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“Hay barreras que impiden a las mujeres tomar libremente sus decisiones”

Al contrario de muchos economistas, Rosanna Costa habla en sencillo. Quizás sus años de docente en las universidades Católica y Gabriela Mistral le ayudaron a simplificar el lenguaje y exponer las ideas económicas de tal manera que las puede entender hasta el más común de los mortales. Si a lo anterior se suma que es acogedora y de sonrisa fácil, cualquier conversación se puede extender horas, como esta entrevista.

14 de Abril de 2005 | 10:53 |
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Ingeniera comercial de la UC, su carrera profesional la ha desarrollado en dos nichos muy definidos: casi una década en el Banco Central e igual cantidad de tiempo en el Instituto Libertad y Desarrollo (ILD), que encabeza Cristián Larroulet y presta asesoría a los partidos de oposición.

Este año fue nombrada una de los cinco miembros del Consejo de Alta Dirección Pública, que debe designar –previo concurso público- a los jefes de servicio y gerentes de empresas del Estado. Su nominación la hizo el Presidente y fue ratificada por el Senado.

Y hace muy pocos días fue elegida, nuevamente, una de las 100 líderes mujeres del país. Su opinión sobre el manejo de la política fiscal y presupuestaria específicamente, le ha dado un lugar en el mundo de los economistas y expertos.

-¿Se puede tener una mirada de género frente a los temas económicos?
“Las mujeres no son ni más ni menos pobres o necesitadas que el resto de la sociedad. Desde el punto de vista del Estado, la necesidad del hombre y de la mujer es similar; la diferencia está en cómo se aproxima a una serie de programas sociales a algunos grupos de características particulares como ser jefa de hogar. Puede ser que ahí el diseño sea diferente porque el Estado reconoce nichos concretos y quizás, entonces, uno encuentre una mirada de género”.

-¿Cuáles son los nichos que dan cuenta de la realidad de la mujer?
“La jefa de hogar que se quedó con sus hijos y no puede salir a trabajar; o la mujer que trabaja, pero enfrenta la problemática de cubrir grandes distancias diariamente o los temas previsionales, especialmente ahora que entró en vigencia el divorcio y hay que ver qué pasa con esa cuenta del ex marido”.

-Analizas permanentemente la aplicación de políticas de Estado. ¿Cómo están siendo aplicadas hoy en relación a esas realidades específicas?
“Cuánto se prioriza uno sobre otro depende del tamaño relativo del problema. En las mujeres jefas de hogar existe un problema bastante grande, pero también lo hay en cierto sector de niños. El Sename, por ejemplo, requiere de una modernización y estos temas no son ajenos a la mujer. En el mundo laboral hay una debilidad en todo lo que es capacitación y colocación.
“En lo macro, el gran gasto social de Chile es poco distintivo. Están los grandes subsidios, como las pensiones asistenciales, cuya estructuracasi no ha cambiado; y la educación, donde se ha avanzado muy poco en la subvención diferenciada”.

Rosanna Costa comparte el hecho de que mientras no se entregue a la mujer una red de apoyo será difícil que aumente la participación de ella en el mundo laboral , que hoy se empina sólo sobre el 38%.

“Sin duda que hay un sector, el de menores ingresos, en el cual a la mujer le sale muy caro salir a trabajar”, afirma. Menciona el hecho que tenga que disponer de varias horas para cubrir el trayecto entre la casa y el trabajo o que las salas cunas tengan horarios no compatibles con ello. Suma a esto que la mujer “le tiene pánico” a dejar a sus hijos en estos establecimientos y prefiere recurrir a alguien más cercano, pero las ayudas estatales sólo se dan para lo primero.

-¿Qué se debe hacer ante esta realidad?
“Hay que solucionarles los problemas a las mujeres que quieren salir a trabajar, pero se debe tener una mirada respetuosa, es decir, tampoco hay que forzarla a salir. Hasta el momento no hay una respuesta empírica para determinar cuál es el componente de impedimento y cuál el de deseo que hace que la tasa de participación sea tan baja”.

¿Hay factores culturales? ¿El machismo?
“Un trabajo reciente de Dante Contreras indica que hay un componente cultural. Pero el machismo como respuesta a mí no me satisface, porque no creo que tengamos una cultura mucho más machista que el promedio de países de América Latina y donde la tasa de participación laboral es más alta.
“Faltan muchas más respuestas y creo que el tema ciudad o seguridad es mucho más importante. Hay políticas que podrían ayudar como contar con “colegios puertas abiertas”, que no es tener jornada completa, sino que dar la posibilidad de que los niños se queden ahí haciendo deporte o flexibilizar los horarios de las salas cunas”.

-Así las cosas, es difícil que la mujer salga a trabajar.
“El hombre, generalmente, por razones culturales o porque empezó a trabajar antes, tiene un rol de proveedor. Si la mujer puede ganar más que él, a lo mejor cambian de papeles; pero la realidad es que, en promedio, el sueldo de la mujer es más bajo, por lo tanto, es difícil que ocurra y si tiene que salir uno de los dos a trabajar, va a hacerlo el que gana más.
“El hogar toma una decisión pensando en cómo maximiza sus ingresos, más allá del acerbo cultural que implica reconocer que una mujer pueda ganar más que el hombre”.

-Se dice que la economía se beneficiaría si la mujer trabaja en mayor número. ¿En qué lo haría?
“Lo que se dice con eso es que hay una fuerza de trabajo, muy importante, que no está produciendo lo que se mide en las cuentas nacionales, y la verdad, es que esa es una mirada sesgada porque la mujer que se queda en la casa no está produciendo menos, está haciendo una producción que no se contabiliza en las cuentas nacionales.

-¿Tiene la mujer ventajas comparativas frente al hombre en algunas áreas de la economía?
“Se habla de diferencias bien marcadas; se dice que se enfocan mucho más en un tema, que tiene más sensibilidad y, por lo tanto, en promedio, derivan a áreas de servicio. Pero más allá del tema de la fisiología que diferencia al hombre de la mujer, creo que si ella decide voluntariamente salir a trabajar, el país como un todo gana como bienestar social, no como producto. Si la fuerzas, el país pierde y tenemos que acostumbrarnos a medir el bienestar. Las decisiones que toman los individuos libremente, aumentan el bienestar de la sociedad”.

-¿Cómo es esto?
“El mejor ejemplo es la norma que establece las empresas deben tener sala cuna si tienen 20 trabajadoras. En la práctica esto hace que se frene la contratación de mujeres y no superen las 19. Ésta es una barrera para que ellas tomen libremente sus decisiones y el Estado debería cumplir un rol corrector sobre los factores que se lo impiden”.

En este contexto, la economista hace su declaración de principio: “más que decir todas las mujeres a trabajar, soy mucho más partidaria de que ellas puedan, libremente, decidir si quieren hacerlo”.

“Si no sale a trabajar porque las puertas del colegio están cerradas o no tienen con quien dejar a sus hijos, entonces, como sociedad, debemos corregirlo. Ella no está pudiendo tomar bien sus decisiones”, agrega.

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