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Un fanático de la "U", el ajedrez y los caballos

22 de Marzo de 2005 | 09:51 |
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Hay un hecho que, según explica, marca parte de lo que ha sido su vida en el último tiempo. Una fuerte intoxicación durante la Cena Anual de la Minería a fines de 2002, lo tuvo 50 días hospitalizado, casi en riesgo de muerte. Una pancreatitis y otras complicaciones cambiaron su forma de ver la vida, de asignar prioridades y de evaluar sus éxitos y fracasos.

-¿Qué otra experiencia te ha marcado en la vida?
“Indudablemente me marcó mucho el paso por el Ministerio de Obras Públicas. Una de las experiencia mejores que he tenido en mi vida es haber sido subsecretario del MOP, durante casi 5 años”.

Su paso por la Cámara, como diputado por Santa Cruz los dos períodos comprendidos entre 1990 y 1998 es recordado por muchos. A pesar de su carácter “enojón”, según sus amigos más cercanos, todos hacen alabanzas de los asados que organiza en su parcela de Licanray, donde en las vacaciones hay un rotar y rotar de visitas. Ahí se da tiempo para sus caballos, aunque no se desconecta del celular.

-En el tiempo libre, ¿qué haces?
“Me gusta mucho jugar ajedrez; leer –básicamente leo temas de actualidad, más que lectura de libros-, devoro todo lo que encuentre de lo que está ocurriendo en Chile y en el mundo en general; me gusta la natación, y uno de mis hobbies es realizar paseos o cabalgatas, entretención que compartimos con Ximena.
“También dedico un tiempo muy importante de mi vida a actividades de servicio público, diría básicamente en los ámbitos gremial y político, a lo que me he dedicado desde muy joven.
“Fanático de la “U” (el equipo de la Universidad de Chile), trato de no dejar de ir al estadio”.

-¿Con quién vas?
“Con uno de mis hijos mayores, que es mi compañero habitual de estadio y un amigo médico. También trato de acompañar a mis hijos en sus inquietudes deportivas. Últimamente, además, he estado muy dedicado a hacer gimnasia”.

Cuesta sacarlo del tema político y aun más, de su paso por el MOP. Aunque reconoce que a lo largo de su vida ha tenido muchas frustraciones que han marcado momentos o etapas muy duras -no haber sido elegido diputado por Las Condes en 1997-, cree haberlas superado satisfactoriamente, pudiendo declararse hoy día “una persona bastante en paz, con una tranquilidad espiritual y personal, que es lo único que una persona puede aspirar a tener”.

No obstante, nos revela que, íntimamente, su peor frustración es “no haber podido seguir desempeñando mi rol de subsecretario, que es una tarea que me apasionaba y que consideraba estar en condiciones de cumplir satisfactoriamente. Cometí el error de enamorarme de ese trabajo, que es lo peor que le puede pasar a una persona, sobre todo cuando son tareas que tienen una determinada duración. Felizmente mantengo un vínculo muy estrecho producto de mi trabajo profesional”.

- Pero supongo que te planteas nuevos desafíos.
“Uno, que cada día adquiere más relevancia para mí, es poder acompañar de la mejor forma posible la vida de mi familia y particularmente la de mis hijos; compartir, como lo hemos podido hacer hasta hoy día, mi vida con Ximena, en pleno respeto a nuestras identidades e inquietudes personales”.

-¿Y en política?
“Un desafío por el que no me voy a cortar las venas, como se dice, pero por el que sí me estoy jugando, que es la opción senatorial en la Sexta Región”.

-¿Deseos no cumplidos?
“Muchos, pero muy simples y no necesariamente indispensables; como por ejemplo, sigo pensando que me habría encantado saber tocar bien un instrumento musical y haber podido cantar y eso no lo he logrado nunca bien en mi vida. El primero que se me viene a la cabeza es ése”.

-Mucha gente tiene ese tipo de deseo.
“Yo siempre lo he tenido y cada vez que veo a alguien que canta o toca muy bien, siento una sana envidia”.

-¿Vicio privado?
(Pone cara de confundido y lo piensa bastante rato) “En general, hay muchas cosas que me gusta hacer, pero, aunque parezca extraño el reafirmarlo en el contexto de esta entrevista, creo que lo más grato para mí, hoy, a estas alturas de mi vida, es poder compartir con Ximena y con mis hijos. Es algo que echo de menos, porque he estado en muchos momentos de mi vida, metido en tanta cosa, en tanta actividad, que siento ahí una deuda mía y estoy tratando de compensar el tiempo que me dediqué a otras cosas”.

-¿Eres celoso?
“Me autoliquidaría si fuera celoso. Con una mujer como Ximena y, además, sobre expuesta, ser celoso es mortal; pero no me lo planteo como una preocupación, para nada.
“Tenemos una sintonía distinta, súper rica, a cualquier hora del día, nos necesitamos. Por ejemplo yo tengo una actividad el viernes en la tarde en Colchagua y si no voy con ella, prefiero no ir, porque no me atrae”.

-Pero ahora que es intendenta no debe poder ir a ninguna parte.
“Claro, pero como es viernes, le pedí que hiciera un esfuerzo y me va a acompañar. Hay un apoyo mutuo que está siempre latente, siempre presente. Por ejemplo, te voy a contar algo, hoy en la mañana estuvimos conversando, porque uno de los niños tuvo problemas para quedarse dormido anoche y le dije, así se lo planteé derechamente: elige tú un día en que llegues más temprano y otro día yo, aunque sean dos días no más en la semana y veamos si otro día podemos arrancarnos a almorzar. Yo entiendo que estamos viviendo un período en nuestras vidas en el que sería muy poco justo que yo le exigiera a ella cumplir sola todos los roles, tenemos que compartirlos, estoy convencido de eso y de que ella tiene condiciones personales excepcionales y trato de “que no se la crea”, que toda esta cosa de la televisión y la primera plana no la obnubilen… eso se lo digo todos los días, sin dejar de valorar lo bien que lo hace”.

-Pero ella no ha perdido la sencillez.
“No, no, no, pero igual se lo digo”.

- Sé un poco indiscreto ¿Cómo lo hace Ximena para estar siempre tan regia y arreglada, aunque aparezca en TV a las 7 de la mañana?
“Es que es muy ordenada… Si yo fuera como ella, ¡no sé dónde estaría!”



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