pudiste partir pelando papas y limpiando baños?
“Me cuestan las órdenes, pero las sigo. Tuve una formación muy militar de parte de mi mamá que es súper estricta, ordenada, organizada: horas para levantarse, para acostarse, horas de estudio. No era para nada hippie, después se fue relajando”.

-¿Te pareces a ella?
“Gran parte de lo tozudo, de lo porfiado, de lo llevado de mis ideas que soy...o sea, no gran parte ¡todo! se lo debo a ella. Mi mamá es de las personas que ha tenido todo lo que ha querido. En ese sentido yo soy muy así. Todo el mundo puede tener acceso a cualquier cosa; unos más, otros menos. Todos tenemos derecho, por lo menos, a igualdad”.

- Durante mucho tiempo se dijo que eras “hijo de papá” ¿Es el típico chaqueteo?
“No, primero que nada hay como una predisposición desde y hacia las personas”.

-No entiendo.
“Mira, por ejemplo, me hicieron una entrevista en que me preguntaron cómo hago para llevar mi nombre... ¿Cómo mi nombre?, pregunté. Me contestaron; es que tu papá aparece navegando en la Copa del Rey de España, en Palma de Mallorca; tú, allá, jugando Polo; esto aquí, esto allá ¡Cómo si yo perteneciera a un círculo selecto de personas! Y por esas razones bien ridículas, no tengo derecho a ser cocinero.
“Si yo fuera abogado o cualquier cosa tradicional, no les llamaría la atención: es como que yo pertenezco ahí y es una obligación, como lógico. Les sorprende que el chef que aparezca no sea un guatón, pelao, con pinta de sanguchero; que yo llegue a una mesa y hable en inglés y a otros clientes, en otro idioma. Creen que no hay relación entre mi círculo social y lo que hago”.

-Diría que más bien se refieren a tu edad y a que tienes un restorán como éste.
“Es bien ridículo ver a las personas de esa manera y tampoco lo comparto. Nadie se imagina que yo pueda haber estado pelando papas, limpiando baños y tatatatá, hasta llegar a esto: una persona que le pusieron un restorán y le fue bien”.

-¿Le pusieron?
“Lejos de eso ¡Cómo somos los chilenos!, como filosofía, idiosincrasia, como que no tenemos ningún logro, nada. Seguimos pensando que las pocas personas que han logrado éxito a título personal es por cualquier cosa, menos por el esfuerzo. El “Chino” Ríos es sólo talento; no esfuerzo, no haber dejado de hacer cosas cuando chico, eso no cuenta".

-¿Cuál es la clave de tu éxito?
“Siempre digo que una de las grandes diferencias entre un ganador y un perdedor es que el primero busca y encuentra sus errores en sí mismo, a diferencia del perdedor que culpa de todo a los demás. Por eso no avanzamos como país: porque el árbitro nos cagó, porque le pasaron una moto mala a De Gavardo. Nunca hay autocrítica. Yo no comparto eso, yo creo que los problemas son de uno. Siempre nos preocupamos del pasto del frente y el nuestro se echa a perder”.

-Pero estamos hablando de ti, no del país en general.
“Yo no tengo esa filosofía: me preocupo de mí y de nada más que de mí y de mis clientes, mis cosas; es un sistema de vida. Soy muy individualista y me cuesta ser generoso en mis espacios, lo reconozco, pero es el sistema que me ha llevado a que me vaya bien y por lo tanto no tendría por qué cambiarlo. Sé que eso me trae problemas: cosas buenas, como cosas malas, pero tengo que trabajar para mejorar estas últimas y resaltar las positivas”.

-¿Cuáles son las áreas que hay que mejorar?
“Si un chef se gana un premio, se lo ganó; pero me da rabia conmigo, porque soy muy autoexigente. La primera vez que me gané el Chef de Chefs, fui feliz, pero a la semana ya estaba en otra: el diploma está pegado con un corcho en mi oficina y la medalla la perdí. En cambio, cuando salí segundo, ¡puta, necesité un mes para recuperarme!, y lloré y alegué: que soy un irresponsable, que debiera haberme preocupado más. Eso la gente no lo entiende. Todos me felicitaban... ¿de qué me felicitan, si yo no gané?”

-¿No toleras muy bien las frustraciones?
“No estoy acostumbrado a que me vaya mal, a ser segundo. Me cuesta tolerarlas y me autoexijo demasiado, pero tengo claro que es un error y que tengo que mejorarlo día a día. Por eso he tratado de empezar a trabajar estos temas que no me son gratos, a aprender a superarlos”.

-Dijiste que eres poco generoso ¿también en lo material?
“No me interesa nada de lo material: todo se puede obtener, todo pierde valor; pero cuando miras a tu pareja, a tu señora, a tus hijos reir, hay algo que te llena el corazón. Las relaciones son las importantes. No tengo cercanía con las cosas materiales. No quiere decir que no me importen, pero no son lo más importante en mi vida. Me casé hace 10 meses, entonces, trato de ser más empático. No ser egoísta, no se trata de generosidad, sino de ponerse en el lugar del otro.”

-¿Siempre eres tan disperso?
“Cuando chico, estaba convencido de que era tonto, de que era malo para todo. Por el sistema educacional en Chile que no te potencia para nada. Al que es malo, le dejan claro que es malo. Nunca tuve un cuaderno, tenía déficit ¿Cómo logré pasar de curso?, tuve que desarrollar otras habilidades, poner atención y pensar al mismo tiempo, porque yo puedo estar conversando contigo y saber lo que está pasando en las otras mesas. Como a los veintitantos que me di cuenta que era bueno para la cocina, por eso que el Chef de Chefs fue tan importante”.

-¿Por qué?
“Me sentí validado yo, conmigo mismo. Validé mi esfuerzo, mis habilidades, mi experiencia, el camino que había escogido, que lo había hecho bien. Por eso fue tan importante en ese minuto, no por el premio. Prueba superada, pasemos al capítulo 2 del libro”.

-¿Cuál es tu relación con los chefs?
“Tengo afinidad con las personas mayores del rubro: Coco Pacheco, Javier Pascual, Pancho Toro, Emilio Peschiera, esos son mis amigos; Ignacio Vivanco, de Los Buenos Muchachos; Luis Fernández, de La Sal; Luis Miguel, de El Albero. Con esa gente me relaciono a nivel profesional, almorzamos y nos reímos. Tallas de aquí para allá, porque creo que de ellos puedo aprender mucho más que de los jóvenes. Tienen los conceptos más claros”.

-Como buen hijo único ¿te llevas mejor con los mayores?
“Me llevo bien con los adultos, la gente mayor. Los viejos me caen muy bien. Creo que la tercera edad tiene un rol súper equivocado en esta sociedad actual, debiera ser más protagonista, tenemos ene que aprender de ellos, igual que de los niños. Puedes aprender de ellos la sabiduría, el conocimiento, recibes consejos de manera desinteresada, ellos saben que van ida y vuelta y, a lo mejor, pura vuelta no más.”

Sin aviso previo, ordena a un garzón que va pasando: “Dile que pare el tambor allá adentro, (en la cocina), aparte que lo va a romper limpiándolo así”.

-Siempre preocupado de todos los detalles.
“Siempre preocupado de todos los detalles. Pero fíjate que soy súper preocupado aquí adentro; en mi vida, dejo pasar ene cosas.”

-Este trabajo requiere de estar muy presente ¿queda tiempo para otras cosas?
“Mi bien más preciado es mi tiempo. Podría no estar, pero sería otro restorán: tengo que estar para dirigir el barco, porque es fácil que se vaya a la deriva”.

-¿Y para tu mujer?
“Siempre hay tiempo, uno se lo hace: me lo hago para estar contigo aquí conversando y no me lo voy a hacer para estar con mi señora. Uno deja de hacer cosas, yo hace rato que dejé de hacer las más urgentes, hoy día mi vida pasa por hacer las más importantes. Si tengo al Presidente aquí, pero tengo a mi señora enferma o a un hermano o a alguien que quiero...tendrá que esperar el Presidente o simplemente no voy a estar no más.
Hace rato que veo mi vida de otra manera”.

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