“La culpa de las licencias maternales es del sistema, no de las mujeres”.

Cálida y acogedora, con una apariencia perfecta, sin un pelo fuera de lugar, pero con vocación política y una visión asertiva sobre los temas de la mujer es esta joven Superintendente de Seguridad Social, que hace la excepción al mito de que las mujeres bonitas no pueden ser inteligentes.

14 de Abril de 2005 | 10:54 |
Parece casi una modelo, rubia, de ojos claros, elegantemente vestida y toda ella muy bien cuidada. Ximena Rincón tiene 37 años y, aunque es abogada y se especializó en derecho minero y tributario, su militancia DC y su vocación de servicio público pudieron más: hace 6 años trabaja en el gobierno en cargos ejecutivos; primero como directora de Prodemu y hace cuatro como Superintendente de Seguridad Social.

Se define como una mujer polifuncional. Entró a estudiar derecho porque tenía que ver con el cuento político y el servicio público que en su casa eran pan de cada día. “Si tú me preguntas con una mano en el corazón, yo quería estudiar arquitectura”, confiesa.

Cuando estaba a punto de recibirse en derecho minero y tributario, que “me encanta”, el ministro de Minería de entonces, Benjamín Teplisky, se enteró de su especialización y le ofreció trabajar con él.

“En esa cartera, negocié el tratado con los argentinos. Una empresa trasandina me ofreció trabajo; en eso estaba, cuando la Martita (Larraechea de Frei) me llamó y me ofreció el Prodemu. Como lo social ha estado siempre presente siempre en mi vida, opté por ese cuento, me encantó, estuve allí dos años y volvería a hacerlo si me lo pidieran”, explica.

-¿Y la Superintendencia?
“Cuando terminó el gobierno de Eduardo Frei, me iba para mi casa; tres o cuatro días antes que asumiera el Presidente Lagos me ofreció la superintendencia. Me pareció un desafío súper entretenido, porque no era una repartición muy conocida y tiene un fuerte componente social -administra fondos nacionales que van en ayuda de las personas más necesitadas del país, además de fiscalizar-. Encontré que había tanto por hacer, que me pareció interesante.”

-¿Volverías a la minería alguna vez?
“Todos los días aprendemos, todos los días nos reorientamos. Lo que tengo claro es que no me gustaría pasarme toda la vida en lo mismo ¡Me muero de lata! Creo que es lo más fome que uno puede hacer; estar 40 años en los mismo ¡no! Hay gente que le pasa eso, yo no puedo. Las puertas están abiertas para volver a la minería, no descarto nada”.

-¿Te proyectas en un cargo parlamentario?
“Yo soy una satisfecha de todo lo que he hecho. Nunca, hasta el día de hoy me he proyectado. La verdad es que he ido poco a poco, o rápidamente –tengo 37 años, igual es como rápido-. Mi meta es que ciertas personas lleguen a algunos cargos y no estoy en el cuento de ser parlamentaria. Me gusta el Ejecutivo y espero quedarme ahí por un tiempo”.

-¿Cuál es la razón?
“Por mi cuento personal. A través del Ejecutivo puedes hacer demasiadas cosas, resolver muchos problemas, vas creando, vas intencionando; por lo tanto, tiene que ver con servicio público, con convicciones, con creencias, con efectividad. Yo admiro a los que tienen la fortaleza y el ánimo para presentarse a cargos parlamentarios o de alcalde, más en la realidad nacional, donde el termostato no es muy favorable para ellos”.

Los años en cargos de gobierno y las tres campañas parlamentarias de su marido le han permitido empaparse de la realidad nacional. Con pleno conocimiento asegura que en Chile hay grandes diferencias en todos los ámbitos, y entre la capital y las regiones. Fuera de Santiago, asegura, el acceso a buena educación o salud de calidad está directamente relacionado con el ingreso.

“Agrégale a eso los nexos familiares, que en este país son muy fuertes. Si no tienes la preparación o los contactos, quedaste fuera del sistema, salvo que seas un gran emprendedor y montes tu propia empresa”.

-¿Qué está pasando con las licencias maternales?
“Sigo rebelándome al hecho de que a las mujeres les impongan un prenatal y un postnatal. En todos los países existen normas para establecer mínimos de protección. No todos están en condición de ventaja respecto a su empleador y, por lo tanto, no pueden negociar condiciones adecuadas. Lo ideal sería que la mujer lograra hacerlo y esto tiene que ver con el tema de la famosa flexibilidad laboral”.

-¿Cómo así?
“Los temas se construyen como verdades y nadie los discute ni analiza. Aquí la flexibilidad va a significar que el empleador se va a abusar del trabajador o, al revés, éste se va a aprovechar del empleador. ¿Cómo vamos a avanzar así?
“Tampoco podemos discutir el tema de la edad de las mujeres para jubilarse, porque también hay mitos respecto de eso. Pero ¡cuidado!, detrás de eso hay una notable desventaja en cuanto a montos de pensiones y a otra serie de factores; y además, las mujeres viven más años que los hombres, entonces estás doblemente perjudicada”.

-¿Construimos falsas verdades?
“Por cierto y ellas no nos permiten discutir ni analizar las consecuencias que tiene para nuestra vida. En el caso de nuestro país es más difícil, porque tenemos poca participación de la mujer en el trabajo a nivel formal; un empresariado con dirigentes muy convencidos de ciertas cosas y falta de diálogo con los trabajadores.
“A mí me encantaría que tuviéramos un Consejo de Diálogo Social como el español, donde se sentaran a conversar las cosas que hay que cambiar, tuvieran un directorio y recogieran las necesidades y los errores”.

-¿Pasa por un tema de información?
“En cierto sentido, porque el trabajador no está capacitado para negociar si no tiene información. La responsabilidad social es del empresariado, que es el que tiene la educación, el dinero y, finalmente, el poder. Este compromiso tiene que ver no con su empresa, sino con la comunidad. A mayor grado de insatisfacción, mayor crisis social”.

La conversación gira una y otra vez sobre los problemas no resueltos de nuestra sociedad, como las jubilaciones, las temporeras, el ingreso mínimo y otra serie de temas sobre los que Ximena Rincón insiste que es imprescindible sentarse a conversar para superar la pobreza en que están dos millones de chilenos. Exhorta a la conciencia social de todos, pues considera que puede subsanarse, sobre todo si se considera la cantidad de pobres que tiene un país como India, donde es muy difícil lograr algo.

Inevitablemente la entrevista deriva otra vez en las licencias maternales y especialmente en las que los médicos dan por enfermedades de los hijos menores de un año y que han aumentado en 1.300 por ciento en una década. “No sólo eso, sino que el 54 % de las patologías corresponden a reflujo y el 26% a bronconeumonias, lo que en cualquier país del mundo es imposible. No guarda relación con la epidemiología que debiera tener una nación”.

-¿A qué lo atribuyes?
“Es una mezcla de factores; por un lado, la convicción de los médicos de que los niños son más sanos si son amamantados y el postnatal debe durar seis meses. Nadie podría discutirlo, pero se les olvida que esto se financia con recursos estatales, entonces estamos destinando recursos, que no son menores – 91 mil millones de pesos-, a pre y postnatal y a hijos menores de un año y dejando de lado una larga lista de carencias que tenemos como país en vías de desarrollo”.

-¿Y las Isapres?
“En el año 1985, un legislativo chiquitito decidió que este subsidio lo pagara papá Estado. El argumento fue que era muy caro para las mujeres el contrato de salud. No hay ningún, ningún estudio ni demostración que nos hayan bajado un peso en la cotización en esa época”.

-¿Pero por qué aumentaron tanto las licencias al incorporar las de los hijos menores de un año?
“Las mujeres no tienen con quién dejar a los niños; las salas cunas no los aceptan con reflujo; tienen miedo de ser despedidas; los familiares femeninos no pueden cuidárselos, porque deben trabajar y así una larga lista de razones. Las mujeres vieron, entonces, en este mecanismo una forma fácil de quedarse con sus guaguas, unido a que los médicos consideran que es mejor tener un postnatal más largo para amamantarlas”.

-¿El problema es el abuso?
“No, son las condiciones laborales para nosotras. La culpa de las licencias maternales es del sistema, no de las mujeres. Hay que buscar algo que resuelva el problema, porque las mujeres deben trabajar, por necesidades económicas, profesionales o del propio desarrollo.
“Tenemos que preocuparnos de que hayan niños, porque la tasa de natalidad va bajando, y de que las condiciones de trabajo sean las adecuadas, para poder compatibilizar las dos cosas. Ahí está el desafío”.

Otro tema que se está haciendo cada vez más común es el rechazo de las licencias maternales presentadas fuera de plazo.
“La ley establece el plazo, salvo que haya causas justificadas. En la Super tenemos montones de apelaciones de ésas y se acogen, sobre todo en el caso de un nacimiento, que no se puede falsear; sí ponemos problemas y cortapisas en las siquiátricas o las osteomusculares, por ejemplo, que son súper difíciles de pesquisar como enfermedades ciertas”.

-¿Qué pasa en el caso de los hijos nacidos muertos?
“Teniendo más de 26 semanas de embarazo, existe derecho a postnatal. Ahora…es brutal, es un tema que presentamos como proyecto de ley para poder dar la opción médica de volver al trabajo, porque hay mujeres que lo necesitan síquicamente o económicamente y no pueden”.

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