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Catalizadoras de proyectos

14 de Octubre de 2005 | 15:36 |
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No lo saben y lo descubren en la marcha. Tienen cualidades especiales que las llevan a encabezar, catalizar todo tipo de proyectos, generalmente difíciles y masivos, y logran éxito en el cometido.

La explicación de ello está, obviamente en sus cualidades personales, pero, sobre todo, por esa visión femenina de enfrentar un proyecto sin poner delante el interés personal o el acceso al poder.

Mónica Jiménez, rectora de la Universidad Católica de Temuco, y Carmen Romero, productora cultural, intentaron dar luces sobre el camino que siguieron en sus ámbitos.

Las dos profesionales, invitadas por Comunidad Mujer a debatir sobre “de las ideas a la acción”, tienen extensos currículos que demuestran sus capacidades. Mónica Jiménez fue fundadora y directora de Participa, movimiento ciudadano que promovió la inscripción en los Registros Electorales para el plebiscito; Carmen Romero, periodista, ideó y produce hasta hoy el Festival Internacional de Teatro a Mil.

Mónica Jiménez reconoció que casi todos los proyectos que ha emprendido en la vida han estado instigados por personas cercanas a ella que le han hecho ver que tiene capacidades especiales para ello y que sólo, ya adulta, ha hecho consciente esas cualidades y ha aprendido a usar herramientas para conseguir sus objetivos. Entre ellas, reconocer que algunas cosas se pueden mejorar y otras no. “El carbón se puede convertir en oro, pero las piedras no”, explicó.

Para ella, ha sido determinante la forma cómo la mujer se relaciona con los criterios de éxito y poder. Aseguró que en las mujeres el poder no es lo que está de por medio, sino que el logro de un objetivo y mucho más el proceso, el camino para alcanzarlo.

“Por eso prima el equipo por sobre el lucimiento personal”
, dijo. E insistió que estas empresas logran mayor compromiso y adhesión.

A su juicio, el hombre va tras un objetivo personal, por el acceso al poder y por ello, no le importa el proceso ni si en el camino arrasa.

Carmen Romero complementó el concepto señalando que las mujeres se plantean objetivos solidarios, que involucran beneficios para todos. “A uno la mueve el fin último de sentir que se está haciendo algo por los demás, por cambiar el mundo”, sostuvo.

Agregó que como no es el poder lo que está en juego, la mujer puede compartir espacios y roles. “Los hombres son más ellos, son figura”, insistió.

Uno de los elementos que Jiménez rescató fue las motivaciones personales que la llevan a gestionar proyectos. Saber si está en el lugar en que debe estar o si lo que se presenta tiene sentido para su vida, es lo que la lleva a embarcarse.

“Siempre hay que preguntarse qué es lo importante, que es lo más urgente. A mí me mantiene viva hacer cosas que tengan sentido, no hacer gimnasia”, aseguró.

Enfrentadas a qué cualidades masculinas utilizan, Mónica Jiménez instó a ser vaso comunicante entre ambos sexos, a integrar. Explicó que muchas veces uno asume patrones masculinos como racionalizar recursos, pero postuló que los hombres aprendan que no da lo mismo la forma como se llega a la meta, que es importante el ambiente de trabajo que se construye.

¿Los costos personales de ser catalizadoras? Hartos, según ambas. Tratar de estar en todas y hacerlo todo bien, cuestión que declararon imposible.

Pero para Mónica, lo mayor fue descubrir madura que una madre por muy organizada y controladora de emergencias que sea, no puede jamás se reemplazada. Por lo mismo, recomendó establecer prioridades ya que el vínculo afectivo con los hijos se construye cuando ellos son pequeños, no después.