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“Él hace lo que quiere conmigo”

29 de Junio de 2005 | 13:50 |
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Nació en Santiago, pero el peregrinaje de su familia polaca la llevó a Rancagua muy pequeña. Ahí fue dejada interna, mientras el resto de la familia partía a probar suerte a Arica, la ciudad de la eterna primavera.

La situación, obviamente, no podía durar mucho si era perpetuo movimiento y por eso, sus padres, finalmente, debieron mandarla a buscar. Ella arrastró consigo a su pololo, Kike Cuesta, con quien se casó a los 17 años y tuvo sus dos hijos, hoy de 32 y 31 años, respectivamente.

Ese peregrinaje marcó su estilo de vida; sólo unos minutos de conversación la develan como una mujer poco complicada, muy alegre, natural y abierta, que gusta de viajar, conocer cosas nuevas y sobre todo, conversar. Tiene anécdotas e historias para contar por montones lo que reafirma su perfil de nómade.

Según ella, en su infancia y adolescencia debió haber vivido como en “30 casas”, pero lo cierto es que ya lleva cuatro locales de decoración sólo en Santiago y un sinnúmero de hogares en Vitacura, el barrio Santa Lucía, El Golf, Pocuro y el Parque Forestal, donde regresó hace pocas semanas. Su instinto es tan fuerte que se arrepintió de comprar un departamento, la primera propiedad en su vida, consiguió la devolución de la reserva y decidió seguir arrendando.

Los viajes también han sido una de sus pasiones; en Arica, para asegurarse los pasajes, fue agente de Iberia; La Serena y Zapallar la han tenido de vecina y visita a su hijo, que vive hace ocho años en España, con frecuencia.

“Yo sería hippie”, sentencia.

-Con todo lo que has hecho, ¿cuál es tu sueño?
“Vivir en la playa y trabajar en un restorán, atendiendo mesas, no cocinando. El mar para mí es vida”.

-¿Desde hace cuánto te sientes con total libertad?
“Desde hace mucho; cuando mi hija cumplió 21 años le dije tú puedes vivir sola, la dejé en el departamento y me fui a La Serena”.

La vorágine le da tiempo sólo para hacer natación y, contrario a lo que se puede pensar, las cosas esotéricas no le llaman para nada la atención y eso que ha hecho intentos. Aunque le gusta pintar, no le dedica tiempo porque “hay artistas mucho mejor que yo”.

-¿Qué te queda por hacer?
“Millones de cosas como vivir fuera de Chile a lo menos seis meses, pero no lo hago porque tengo a mis nietos acá (Noel y uno camino, de su hija)”.

Ser abuela la tiene chocha. Cuando hace 8 años nació la Matilde (su nieta española) reconoce que se impactó porque nadie le preguntó si quería cambiar de estatus, pero ahora se declara feliz en esta nueva condición.

Después de trece años de matrimonio, su nieto es el único hombre con derecho a instalarse en su casa y hacer demandas. “Él hace lo que quiere conmigo; es el amor de mi vida”, reconoce.

-Mirando en retrospectiva ¿te habrías casado tan joven?
“No, aunque he vivido lo que he querido -nada tan sofisticado tampoco- pienso que era muy chica. Debería haber estudiado, partiendo por eso, aunque lo odiaba y creo que me casé para no estar en el colegio”.

-A estas alturas ¿mejor casada, soltera o con pareja?
“Depende del momento. Creo que la vida en pareja es súper buena, en general, pero me gusta vivir sola, lo amo y me cuesta mucho hacerlo con otra persona, aunque lo he hecho. Me gusta llegar a mi casa sola, abrir la puerta y saber que no hay nadie, soy muy independiente”.

Lo piensa un poco más y agrega: “No sé, tendría que ser alguien muy especial, alguien que me aguante”.


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