“El gran libro de historia ya sé que no lo escribí”

16 de Noviembre de 2004 | 14:01 |
De dolores en la vida ha sabido. Tiene tres hijos hombres a los que adora, pero sufrió la pérdida de una hija a los pocos días de nacida. “Para mí, tener tres hijos fue un lujo maravilloso”, asegura.

Casada con el abogado y ex parlamentario Juan Luis Ossa, hoy disfruta sólo al menor porque los dos mayores, de 27 y 24 años, se independizaron.

Sus intereses son amplios y variados, pero, claramente, uno la convirtió en voz autorizada y simultáneamente best seller: la cocina. Autora de los libros “La buena mesa” y “Cocinando con gracia”, las anécdotas en torno a la comida son infinitas, partiendo por el hecho de que su marido no la acompaña a restoranes porque “come regio en casa”.

- ¿Cuáles son los proyectos futuros?
“A ver, seamos realistas, Lucía Santa Cruz está un poquito al final de los días (pasa los 60 años). Ahora, nunca he tenido más libertad y espacio que hoy. Nada de lo que hago hoy habría sido pensable con los niños chicos”.

- O sea, ¿hay nuevos desafíos?
“No, la verdad es que estaba súper bien equilibrada hasta que me llamó el Presidente y me pidió que asumiera en TVN”.

- ¿Y es verdad que a ningún Presidente se le dice que no?
“Yo por lo menos no habría podido”.

Sus deseos más inmediatos son poder estar en Chiloé y Cachagua más tiempo y viajar. No se proyecta retirada intelectualmente y adelanta que tiene demasiados libros pendientes, aunque ya se declara agotada porque “cuando leo, lo hago con lápiz”.

-Te queda escribir el gran libro de historia.
“Sí y ya sé que no lo escribí”.

- ¿Te frustra?
“No, porque sé que tengo otros logros. Sería estúpido quedarme en ése. Ahora, tengo la esperanza de que el libro que vamos a publicar (sobre las elites) va a ser bueno; no el gran libro de historia, pero sí digno”.

No tiene claro que vaya a incursionar en un tercer libro de cocina, aunque tiene apuntes y recetas acumuladas para ello. Su marido le ha dicho que segundas partes nunca son buenas, pero igual se entusiasma cuando se le propone que una editorial le financie viajes a distintas ciudades del mundo para recolectar los mejores platos y publicarlos.

Lo que sí la tiene muy ilusionada es la idea de convertirse algún día en abuela. “Voy a hacer un jardín infantil modelo en mi casa”, asegura. Es más, afirma que “la maternidad me cambió el coco” e hizo las sábanas y velos de las cunas y tejió todas las tenidas que hasta hoy guarda para sus nietos.

Probablemente, en materia culinaria, haga con ellos lo mismo que con sus hijos; para desarrollarles el gusto les dio todos los días sopas con distintos ingredientes hasta, claro, que perdió la batalla frente al ketchup.

Con tantas historias que contar, hay una que Lucía Santa Cruz no suelta: su amistad juvenil con el príncipe Carlos de Inglaterra. El tratamiento que la prensa ha hecho del tema le molesta, pero por sobre todo, nunca ha dado una entrevista sobre ello porque “si uno es amiga de una persona que tiene tan poca privacidad no puede contribuir a exponerlo más”.

“Espero tener alguna credibilidad por mí misma y no por eso”, sentencia.

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