“La diferencia entre un hijo y ninguno ¡es el todo!”

23 de Noviembre de 2004 | 11:02 |
Casado con la anestesista Lorena Muñoz, tiene sólo un hijo: Ricardo, quien también es fruto de la reproducción asistida. “¿Cachai por qué el tema me apasiona?” dice y empieza a hablar de “su todo” –como llama a su hijo- con más orgullo del que le provoca su profesión.

Tiene 13 años y es su compinche. Juntos tocan música: “mi hijo es un virtuoso, toca lo que le pongas por delante, yo trato de tocar el saxo”. Los fines de semana van juntos al Club de Jazz, al cine, a jugar golf.

En las mañanas, Ricardo deja a su hijo muy temprano en el Nido de Águilas y se va al San Borja. En la noche, comen juntos y -“como es búho igual que yo”-, se quedan conversando o tocando música hasta pasada la medianoche.

Los ojos le brillan, la chochera se le nota a este trabajólico doctor. Cuenta que, si bien el tiempo no es mucho, lo aprovechan al máximo.

-¿Y Lorena?
“¡Ah! Ella se sube y se baja del carro de nuestros panoramas. Cuando Ricardo era más chico era pura mamá, pero ahora está en una edad tan rica, es mi mejor amigo, mi partner. Hablamos cosas de hombres”.
Sigue, no hay cómo pararlo: “Acaba de empezar lo que en Chile es el octavo básico. Parece un gringo ¡es que vive 10 horas al día en Nueva York! (se refiere al colegio internacional en el que estudia). Acaba de volver de la Universidad John Hopkins, donde estuvo un mes invitado porque obtuvo excelentes notas en el colegio: dio el SIT y sacó casi un 90 por ciento ¡y estaba en séptimo!”

- Pero ¡esas no son actividades normales de un pre adolescente!
“Si estás creyendo que es un nerd, me va a matar. No, para nada, es medio dark, su ídolo es Jim Morrison: Es una onda nada que ver con lo que se podría pensar por todo lo que te he contado”.

-¿Y el tiempo para la pareja?
“Lorena es anestesista y forma parte de mi equipo. Ha vivido conmigo las fertilizaciones, los partos, las alegrías, las pérdidas, los fracasos. Cuando el proceso termina con un bebé en la casa, lo disfrutamos juntos. Es súper apoyadora y estamos en esto como pareja, aunque también aprovechamos nuestro escaso tiempo libre de la mejor manera posible”.

-Ustedes también pasaron la experiencia de la fertilización asistida ¿Cómo fue?
“En casa de herrero, cuchillo de palo. No... hablando en serio, fue maravilloso que nos resultara: es que la diferencia entre uno y ninguno ¡es un mundo!, es pasar de la nada al todo y somos profundamente felices”.
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