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“Sé lo que es estar allá abajo, no tener esperanza”

16 de Febrero de 2005 | 20:26 |
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Es antropóloga, pero su vida profesional se ve cruzada por la filosofía y la psicología, entre otras. Su comprensión del mundo ayuda a entender porque no se la puede encasillar en una sola actividad.

“Somos mucho más que antropólogos, psicólogos o periodistas. Somos almas encarnadas y eso es mucho más fuerte que la profesión. Yo no soy antropóloga; la antropología es una herramienta para mí, pero mi vida, todo lo que me ha pasado en la vida, ha sido otra herramienta”.

-¿Con que te identificas más?
“No me identificó con ser antropóloga, ni con ser mujer, ni con ser esto o lo otro. Soy un ser humano que está parada en la vida con una potencia cada vez mayor en relación a saber que aquí venimos a compartir, a aprender y a hacer de este mundo algo mejor. Para eso voy a tomar todas las herramientas que tenga y por lo tanto, no estoy ni ahí con quedarme en esta profesión o en esta categoría”.

-Para muchos tú eres como una psicóloga que les hace terapia.
“Sí, la psicología me encanta, como encanta la historia, la ciencia. Además, tengo una experiencia de vida que considero valiosísima, compleja y difícil, entonces sé lo que es estar allá abajo, no tener esperanza, sentir que no cabes en el mundo.
“Tengo la sensación de que uno parte en una profesión, pero se abre al mundo. La antropología me dio la gran mirada, no mirar el aquí y el ahora, sino que tres millones de años. Me voy dejando conducir por mi inquietud interior”.

-Hablas de espiritualidad milenaria ¿a qué apuntas?
“Yo trabajo con el sentido del vivir y una con una nueva definición de quienes somos. Si yo presto alguna ayuda, probablemente es porque les he cambiado el enfoque a su vida, porque les he dicho tú no eres este pequeño ser limitado por tu condición o porque la vida te obliga. No, tú eres espíritu vivo en la tierra, posesiónate de tu espíritu vivo en la tierra. Eso cambia totalmente la mirada de quién soy y el sentido de mi vida”.

En marzo próximo, Patricia May, junto a su esposo Sergio Saguez y cuatro socios más abrirán las puertas de un centro de ayuda bautizado “El árbol de la vida”. El ambicioso proyecto pretende convertirse en un lugar de encuentro para quienes andan detrás de una nueva filosofía de vida.

El centro –ubicado en Eliodoro Yáñez 2290, esquina Suecia, teléfono 092307791- va a dictar un taller anual de trabajo integral espiritual que contará de diferentes módulos como charlas, reflexiones y sesiones de armonía corporal. Además, se dará servicio de cafetería, yoga y meditación en la “sala de silencio”.

“Con “El árbol de la vida” pretendemos acompañar, acompasar, estimular el trabajo integral de las personas para que ellas se hagan cargo, sean conscientes de que son seres espirituales que deben vivir el aquí y el ahora y transformar el mundo”, explica.

-¿Las personas no encuentran respuesta en la razón?
“Creo que la razón es maravillosa, pero no basta. Eso es todo. La razón nos permite conversar, pero hay otras cosas. Somos seres corporales, emocionales, espirituales y todo eso, junto con la razón hace una cosa súper potente”.

-¿Tienen una mirada más hacia el Oriente?
“Sí, pero trabajamos mucho también con la ciencia occidental. Trabajamos con técnicas como la meditación que tienen su origen en Oriente, pero que tienen su exponente occidental. Además, no te olvides de la América indígena que tiene toda una fuente de contacto con el mundo”.