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“¡Paso más tiempo con la Sol que con mi familia!”

10 de Diciembre de 2004 | 09:23 |
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Al mirarla, se nota por todos los poros la satisfacción que siente por haber logrado lo que se propusieron. Le encanta conversar, se ríe; a ratos se calla, porque recuerda los detalles como si fuera hoy. Cuesta pararla porque es como un huracán, lleno de vida y energía.

Se sabe buenmoza y extrovertida y es un plus que aprovecha para ser la cara visible de Southwind; la que hace contactos, logra rebajas y, como el coqueteo le es innato, tiene varias herramientas en sus manos para seducir y convencer.

Cuenta que en tercero medio pensaba estudiar odontología, pero un amigo de su papá le habló de la carrera y le gustó muchísimo, “especialmente la idea de una carrera más dinámica, más interesante, con mucho futuro, con mucho potencial, hartas cosas que hacer. Como dentista me veía en una consulta cerrada y ese cuento no es para mí”.

Agrega que, a pesar de que la carrera entrega pinceladas de cada materia, la parte procesos es más fuerte y les dio las herramientas para salir adelante.

El año 1996 empezaron a pagarse un sueldo, aunque nunca han hecho retiro de utilidades anuales, porque todo va a reinversión. Hace dos años y medio construyeron su propia planta, con equipamiento, nuevas líneas y túneles de frío.

“Nos da un ingreso que no nos daría la empresa privada .Además lo pasamos tan bien haciendo lo que hacemos, lo disfrutamos tanto, que no podríamos estar en otra parte”.

-¿La amistad sigue igual?
“Sigue intacta, mejor. Es como un matrimonio bien avenido, hay cosas que ni siquiera necesitamos hablar, fluyen; si una no está, nos echamos de menos; nunca hemos tenido una pelea; nos ayudamos mutuamente...¡Paso más tiempo con la Sol que con mi familia!
“No importa lo que pase con la empresa, el valor de la amistad es mucho mayor. Nunca la ambición por dinero ha estado por sobre pasarlo bien juntas, ponernos desafíos alcanzables y no martirizarnos”.

-¿Cuál es el objetivo, si no es el dinero?
“No somos mujeres con grandes ambiciones. No creemos que el fin justifique los medios. Cada cosa que hacemos es porque nuestra gente está bien, porque nuestras trabajadoras están bien. Sabemos que muchas familias dependen de la empresa y la idea es que el clima de trabajo sea entretenido y estemos todos contentos. En eso hemos basado el éxito y nos ha resultado”.

-¿Darías una receta?
“Que los trabajadores lleguen a la empresa con la camiseta puesta. Preferimos verlos bien que producir, producir, ganar mucho dinero y martirizar a los empleados. Creo que es más importante llegar a una empresa donde te saludan todos felices, hay un trato cordial y de mucho cariño. Somos como una gran familia”.

-¿Tú eres la cara pública de esta sociedad?
“Yo soy un poco la que hace las relaciones públicas y la Sol hace el trabajo metódico, ordenado; desarrolla los proyectos…yo la admiro”.

-¿Viajan mucho?
“Sí, harto; al principio íbamos juntas, que era lo más entretenido, pero ahora lo hacemos por separado. Elegimos un evento al año al que vamos las dos - es el gusto que nos damos-, hacemos una ruta más larga, aprovechamos de conversar lo que ha quedado en el tintero, porque –aunque parezca increíble- nos falta tiempo para estar más tranquilas, sin presiones”.

-¿Cómo ves el rol de la mujer en esta sociedad?
“Difícil, tenemos una sociedad poco evolucionada, en que los hombres se han quedado en el tiempo, aunque los empresarios se han dado cuenta de la importancia de la mujer en el trabajo”.

-¿Cuál es esa importancia?
“Su método, su constancia, el orden, la eficiencia. Sin embargo, todavía no premian eso”.

-¿Cómo así?
“La mujer carga con la casa, con los hijos, con la responsabilidad del hogar y el hombre chileno actual no se posiciona en un nivel de colaboración, de participación, de estar en el núcleo familiar como integrante activo. Lo veo en mis operarias, que muchas de ellas son el pilar del hogar, a un costo elevadísimo”.

-¿Y a nivel ejecutivo pasa lo mismo?
“De cierta manera sí. Nos vemos obligadas a ser súper eficientes, a optimizar al máximo nuestro tiempo”.

-¿Sientes que hay que demostrales que son buenas?
“Nunca he tomado como un desafío demostrarle nada a nadie; en ese sentido soy súper relajada. Me preocupo, sí, que mis hijos me vean presente y, para hacer eso y mover la planta, te ves enfrentada a un nivel de autoexigencia muy grande”.

Valeria salió de Chile cuando tenía 8 años y volvió a los 16, porque su papá era funcionario internacional. Vivió en México, Colombia, Costa Rica y Guatemala y recuerda que los períodos en que venían de vacaciones eran “una tortura”, porque le cargaba la mentalidad nacional.

“En el extranjero había mayor espontaneidad, apertura, orgullo de pertenecer al país de origen; en cambio Chile tenía una concepción clasista, llena de complejos, arribista, con valores que para mí eran difíciles de entender. Ese chileno que criticaba a sus vecinos sin haber estado nunca en otros países, me dolía, me daba rabia; me parecía gente de poca generosidad y muy limitado”.

-¿Ha cambiado esa percepción?
“Ha cambiado mucho el escenario. Me gusta Chile, me gusta como se está desarrollando la mentalidad: el chileno se ha abierto, está más llano a nuevas cosas, más relajado, con menor temor al ridículo. Las nuevas generaciones sobre todo, son más cultas, más liberadas”.
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