“No me he cuestionado ser “la señora de””

11 de Noviembre de 2004 | 12:30 |
Casada con el conocido militante de la DC, Juan Carlos Latorre, tienen tres hijos en común: Valentina, de 14; Juan Pablo, de 8 y Juan Carlos, de 4.

Se conocieron gracias al partido. Ella era una joven estudiante de derecho en Concepción y él llevaba 6 años separado de su primera mujer, con quien también tiene tres hijos. El flechazo fue inmediato; después de un tiempo se casaron y ella se vino a terminar la carrera de derecho a la Universidad de Chile, en Santiago.

La diferencia entre ellos es de 18 años, pero nunca ha sido un problema, hasta ahora, que Valentina ironiza con el tema y el “Kako” –como todos lo llaman- se pone un poco nervioso por los futuros “pololos” de su hija.

Cuenta que al principio le costó un poco la relación con los tres mayores -Carlos, Rodrigo y Paulina- “pero hoy es el descueve, no podría decirte que con uno es mejor que con el otro, son todos distintos y nos llevamos muy bien”.

-¿Te quita mucho tiempo el cargo de superintendente?
“El Ejecutivo es súper absorbente y me quita mucho tiempo para la familia”.

-¿Tal vez por eso tampoco te ves como parlamentaria?
“Yo no sería hoy candidata a parlamentaria porque el Congreso está en Valparaíso y mis hijos son muy chicos y necesitan que esté más cerca. Además, tengo un marido que espero que sea candidato a senador y no me veo yo, también, postulando. O sea, un poquitito mucho. Igualmente, mi hermano Ricardo va a la elección de diputado. Creo que ya es suficiente.
“Me encanta el Ejecutivo y, si pudiera, seguiría allí mucho tiempo más”.

-¿Has sentido el peso de ser la señora del Kako?
“A cualquier parte que voy me preguntan por él y al Kako, por mí. Me encanta que sea así y no me he cuestionado si creen que estoy aquí por ser “la señora de”.
“Lo que sí he sentido es que, al principio, me miraban con cierto resquemor: por ser mujer, joven; pero hoy día, ya no”.

-¿Ganaste tu espacio?
“Creo que he demostrado que lo he hecho bien; no he tenido grandes conflictos ni escándalos, ¡gracias a Dios! También porque, aun cuando partí en Concepción, seguí aquí como dirigente estudiantil y ahí era Ximena Rincón, una estudiante más de todos los que habían, no era la “señora de””.

-¿No has sentido el chaqueteo?
“No especialmente, pero sí otras cosas, como que cuesta que a la mujer se le escuche en ámbitos de hombres. He llegado a decirles a algunos amigos míos que jamás hubiera pensado que podían ser tan machistas”.

-¿En qué generación se da este machismo?
“La única vez que lo he expresado fue con gente de mi edad y me sorprendió muchísimo. En la gente mayor he sentido cierto paternalismo. Pero el machismo es transversal”.

-Pero el machismo se escribe con “m” de mamá.
“Estoy de acuerdo contigo, pero yo no crié a esos niños ¡Qué se hagan cargo sus mamás!, de mis hijos, yo”.

-¿Crees que las de esta generación tienen conciencia de ello?
“No sé cuanta, pero en los matrimonios que conozco la responsabilidad es compartida: lavan, planchan, cuidan niños de a dos. La relación mía no cuenta, porque mi marido tiene 18 años más y es otra realidad, aunque si le pido que haga algo, lo va a hacer y no se va a horrorizar”.

-¿Cómo lo haces, entonces?
“Tenemos una sociedad: los dos trabajamos; compro por internet, porque nos carga ir al supermercado, y me he ayudado de otras herramientas que no tenían nuestras mamás. Tengo dos nanas estupendas que están conmigo desde que me casé y el teléfono es imprescindible.
“Las generaciones más jóvenes están haciéndolo distinto, porque ya no tienen el acceso al apoyo doméstico y creo que eso está bien, muy bien”.

-¿Y respecto a tus hijos?
“Los seis tienen responsabilidades por igual, no sólo las niñitas. Lo mismo cuando salimos de veraneo. Eso es un cuento de uno, efectivamente machismo se escribe con m de mamá, pero la responsabilidad es nuestra. Están cambiando las cosas”.

- Estudios recientes dicen que Chile sigue siendo tremendamente conservador respecto de la mujer.
“Por algo tenemos sólo el 36% de la fuerza laboral formal en manos de la mujer, cuando en Europa está en el 60 %. ¡Brutal la diferencia!”.
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