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"Podemos perder todo por el sexo"

Es un representante típico de los liberales de su edad, incluso su película “Mujeres Infieles”, que ha sido acusada por la crítica de plana, liviana o comercial, tiene una segunda lectura más profunda, más cercana a la mujer que cualquiera de los largometrajes que hasta ahora se han realizado en Chile. Si bien no discute que busca la taquilla “¡¿Quién no con la primera película?!”, es un guión en que claramente la infidelidad femenina es provocada por el abandono del hombre; sin embargo, el único hombre infiel, lo hace por poder y dinero.

28 de Diciembre de 2004 | 10:14 |
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Rodrigo Ortúzar Lynch proyecta la imagen de director pro mujer, por no decir feminista. Tiene 44 años, el pelo largo y lacio tomado en una larga trenza; tostado, destacan unos ojos azules muy intensos; es alto, no muy flaco y viste jeans, tanto en los pantalones como en la camisa.

Parece un encantador de serpientes, de su boca salen miles de cuentos y conversar con él se vuelve un verdadero placer; parece uno de esos antiguos diálogos en los patios de la universidad, donde la intención no es que el otro te crea o se convenza, sino lúdicamente hacer de la conversación un acto de discusión y diversidad intelectual.

Ortúzar estudió en el San Pedro Nolasco y cine en la Sorbonne, en París. No encontró lo que buscaba en la conocida universidad, “el cine independiente, de autor, más vinculado a otras áreas. Increíblemente, lo mejor fue que me dieron un carnet con el que entrabas gratis a los cines. Iba a ver más de cinco películas a la semana y me vinculé con los rusos, los polacos, los iraníes, los japoneses, un cine distinto a la cartelera habitual.”

-¿Mujeres infieles es tu primer largo?
“Sí, en mi opinión tiene dos funciones. Una es el tema de la mujer, que me interesa mucho y otra, juntar las lucas para la próxima, que ya está en guión y esa es más cine de autor”.

-¿Es una película feminista?
“Sí, es un poco feminista, porque siempre los hombres tendemos a cargarle la mano a las mujeres y –desde que el mundo es mundo- nuestra debilidad son ellas o, tal vez, el sexo, ¡podemos perder todo por eso! En cincuenta años, todo se revirtió y ellas están a la cabeza”.

-¿Los hombres le tienen un poco de miedo al nuevo rol de la mujer?
“Yo creo que no miedo…¡Terror, terror!, porque la mujer es menos prejuiciada que el hombre, tiende a avanzar sin temor y también puede retroceder; es decir, va, prueba y si no le gustó, vuelve. El hombre es más complejo y, si lo llevas a un plano netamente sexual, la mujer puede experimentar con su propio género sin ser necesariamente lesbiana; el hombre, jamás.
“Si lo llevas a otro nivel, la mujer acepta sus caracteres femeninos y masculinos y, por lo tanto, está más equilibrada. Pasó del machismo en que la tenían, a manejar la equidad y hoy maneja sus lucas, mantiene la casa, da órdenes, toma decisiones y no por eso deja de ser femenina”.

-¿Y el hombre?
“No acepta su lado femenino, porque lo vincula directamente a su virilidad; no soporta estar a cargo de la casa o que la mujer gane más que él, ni siquiera se permite actitudes de ternura, porque las considera amaneradas o, de frentón, de homosexual”.

-¿En todas las generaciones?
“No, ahora último, porque la evolución de la mujer ha sido muy rápida. Son procesos y los jóvenes recién están empezando a cambiar este paradigma, pero están muy asustados”.

-No puedes negar que los hombres están ayudando más a las mujeres que antes.
“Tiene que ver con el conservadurismo: los más conservadores están más reticentes; los más liberales, en cambio, no sólo colaboran en la casa, sino equiparan las decisiones, están más con los hijos, los enseñan. Los conservadores se asustan más y lo vinculan a la pérdida de virilidad o de poder”.

-¿Cuáles crees que son las necesidades de la mujer actual?
“Ya no necesita a un proveedor, como antes, sino un compañero que esté con ella en cualquier escenario. Ese es el proceso que quise plasmar en la película”.

-¿Cómo así?
“Que no sea una película cerrada que enjuicie situaciones o comportamientos, sino que genere discusión después de verla. La idea es que forje debate, polémica y ojalá suceda eso”.

-Sin embargo, ha sido catalogada de comercial.
“Por los críticos. Yo voy a hacer un concurso de críticos en Chile, porque una cosa es la opinión personal -válida- y otra, muy distinta, tener los conocimientos para juzgar una cinta en todos sus aspectos.
“En Francia, por ejemplo, criticaban Truffeau, Eric Rommer y filósofos especializados en semiología del cine. Agarraban la película y la desarmaban; entonces decían qué era lo que tenía de bueno, de más o menos y cuáles, sus errores”.

-¿No la consideras comercial, entonces?
“Sí, es comercial, pero hay distintas variables y, dentro de esas, la película es una mezcla de ambas cosas: comercial con contenido.
“Hay muchos críticos que hubiesen querido ver una cinta más profunda, más desgarradora; entre comillas, más cine de autor. Me encantaría y la habría hecho así, pero habríamos metido 20 mil personas y el mensaje sólo les hubiera llegado a ellas y no a la cantidad que llega ahora. Es una buena película, pero no excelente”.

-¿Qué es una buena película?
“Buena música, buena escenografía, buenos autores, buena historia y buenos actores. Es una película a la que el espectador va, se entretiene y después se discute acerca del todo, no de escenas en especial”.
-¿A quienes no les ha gustado tu película?
“A los hombres muy conservadores, a los muy religiosos y a las mujeres machistas. No hay que ser muy visionario para imaginar por qué”.

La conversación sigue acerca de varias películas y sus comentarios; las que más le han gustado y por qué; las que considera pobres o de baja categoría. Nombra una tras otra; se nota que antes de llegar a hacer cine, es un cinéfilo de esos que pueden entrar a una sala y que la cinta sea exhibida sólo para ellos, pues no es de gusto popular.

Asegura que parte del juego de hacer una película es “que te lleguen dardos buenos y dardos malos”, pero ve difícil que el cine chileno pueda salir del lugar en que se encuentra si no tiene el apoyo de los críticos. “No se trata de ser benevolente, pero sí objetivo y valorar el esfuerzo, el trabajo que hay detrás y que tiene un mérito, aunque no me guste el resultado”.

-¡¿Deben dejar de criticar para que el cine surja?!
“No, yo entiendo que miren las películas desde un punto de vista más potente y más profundo…si quieres te muestro un corto mío, “Dios te salve María”, que es la historia de un cura que se tira a una mina y tienen un hijo, la trama es la confesión de esa mujer para que la perdonen. Ahora, si queremos hacer industria, la cosa es más difícil”.

-¿Por qué?
“Ponte tú, yo quería hacer un drama de esta película, pero las lucas no llegaban; entonces, me propuse hacer un experimento: mezclar el drama con la comedia y ver qué pasaba. Puede que sea un tutti frutti, pero fue una decisión, un riesgo y, en mi opinión, no quedó mal”.

-Insisto ¿Tienen que ser más benevolentes los críticos?
“Deben juzgar con una vara distinta la primera película de un director que la quinta. Es obvio que “Machuca” es una buena película, pero Wood ya ha hecho varias y sabe que puede darse algunos lujos, porque el público ya lo conoce.
“A “Cachimba” (de Caiozzi), que es una lección de cine, le pusieron dos estrellas ¡están locos! ¿cachai? Le piden que haga algo distinto a lo que él es como director”.

-Insisto en la pregunta.
“Estamos en la etapa de hacer cine -¿viste “Roma”?, ¡maravillosa, pero lleva 4 mil personas!-, entonces “Mujeres Infieles” no es una película para mí, sino para que la gente la vea, por eso la elección de actores.
“Ya tendré tiempo para mi cine de autor, pero si los críticos me despedazan ésta, no vendrán las lucas para hacer otra. A eso voy”.

-¿Cuál es tu opinión del cine chileno?
“Los éxitos de taquilla han sido fortuitos. Nadie hubiera dicho que “Machuca” iba a llevar 700 mil espectadores, nadie. Después, tienes “Sexo con amor”, que también fue un batatazo, pero puntual.
“Qué interesante sería decir que vas a meter 200 mil personas y que esas vayan. De una u otra forma, el Gobierno, los empresarios, las instituciones deben ver que esto está funcionando y no que no puedas hacer una película de un millón de dólares, porque no recupera la inversión y eso nos lleva al cine comercial. Mientras no haya una industria que sustente la creación, de diez películas, siete se van a ir al canasto y tres van a sobresalir; para eso –como dice mi Presidente- se necesita el aporte de todos los chilenos”

-¿"Mi Presidente"? ¿Te interpreta?
“Ah!, sí, de todas maneras. No el resto de los comensales, pero él sí”.


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